Buscando Su dirección (VIDA DE ORACIÓN IX)

Lucas 6.12 Anexo

Lucas 6:12-16

“En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles: a Simón, a quien también llamó Pedro, a Andrés su hermano, Jacobo y Juan, Felipe y Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón llamado Zelote, Judas hermano de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor.”

 

Cuando estamos a punto de tomar decisiones importantes muchos optan por buscar a Dios para que les ayude a saber Su voluntad, mientras que otros oran para que bendiga lo que ellos ya han decidido hacer. ¿Cuál de estas opciones es la correcta? Por su puesto que la primera.

 

Jesucristo, siendo el Hijo de Dios, “pasó la noche orando” para recibir ayuda del Padre y así decidir exactamente lo que tenía que hacer (Lc 6:12). Estaba por escoger a los doce hombres que serían seleccionados para pasar el resto Su ministerio con Él. Lo que nos muestra en el pasaje, es que aparentemente eran más de doce los que les seguían, pues, “cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles” (Lc 6:13).

 

Dentro de esta elección especial estarían quienes cumplirían como apóstoles de la Iglesia. Pero en esta selección, se destaca el nombre de Judas Iscariote, quien como lo expresa el pasaje, “llegó a ser el traidor” (Lc 6:16). No hubo equivocación, dentro de la soberanía de Dios estaba contemplado que Judas haya sido elegido para que se llegase a cumplir las Escrituras, todo estaba dentro del Soberano Plan de Dios, y Jesús lo sabía (Jn 17:12; Hch 2:23). El Señor pasó tiempo en oración para buscar la guía de Dios y para entender Su voluntad plena.

 

Es importante recordar que nuestras mejores decisiones siempre se darán cuando con corazón sincero busquemos la guía de Dios. Nuestro Padre amoroso siempre estará dispuesto a ayudarnos para que podamos conocer Su voluntad, no importa cuán sencilla pueda ser nuestra inquietud (Sal 25:14, 15).

 

Cuando usted pide dirección a Dios, no les está pidiendo que le bendiga en lo que ha planeado, lo que hace es preguntar si lo que está deseando hacer es correcto, entonces Su respuesta es la bendición que necesitamos escuchar, sea esta “Sí” o “No”. La respuesta de Dios siempre será positiva, a nuestro favor, pues siempre tendrá el propósito de ayudarnos. Muchos podemos pensar que un “No” del Señor es algo malo, cuando es completamente bueno, pues viene con el cuidado del Señor, ya que está cuidando su futuro.

Lucas 6.12 Color

Aun en las cosas cotidianas de la vida, nuestra dependencia en la oración nos ayudará a tomar decisiones apropiadas, mucho más, cuando esas decisiones son importantes. Nunca menosprecie el tiempo que pase orando preguntado al Señor que hacer, pues Él siempre se dará tiempo, a Su tiempo, para responder lo que usted debe hacer.

 

Dios usará la Biblia y la oración principalmente para mostrarle lo que debe hacer, pero también puede usar las circunstancias y a otros creyentes piadosos para guiarle; pero siempre en ese orden. Debe tener fe para escucharlo, y confianza para seguirlo.

 

«Gracias Dios por ayudarnos a conocer Tu voluntad»

 

Salmos 25:14

“La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, Y a ellos hará conocer su pacto.»

Siempre o constantemente (VIDA DE ORACIÓN VIII)

1 Tesalonicenses 5.17 Anexo

1 Tesalonicenses 5:16-21

“Estad siempre gozosos. Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno.”

 

Así como el sol sale por el oriente, pero se mueve durante el día hasta ponerse hacia el occidente, así tiene la idea de “orar sin cesar”. La frase “sin cesar” viene de una sola palabra griega: “adialeiptos” (ἀδιαλείπτως, G89), que significa incesantemente. Como nos dice W. E. Vine, esta palabra tiene el concepto, “no de aquello que es ininterrumpido, sino de aquello que está teniendo lugar repetidas veces de una manera constante”.

 

Nuestro tiempo de oración debe ser algo habitual, algo que no debe ser omitido en ninguna ocasión. Para poder orar de esta forma, no nos basta con tener el deseo de hacerlo, sino de tener la disciplina de hacerlo, sin que nada nos interrumpa este hábito.

 

Perseverar y velar tiene la idea de caminar hacia que logremos esa vida de oración intensa (Col 4:2); pero el mantenerlo debe ser nuestra constante. Un hábito, para muchos, es una costumbre que se establece con un número repetido de veces. Para que un hábito sea establecido en una persona, se debe por lo menos repetir 21 veces seguidas, y sin interrupción.

 

Por ejemplo, si usted intenta iniciar una buena y sencilla costumbre, comience orando antes de cada comida para dar gracias por los alimentos, hágalo las dos o tres veces al día que se alimenta, y hágalo por 21 días, y verá que usted ha desarrollado esa oración de agradecimiento. La próxima vez que se siente a comer, se dará cuenta que ya es parte de usted, parte de su “menú” diario.

 

Así debe ser la oración en nuestro diario vivir. Muchos optan por orar en las mañanas, antes de iniciar sus labores diarias, otros optan por orar en la noche, antes de dormir. Lo importante, es dar ese tiempo a la oración todos los días.

 

En el hogar, cada uno de los miembros de la familia deben ayudarse y motivarse mutuamente para dar un tiempo, no solo como familia, sino individualmente. Papá, mamá e hijos, todos deberían por lo menos orar un momento juntos cada día, y no solo antes de comer, sino para interceder entre ellos; y después, cada uno debe habituarse con orar por sí solo.

1 Tesalonicenses 5.17 Color

El “orar sin cesar” está incluida en una lista de exhortaciones que Pablo daba a la iglesia en Tesalónica. Es por decirlo, un recordatorio de lo que se debe hacer en nuestra vida cristiana, y que vienen a continuación de las enseñanzas de una Vida que agrada a Dios (1 Ts 4:1-12) y de la Segunda Venida de Cristo (1 Ts 4:13 – 5:11). Estamos viviendo en días donde se escucha más violencia, mayor maldad, incremento de desastres naturales, y falso maestros; el tiempo de la Segunda Venida de Cristo está cada día más cerca por seguro, y que bueno sería que el Señor nos hallará orando, no solamente por nuestras vidas, sino por aquellos a nuestro alrededor que necesitan de Cristo.

 

“Orar sin cesar” debe ser parte de nuestro diario caminar cristiano hasta encontrarnos junto a nuestro Señor, sea que “durmamos” o que seamos “arrebatados”.

 

«Señor Jesús, Tu venida está cada día más cerca, ayúdanos a vivir aguardando piadosamente ese día»

 

Santiago 5:8

Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.”

Inclinándonos a Su voluntad (VIDA DE ORACIÓN VII)

Lucas 11.2 Anexo

Lucas 11:1-4

“Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.”

 

Desde muy pequeño me enseñaron a repetir la oración del “Padre Nuestro”, misma que Jesucristo dejó como modelo para nuestras oraciones a Dios. La enseñanza de como orar no es nueva, siempre ha habido una limitación en la capacidad del hombre a orar de acuerdo con lo que la Biblia nos enseña y que sea apropiadamente expresada a Dios (Ro 8:26). Uno de los discípulos, después de ver a Jesús orar, le pide que le enseñe, y fue ahí donde, otorgando una guía, nos da los diferentes puntos que deben ser mencionados en la oración: Reconocimiento, adoración, establecimiento, sometimiento, provisión, restitución, liberación, y nuevamente, adoración (Mt 6:9-13).

 

Como lo hemos repetido tan a menudo, estos puntos significativos de la oración llegan a pasar sin ser considerados apropiadamente, y uno de estos es el sometimiento.

 

Cuando oramos, a menudo somos nosotros quienes ponemos las peticiones y esperamos las respuestas. Pero la frase “Hágase tu voluntad” tiene un valor importantísimo en la oración que Jesús enseñó (Lc 11:2). Interesantemente la traducción Reina Valera 1960 tiene a esta frase traducida únicamente tres veces (Mt 6:10; 26:42; Lc 11:2), y estas son expresadas solo por Jesucristo: dos cuando enseñó a orar, y la otra, cuando estaba en el huerto orando antes de ir a la Cruz. El griego original utiliza también la misma combinación de palabras: “ginomai suo jó thelema”.

 

De las 9 veces que la palabra “ginomai” (γίνομαι, G1096) es traducida como hacer o hágase en los Evangelios, 7 veces están relacionadas con la voluntad de Dios, y cinco de ellas expresadas por el propio Jesús como sometimiento y anhelo: “Hágase tu voluntad” (Mt 6:10; 26:42; Lc 11:2); “es necesario que así se haga” (Mt 26:54); “pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22:42). De las otras dos ves, una es dicha por el ángel, cuando le anuncia a Zacarías del nacimiento de Juan el Bautista; y la otra por María, cuando acepta la anunciación del nacimiento de Jesús: “hasta el día que esto se haga” (Lc 1:20); “hágase conmigo conforme a tu palabra” (Lc 1:38).

Lucas 11.2 Color

La palabra hacer tiene la intencionalidad de expresar el deseo que algo se llegue cumplir, o que sea así. Cuando oramos diciendo “hágase tu voluntad”, estamos diciendo que existe en nosotros un sometimiento profundo a la voluntad de Dios, y un deseo o anhelo de que eso se cumpla en nuestras vidas.

 

Recordemos, cuando oremos, tenemos que venir con el propósito de buscar hacer la voluntad de Dios, y no la nuestra. “Hágase tu voluntad” no es una frase que el Señor Jesús nos dio solamente como patrón para nuestra oración, sino que, con su muerte, ejemplo de cómo vivirlo nos dejó.

 

«Padre, hágase en mí Tu voluntad. ¡Amén!»

 

Romanos 12:2

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.

Crecimiento en la dependencia (VIDA DE ORACIÓN VI)

Lucas 18.1 Anexo

Lucas 18:1-8

“También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?”

 

En nuestras pruebas o dificultades, y más ante injusticias, es posible que nos enfrentemos en contra, no solo del problema en sí, sino también de nuestro desánimo o falta de fe y oración. Muchas veces que estamos ante estos “adversarios” emocionales el deseo de tirar la toalla puede venir por el desaliento ocasionado por una espera prolongada, y es ahí donde la fe se pierde, y con ella, el deseo de orar.

 

Jesucristo, utilizando la parábola de la viuda y el juez injusto, nos ilustra las condiciones adversas en las que se encontraba una mujer, que, sufriendo injusticia de su adversario, clamaba incansablemente al injusto juez para que le resuelva el caso. El juez, para evitar la incomodidad de la situación, decide impartir justicia para detener la constante visita de la mujer (Lc 18:2-5).

 

En este relato, el Señor nos muestra tres aspectos importantes que pueden llegar a crecer en nuestra vida espiritual, y que, mediante la oración constante, se pueden desarrollar:

 

Dependencia a la oración: Ella sabía que, para que se resuelva el caso, tenía un solo recurso para acceder a lo requerido: pedir (orar).

 

Constancia o tenacidad para orar: La tenacidad es la fuerza que impulsa a continuar con empeño y sin desistir en algo que se quiere hacer o conseguir. La viuda no desistió hasta conseguir que se resuelva el caso.

 

Confianza o fe hacia Quien se dijere la oración: La viuda sabía que el juez, aunque injusto, podía resolver el caso. Al contrario de ese juez terrenal, nuestro Justo Dios hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche”. Él no tarda “en responderles”, sino que pronto “hará justicia” (Lc 18:6-8).

Lucas 18.1 Color

Muchas veces Dios puede utilizar la demora al responder nuestras peticiones con el propósito de ayudarnos a desarrollar estas tres áreas muy importantes. Cuando miremos la demora a una respuesta a nuestras oraciones, recordemos que Dios puede estar ayudándonos a crecer en nuestra vida de oración y en nuestra fe hacia Él.

 

«Gracias Padre por no responder siempre a nuestras oraciones inmediatamente, ello nos ayuda a crecer en nuestra vida de oración y nuestra dependencia en Ti»

 

Salmos 73:28

“Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien; He puesto en Jehová el Señor mi esperanza, Para contar todas tus obras.”

Invitación a la confianza (VIDA DE ORACIÓN V)

Mateo 7.7 Anexo

Mateo 7:7-11

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?

 

Cuando nos acercamos a nuestra entidad financiera a solicitar un grupo de cheques de nuestra cuenta bancaria, generalmente, si el banco tiene a disposición del cliente una serie de modelos de cheques, el usuario tiene la posibilidad de pedir el que más le guste. Sobre el cheque vendrá el número de la cuenta, la dirección del dueño de la cuenta, y otros detalles más. El solicitante, el cliente, tiene la seguridad que los cheques vendrán tal cual se solicitó. Se pide, se recibe, eso es dar confianza.

 

Jesucristo, cuando estaba hablando sobre la oración, utiliza tres actividades diferentes como ejemplo para invitarnos a confiar en Él: pedir, buscar, llamar (Mt 7:7). Estas acciones son activas. Una persona, para que puede recibir algo debe pedir, si no lo hace, no lo recibirá. De la misma manera, la búsqueda es el acto de ir en pos de algo hasta encontrarlo; y el llamar tiene el propósito de levantar una voz hasta que sea respondido.

 

Dios desea que nuestra oración sea convierta en un acto activo y no pasivo. Muchos creemos que al orar estamos perdiendo tiempo, cuando en la búsqueda de nuestras necesidades se trata. Preferimos ir directamente a conseguirlo sin tener que pasar tiempo “orando”. Nuestra fe ejercerá en nosotros la posibilidad de pasar primero por nuestro “banco espiritual” para pedir lo que necesitamos, y entonces sabremos que podremos recibirlo porque confiamos en el Dador de lo bueno (Mt 7:11).

Mateo 7.7 Color

Nehemías escuchó la difícil situación en la que se encontraba Jerusalén, y con corazón quebrantado, pasó 4 meses orando a Dios para que le ayude a hallar gracia ante el rey Artajerjes. Después de este tiempo pidiendo halló lo que necesitaba, y al levantar su voz, ésta fue escuchada por el rey (Neh 1:1 – 2:8). Muchos actualmente hubiéramos aconsejado a Nehemías de esta manera: “Mira Nehemías, el problema es grave en Jerusalén, ve y habla con tu jefe para que te de permiso de ir; si al final no te permite, entonces renuncia y ve, pues lo que quieres hacer no puede esperar”. ¿Cree usted que Nehemías hubiera conseguido todo lo que recibió esperando y orando?

 

Jesucristo, usando el ejemplo de un padre terrenal, nos recuerda que nuestro Padre Celestial puede darnos lo que necesitemos con pedirlo, esa es la confianza que desee que desarrollemos (Mt 7:9, 10). Pero, como lo aclaró el Señor, solo dará buenas cosas”. Dios responderá solamente con algo que nos conviene, lo que esté bajo Su voluntad, y que sabe que nos bendecirá; esas buenas cosas dará “a los que le pidan” (Mt 7:11).

 

«Gracias Padre por animarnos a confiar en Ti»

 

1 Juan 5:14

Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye.”

El privilegio de interceder (VIDA DE ORACIÓN IV)

Colosenses 4.3 Anexo

Colosenses 4:2-4

“Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias; orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar.”

 

Un hombre piadoso y temeroso de Dios vivía siempre preocupado por la vida de sus hijos. Ellos estaban constantemente en el corazón de este amoroso padre que diariamente se levantaba para interceder ante Dios por ellos. Su más grande temor era que sus hijos hayan pecado, por lo que buscaba a Dios para que los ayude a andar en Sus caminos. Este piadoso hombre se llamaba Job. (Job 1:4, 5)

 

¿Cuán profunda y seria es su preocupación por los suyos? Para los esposos, los padres, los hijos, los abuelos y familiares, su afecto natural es profundo, pues nuestra relación y convivir nos ha acercado íntimamente. De una manera distinta, pero también profunda, pueden estar nuestros amigos y la familia espiritual de la iglesia. A continuación, podrán estar los compañeros de trabajo y vecinos. Y ya después podemos ubicar en esa lista de prioridades a otras personas. Este orden natural de afecto determina mi grado de interés.

 

Existen varias formas para manifestar nuestro amor y aprecio hacia los demás, ya sean por palabras de afecto o por actos de aprecio. Pero existe un medio que muchas veces puede ser intangible y desconocido para quienes amamos, que va más allá de un afecto, y es una manifestación real de cuidado y preocupación que involucra nuestro amor hacia ellos y nuestra fe hacia Dios. Esta manifestación de amor es la oración de intercesión.

 

Cuando intercedemos por aquellos a nuestro alrededor, lo que hacemos es expresar nuestro deseo de su bienestar, pero también manifestamos nuestra dependencia y confianza en Dios. Así que nuestra oración se convierte en un acto de amor hacia los nuestros y de adoración hacia al Señor.

 

Podemos pedir por muchas cosas: como la salud, el trabajo, los estudios, protección en un viaje, relaciones personales, problemas que ellos enfrenten, etc. Pero el motivo más poderoso, y por el cual nunca debemos dejar de pedir, es por su bienestar espiritual.

Colosenses 4.3 Color

Iniciando por la salvación, no hay nada más valioso que podemos pedir al Padre. La eternidad junto a Dios de aquellos que están a nuestro lado debe ser nuestra prioridad principal. Sus vidas dependen de la obra de Dios en ellos y de las oportunidades que los nuestros tengan para que escuchen el mensaje, por esto Pablo nos exhorta a orar por los que llevan el evangelio para que los que no han escuchado tenga oportunidad de ser salvos (Col 4:3, 4).

 

Nuestra segunda petición debe ser su vida espiritual. En el ejemplo de Job, vemos que no oró por salud o los negocios de ellos, tampoco pidió por sus estudios o algo más; la preocupación de Job era la vida espiritual de sus hijos. El mayor anhelo de interceder por otros, después de su salvación, es orar por su caminar con Dios. Si ellos andan en una relación íntima con Dios, creciendo y cumpliendo Su voluntad, entonces todas las demás necesidades vendrán a ellos por añadidura (Mt 6:33). Está bien orar por otras cosas, pero debemos reubicar prioridades para interceder sabiamente, pues tendrá significado eterno. ¿Cuáles son las prioridades en su oración por aquellos a su alrededor?

 

El motivador más valioso de la intercesión es el corazón del intercesor.

 

«Gracias Padre por permitirme orar por otros»

 

Lucas 22:32

Pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos.” (Jesús)

Agradecimiento es adoración (VIDA DE ORACIÓN III)

Colosenses 4.2c Anexo

Colosenses 4:2, 3

“Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias; orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso.”

 

¿Alguna vez se ha sentado a orar y ha dedicado todo ese tiempo únicamente para darle gracias a Dios por todo lo que ha pasado, está pasando, y pasará en su vida?

 

Nuestro concepto general de oración es el tiempo que dedicamos ante Dios para «pedir algo». Hemos aprendido que nuestra forma de buscar el favor de Dios es por medio de las suplicas, las oraciones, las peticiones; lo cual sí es correcto. Pero la oración no tiene que ver únicamente con pedir, es mucho más.

 

La Biblia nos enseña que fueron los sacrificios y las oraciones con adoración y alabanza los actos por medio de los cuales se expresaba gratitud a Dios en el A.T. (Lv 7:11-15; Neh 11:17; Sal 100:4). Cuando se da acciones de gracias a Dios por medio de la oración pública, se debe hacerlo de manera clara para que los oyentes puedan responder con un “Amén” (1 Co 14:16). No olvidemos que un día estaremos presentes ante el trono de Dios en el cielo, y ahí daremos acciones de gracias junto con los ángeles a Dios y al Cordero (Ap 7:10-12).

 

Nuestro mayor motivo de agradecimiento a Dios debe ser la obra redentora de Su Hijo Jesucristo (1 Co 15:55-57). Sin Jesús no hubiera esperanza para el hombre, y es por medio del Hijo que llegamos a conocer la mayor expresión del amor de Dios hacia el pecador (Jn 3:16; Ro 5:8).

 

Al dar gracias a Dios por los alimentos, le estamos dando gracias por Su bondad, poder y provisión. Al dar gracias a Dios por la salvación, le estamos dando gracias por Su misericordia, gracia, justicia, bondad, santidad, poder y fidelidad. Al dar gracias a Dios por las pruebas, le estamos dando gracias por Su fortaleza, protección, consuelo, propósito, sabiduría, etc. Al dar gracias, estamos expresando nuestra adoración hacia Quién es Dios, Su ser y Sus atributos.

Colosenses 4.2c Color

En un tiempo actual, donde el sentimiento de “este es mi derecho” ha ganado espacio en una sociedad demandante, el agradecimiento está siendo desplazado por la errada ideología de “yo lo merezco y lo necesito”; es aquí donde nuestro reconocimiento de Dios y nuestra limitada humanidad debe recordarnos que todo lo que recibimos es algo que viene por misericordia y gracia, y que nada lo hemos ganado o merecido.

 

Si me permite, le animo a que este momento, por medio de la oración, le dé gracias a Dios por todo lo que Él es y hace en usted. Demos gracias por la vida, la familia, el hogar, el trabajo, el salario, los alimentos, la salud, los buenos y malos momentos, las tentaciones que permite y las pruebas que nos afligen, la lluvia y el sol, todos los beneficios espirituales que llegaron junto a la salvación, etc. Usted siempre encontrará muchas razones por las cuales orar agradecido.

 

«Dios, no habrá forma suficiente para expresar nuestra gratitud hacia Ti. Infinitas gracias por Quien eres y lo que haces en nosotros, Señor»

 

1 Tesalonicenses 5:18

Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.”

Sin cuidado… perdemos (VIDA DE ORACIÓN II)

Colosenses 4.2b Anexo

Colosenses 4:2-5

“Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias; orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso, para que lo manifieste como debo hablar. Andad sabiamente para con los de afuera, redimiendo el tiempo.”

 

Hubo varias razones que favorecieron el éxito de la incursión en el Día “D” por parte de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, y una de las que ayudó en gran manera fue la falta de cuidado de las líneas alemanas en el área de desembarco.

 

Por muchas razones, el ataque en las playas de Normandía, al norte de Francia, era la opción más obvia para hacerlo; pero existieron varios debates y coordinaciones dentro del comando alemán, a más de una táctica de engaño por parte de los aliados, que hicieron que la cúpula alemana decidiera concentrar sus tropas y defensas, no en el área más obvio de ataque, sino al norte de Normandía, en las playas entre Bélgica y Holanda. Esto favoreció en gran forma a los aliados, y por supuesto, resultaría a la larga, en la derrota de la Alemania Nazi.

 

La palabra velar significa literalmente estar alerta o despierto. Muchos de nosotros podemos ser negligentes ante nuestra vida de oración. Fácilmente podemos permitir que el sueño sea una excusa para no orar como deberíamos. Para que podamos entrar en una vida de ferviente oración, en algunos casos, tendremos que disciplinarnos para mantenernos en oración. Si es necesario, podríamos estar de pie literalmente, para que no sea el sueño un obstáculo.

 

En algunos casos, nuestro peor enemigo ante una vida de oración son las distracciones. Pablo utiliza la idea de orar y velar en y por la oración para evitar que otras cosas nos aparte de nuestro hábito de orar (Col 4:2, 5; Ef 6:18). A veces permitimos que muchas actividades nos alejen del tiempo para esta importante disciplina en nuestra vida de creyentes. No demos espacio a estar atareados sin ser productivos. Recordemos que la oración es un aliado importante en nuestro caminar con el Señor.

Colosenses 4.2b Color

También debemos estar en vigilancia a los posibles ataques que podemos tener del pecado. Muchos de nosotros tenemos una tendencia a la laxitud (relajarnos) o estar indiferentes ante los peligros en vez de estar vigilantes y expectantes. Jesucristo animó a sus discípulos a velar en oración ante las tentaciones, recordándoles que el espíritu puede estar muchas veces dispuesto al obedecimiento a Dios y Su voluntad, “pero la carne es débil” (Mt 26:41).

 

Así que, si deseamos tener una vida de oración, debemos velar en contra del sueño y las distracciones, y, ya en oración, debemos velar para que nuestros enemigos no nos tomen por sorpresa y nos destruyan.

 

«Señor, ayúdame a vivir en oración y a velar en contra de mis enemigos espirituales»

 

Mateo 26:38-39

“Entonces Jesús les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo. Yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando…”