Siempre tiene propósito

1 Crónicas 21.10 Anexo

1 Crónicas 21:7-12

“Asimismo esto desagradó a Dios, e hirió a Israel. Entonces dijo David a Dios: He pecado gravemente al hacer esto; te ruego que quites la iniquidad de tu siervo, porque he hecho muy locamente. Y habló Jehová a Gad, vidente de David, diciendo: Ve y habla a David, y dile: Así ha dicho Jehová: Tres cosas te propongo; escoge de ellas una que yo haga contigo. Y viniendo Gad a David, le dijo: Así ha dicho Jehová: Escoge para ti: o tres años de hambre, o por tres meses ser derrotado delante de tus enemigos con la espada de tus adversarios, o por tres días la espada de Jehová, esto es, la peste en la tierra, y que el ángel de Jehová haga destrucción en todos los términos de Israel. Mira, pues, qué responderé al que me ha enviado.”

 

Cuando Dios ha enviado Su Palabra siempre lo ha hecho con un propósito. No importa lo que el hombre piense o desee, el Señor usará Su Palabra para Sus planes eternos, y que muchas veces no tienen nada que ver con lo que el hombre espera, pero necesita.

 

La frase “así ha dicho” quiere decir que Dios ya ha ordenado o ha determinado alguna respuesta. Dios, como nos dice en Isaías, envía Su Palabra, y ésta “no volverá a” Él “vacía, sino que hará lo que” Él quiere, “y será prosperada en aquello” para lo que Él la ha enviado (Is 55:11).

 

Dios había enviado un mensaje a David por medio de Gad para mostrarle Su completo desacuerdo ante el pecado de Su siervo; este mensaje no llegaba con propósitos buenos para David, sino que, al contrario, llegaba con un mensaje de juicio y castigo ante el pecado.

 

Dios es Soberano, aún con Su Palabra. Cuando Dios ha enviado Su palabra por medio de los profetas, lo hizo para expresar exactamente lo que Él deseaba que el pueblo escuche. Muchas veces esos mensajes llegaban con instrucciones, otras con palabras de consuelo, de aliento, de esperanza; pero otras llegaban con juicio, castigo y expresiones de Su santidad. Actualmente Dios nos habla por medio de Su Palabra ya revelada (He 1:1, 2).

 

El Mensajero actual de Su voluntad es la Persona del Espíritu Santo (Jn 14:26). El mismo Autor de las Escrituras utilizará lo revelado para guiarnos a la verdad y para enseñarnos todas las cosas que Dios ya ha dicho. Dios nos revela Su voluntad por medio del Espíritu, ya que es el Espíritu quien conoce todo de Dios; entonces, el Espíritu toma la Biblia para acomodar “lo espiritual a lo espiritual” (1 Co 2:10-13).

 

Cuando nosotros leemos con detenimiento y predisposición la Palabra de Dios, lo que estamos haciendo es preparándonos para escuchar el mensaje que Dios nos quiere dar por medio de la Biblia. El hombre tiene el privilegio de tener la Palabra escrita de Dios para leer lo que nos quiere decir, y disponemos del Espíritu Santo como guía para ayudarnos a entender tal mensaje.

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Si bien, muchas veces el mensaje que Dios envía no es lo que realmente quisiéramos escuchar, es de prudentes poner atención, pues lo que el Señor nos quiere decir, viene con el consejo absoluto del Padre, y lo que nos ha dicho mediante la Biblia vendrá exactamente para lo que Él desea que sepamos.

 

¿Con cuánta atención y con qué frecuencia escucha usted a Dios a través de Su Palabra? La Biblia tiene Su rúbrica.

 

«Padre, gracias por hablarnos a través de la Biblia; ayúdanos a amarla, honrarla y obedecerla, pues viene con todo Tu soberano y buen consejo»

 

Salmos 1:1-3

Bienaventurado el varón que… en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche. Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará.”

Sintonizando a nuestro gusto

2 Timoteo 4.3 Anexo

2 Timoteo 4:1-4

“Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo; redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina. Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas.”

 

La radio es uno de los inventos que ha revolucionado las comunicaciones. Su invención se da a finales del siglo XIX. Este ingenioso invento ha otorgado la oportunidad a los oyentes la posibilidad de escuchar una gran cantidad de programas que varían desde de noticias, comentarios, ciencia, educación, y otros programas informativos, hasta toda clase de música y más.

 

Cada oyente tiene la posibilidad, mediante un simple botón, de acceder a la trasmisión de programas de su gusto y conveniencia. Tenemos a nuestra disposición una variedad de opciones, y podemos escuchar solamente lo que deseamos.

 

Pero muchos oyentes hacen lo mismo cuando se trata de la Palabra de Dios. Utilizamos nuestros oídos para escuchar lo que nos conviene, lo que va de acuerdo con nuestro corazón.

 

El corazón del hombre en general se va corrompiendo más y más cada día, el hombre se está convirtiendo en un ser amador de sí mismo y “de los deleites más que de Dios”, haciéndose aborrecedor “lo bueno” (2 Ti 3:1-4).

 

Aún, dentro de los creyentes, existen muchos que buscan selectivamente los predicadores o las enseñanzas que se acomoden a sus “propias concupiscencias”, apartando el oído “de la verdad” y volviéndose a los mitos, a los engaños, a las “fábulas”. Muchos ya no soportan o sufren “la sana doctrina” (2 Ti 4:3, 4). En el tiempo de Jeremías, Dios condenó al pueblo que quería escuchar solamente a los profetas que hablaban “mentira” (Jer 5:31).

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Muchas iglesias están llenas de personas que solamente quieren escuchar lo que les conviene, y buscan a esos predicadores que adulan sus oídos y llenan sus corazones de mensajes que apoyen su vida pecaminosa o que eviten confrontar con la verdad el pecado. Por eso, Pablo urge a Timoteo a que predique la Palabra de Dios, que redarguya, reprenda, y exhorte “con toda paciencia y doctrina”, porque la Escritura es útil para transformar al hombre (2 Ti 3:16 – 4:2).

 

Debemos hacer un análisis sincero ante Dios y mirar que clase de predicación nos gusta escuchar. No busquemos aquello que llene de “fábulas” nuestros oídos, si no, aquello que nos desafíe al cambio piadoso de nuestras vidas, que edifique nuestro ser con buena enseñanza y no con falsa doctrina. Cada uno tenemos la posibilidad de ‘sintonizar’ lo que deseamos, pero al final, será nuestra responsabilidad ante Dios analizar bien lo que escuchamos o predicamos de Su Palabra. ¿Qué ‘emisora espiritual’ estamos escuchando hoy?

 

«Señor, alinea mi oído a Tu Santa Palabra, y no me dejes ir en pos de mis concupiscencias»

 

Santiago 1:21

“Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas.”

Reconocimiento al Autor

Hechos 3.15 Anexo

Hechos 3:13-15

“El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad. Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida, y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.”

 

Constantemente existen festivales y ceremonias que están destinadas a brindar el reconocimiento a grandes autores, personas que con su talento o habilidad han llenado el arte de la pintura, escultura, literatura, música, etc., con obras fantásticas. A estos autores, el reconocimiento que se les ha otorgado ha sido a causa del impacto que sus obras han logrado.

 

Pero ninguno podrá alcanzar los niveles de impacto que Jesucristo ha hecho. La palabra griega “arquegos” (ἀρχηγός, G747) es de donde traducimos la palabra “Autor”. Esta palabra compuesta proviene de “arjé” (ἀρχή, G746), que significa inicio, principio, primero, mismo que tiene poder y dominio; y de “ágo” (ἄγω G71), que significa conducir, guiar, llevar. De aquí que “Autor” es aquel del cual inicia todo, quien tiene poder y dominio, y que conduce y guía, es el pionero o líder.

 

Jesucristo es el Autor “de la vida” (Hch 3:15). Todo lo que existe es por Él y para Él, pues es por Jesús por quien “fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra” (Col 1:16, 17). El “Verbo”, al ser Dios, creó todas las cosas, “y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”, porque en “él estaba la vida” (Jn 1:1-3), incluyendo nuestra vida.

 

Jesucristo es el Autor “de la salvación” (He 2:10). Dios tenía que proveer de un medio para salvar al hombre pecador. Para que eso de diera, tenía que castigar en una Persona el pecado del hombre, y así satisfacer Su ira (propiciación); pero tenía que otorgar justificación al hombre brindando el reconocimiento de justo, para lo cual, nos otorga la justicia del Señor (imputación). Nuestro castigo fue sobre Cristo, nuestro perdón es brindado, y Su justicia nos es otorgada.

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Jesucristo es el Autor “de la fe” (He 12:2). La vida de Jesús en la tierra nos brinda el perfecto ejemplo de lo que debe ser nuestra vida cristiana. Tenemos una gran nube de testigos que nos enseñaron cómo vivir para Dios (He 12:1), pero es Jesús el Autor y perfeccionador de nuestra manera de vivir a través de la fe; por eso nos exhorta la Biblia a fijar nuestros “ojos” en el pionero que lideró nuestro caminar, en Jesús.

 

Vivamos agradecidos con el Autor de nuestra vida y salvación, y hagámoslo siguiendo Su ejemplo, puestos nuestros ojos en Él.

 

«Gracias Jesús, Autor de Vida, Salvación y Fe»

 

1 Pedro 2:21

“Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas.”

Señor y Cristo

Hechos 2.36 Anexo

Hechos 2:29-36

“Varones hermanos, se os puede decir libremente del patriarca David, que murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta el día de hoy. Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono, viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción. A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Así que, exaltado por la diestra de Dios, y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, ha derramado esto que vosotros veis y oís. Porque David no subió a los cielos; pero él mismo dice: Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.”

 

Dentro de las monarquías humanas, el hijo de un rey, cuando nace es príncipe de hecho, y, por lo tanto, heredero de la corona. La coronación simplemente corrobora lo que ya de naturaleza es. Este ejemplo no podría compararse plenamente con Dios y Su Hijo, pues Jesús no nació, es eterno; pero nos otorga la idea de la verdad de la majestad de Jesús. Pedro predicó que Dios constituyó o corroboró que Su Hijo es “Señor y Cristo” por medio de Su muerte y resurrección (Hch 2:36).

 

La palabra “Señor” viene de la palabra griega “kurios” (κύριος, G2962). Esta palabra tiene el significado de alguien quien ejerce poder; es traducido también como “amo” en el N.T. (Lc 16:3, 5). Es un adjetivo que denota posesión de poder o autoridad. En la traducción de la Septuaginta la palabra “kurios” es utilizada para traducir al griego la palabra “Jehová” en el A.T.: “todo aquel que invocare el nombre de Jehová (“kurios”, Señor) será salvo” (Jl 2:32). El Señor del N.T. es el mismo Jehová del A.T. (Comp. Hch 2:21; Ro 10:13). El Señor Jesús es el dueño absoluto de todo, soberano y con plena autoridad.

 

La palabra “Cristo” viene de la transliteración de la palabra griega “cristos” (χριστός, G5547). Esta palabra hace referencia al Mesías, al Ungido. En el A.T. su utilización habla del papel del sumo sacerdote (Lv 4:3, 5, 16), del profeta de Dios (Sal 105:5), y del rey ungido (1 S 2:10). Por lo que habla de las funciones de Jesús como Sumo Sacerdote, como Profeta de Dios, y como Rey.

 

Todos en Jerusalén esperaban al Mesías, al Ungido, al Cristo; Quien vendría a reinar como el hijo prometido a David (Hch 2:30). Pedro nos recuerda que con la muerte y resurrección Dios confirmó todo lo que el A.T. hablaba de Jesús, y que ahora solamente se corroboraba, Su Deidad.

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Pedro hizo un llamado a todos los presentes a que reconozcan en sus vidas a Jesús como el “Señor” y el “Cristo”. Jesús es el Dios soberano, Quien con Su muerte cumplió Su papel de sacrificio presentado en la Cruz para interceder como Sacerdote por nuestros pecados (He 7:22-28), Quien vino como Profeta trayendo el mensaje de Dios (Lc 4:16-24), y Quien, siendo Rey, será reconocido por todos, cuando ante Su presencia toda rodilla se postre (Fil 2:9-11).

 

Es hora de doblar, no solamente nuestras rodillas, sino nuestra voluntad y nuestro corazón ante Jesús. Dios Padre lo confirmó, es nuestro deber reconocerlo. Para honrar a Jesús debemos reconocerlo como el Amo Soberano de lo que somos; como nuestro Cordero Salvador y Sumo Sacerdote; como el Profeta a quien escuchamos y obedecemos; y como Rey, ante quien solamente debemos postrarnos para adorar.

 

«Jesús, Tú eres Señor y Cristo»

 

Apocalipsis 19:16

“Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.”

NO a la Secularización

Romanos 1.25 Anexo

Romanos 1:18-25

Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa. Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles. Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.

 

La constante tendencia que existe del mundo es el de tartar de crear nuevas enseñanzas que vienen de una mente corrupta por el pecado y que motiva a buscar ideologías o creencias que se vayan adaptando a la conveniencia de ese pecado del hombre, alejándose cada vez más de Dios y de Su carácter absoluto.

 

El mundo, influenciado por el pecado y los engaños de Satanás, aparece con ideas de un dios acomodado al buen parecer del hombre, y no al que está presenten en la Biblia, la única fuente de verdad y práctica, de donde viene nuestra correcta ortodoxia o doctrina.

 

Dios, desde Su trono, vive airado en contra de la “impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad” (Ro 1:18). Es el hombre, quien, con sus razonamientos vanos y un corazón oscurecido por el pecado, sigue llenando su propia mente de ideas distorsionadas y acomodadas de un propio dios, pero no del Dios Altísimo (Ro 1:21, 22).

 

Estas enseñanzas que siguen apareciendo cada día tienen el propósito de adorar al mismo hombre y a todo lo creado, más que al mismo Creador (Ro 1:25). Ya no se habla de Dios y Su creación, sino que se habla de “la madre naturaleza”. Ya no se habla del plan de Dios de crear a un hombre y a una mujer para formar una familia (Gn 1:26, 27), sino que ahora se habla de la “ideología de género”. Ya no se habla de que es Cristo el Único camino al cielo y que solo a través de Él se otorga el acceso al Padre (Jn 14:6), sino que ahora se cree que todas las religiones con sus falsas enseñanzas pueden acercar al hombre hacia Dios.

 

En las iglesias ahora se enseña que usted puede obtenerlo todo de Dios, pues Él está prácticamente obligado a dar todo a “sus hijos”, haciendo que ya la adoración no sea hacia arriba, hacia Dios, sino que ahora se adora en forma horizontal y hacia uno mismo. Ya no hay adoración “Teocéntrica”, ahora es “antropocéntrica”.

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Es nuestro deber volver a la Biblia y estudiarla toda. Debemos predicar con el propósito de hablar de Dios, Su carácter y deidad; y no de exaltar al hombre, con su naturaleza caída y razonamientos vanos. Cuando hablemos de Dios, hablemos del Dios presente en toda Su Palabra, y no de un dios creado a nuestra imagen y semejanza pecaminosa.

 

Si realmente queremos adorar a Dios, debemos llegar a conocerlo tal cual Él es, entonces llegaremos adorarlo “en espíritu y en verdad” (Jn 4:24). Para iniciar ese camino, necesitamos llegar a conocer a Su Hijo, el Camino al Padre.

 

«Dios, quiero llegar a conocerte y adorarte tal cual Tú eres, ayúdame hacerlo a pesar de mi pecaminosa humanidad»

 

Deuteronomio 4:39

“Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que Jehová es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro.”

“Cautivo” de Su Palabra

2 Timoteo 3.14, 15 Anexo

2 Timoteo 3:14-17

“Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra.

 

Martín Lutero fue llevado ante la Dieta en Worms al ser acusado de herejía por su promulgación de las 95 tesis que se levantó en contra de la mala enseñanza de la iglesia romana (1521). Bajo un salvoconducto llegó a presentarse ante sus acusadores que le exigían que renuncie o reafirme su doctrina. Después de un fuerte juicio se le pide que dé su final decisión, a lo que el valiente reformador exclama: “Mi conciencia es prisionera de la PALABRA DE DIOS, y no puedo ni quiero revocar nada, reconociendo que no es seguro o correcto actuar contra la conciencia. ¡Que Dios me ayude!«

 

La Palabra de Dios transforma el pensamiento y el comportamiento del ser humano. Pablo, recordando a Timoteo, le pide que persista en lo que aprendió y se convenció, “las Sagradas Escrituras” (2 Ti 3:14, 15). Las Escrituras cambiarían el pensamiento de Timoteo, lo que influenciaría internamente su manera de vivir.

 

La Biblia es poderosa porque es “viva y eficaz”, capaz de penetrar “el alma y el espíritu” del hombre, llevándolo a discernir cuáles son sus “pensamientos” y las más profundas “intenciones del corazón” (He 4:12).

 

Para que las Santas Escrituras nos cambie, debemos persistir en Su aprendizaje; debemos someternos a Ella para que nos enseñe, nos redarguya, nos corrija, y nos instruya (2 Ti 3:16). La espada del Espíritu es una de nuestras armas espirituales (Ef 6:17), su necesidad en la vida de cada creyente es como la del pan que nos alimenta (Mt 4:4), nos hace sabios (Sal 119:98), nos guía y alumbra en nuestro caminar (Sal 119:105), y nos aleja del pecado (Sal 119:11).

 

El Espíritu Santo, autor de la misma (2 P 1:21), la utilizará para guiarnos a toda verdad (Jn 16:13), recordarnos lo que Dios ha dicho (Jn 14:26), y prepararnos “para toda buena obra” (2 Ti 3:17).

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Las Escrituras, junto al Espíritu Santo y la oración, tienen el poder de derribar argumentos falsos y altivos que se levantan en contra del “conocimiento de Dios”, y esto nos ayudará a llevar cautivo nuestros pensamientos “a la obediencia a Cristo” (2 Co 10:4, 5).

 

Martín Lutero estaba cautivo de la Palabra de Dios, por ello no pudo negar lo que Ella claramente le enseñó. Timoteo fue un gran instrumento de Dios porque se persuadió de Ella y persistió en la misma. Si nuestra conciencia estuviera cautiva por la Palabra de Dios, otro sería nuestro caminar.

 

«Padre, que Tu Palabra cautive y transforme mi vida»

 

Santiago 1:22

Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.”

Principios para el Líder XV – CORRECCIÓN

Josué 7:8-13

“¡Ay, Señor! ¿qué diré, ya que Israel ha vuelto la espalda delante de sus enemigos? Porque los cananeos y todos los moradores de la tierra oirán, y nos rodearán, y borrarán nuestro nombre de sobre la tierra; y entonces, ¿qué harás tú a tu grande nombre? Y Jehová dijo a Josué: Levántate; ¿por qué te postras así sobre tu rostro? Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres. Por esto los hijos de Israel no podrán hacer frente a sus enemigos, sino que delante de sus enemigos volverán la espalda, por cuanto han venido a ser anatema; ni estaré más con vosotros, si no destruyereis el anatema de en medio de vosotros. Levántate, santifica al pueblo, y di: Santificaos para mañana; porque Jehová el Dios de Israel dice así: Anatema hay en medio de ti, Israel; no podrás hacer frente a tus enemigos, hasta que hayáis quitado el anatema de en medio de vosotros.”

Una de las tareas más delicadas para un líder es la corrección o la disciplina, sea hacia él mismo o los suyos. El líder, al ser representante de Dios con autoridad, tiene la responsabilidad ante el Señor de hacer todo para representarlo, e implica manifestar su carácter en todas las áreas, incluyendo la santidad o moral de todos.

Josué había enviado un grupo de hombres a reconocer la ciudad de Hai para considerar la próxima etapa dentro de la conquista de Canaán. Cuando estos hombres regresaron, informaron que no sería necesario enviar mucha gente para la batalla, solo necesitarían de unos “dos mil o tres mil hombres” para tomar Hai, porque ellos eran “pocos” (Jos 7:2, 3). Pero Josué desconocía que Dios se había airado a causa del pecado de Acán (Jos 7:1), lo que trajo la derrota y preocupación de Josué y el pueblo (Jos 7:4-9). Josué oró preguntando a Dios que había pasado, y el Señor le respondió lo sucedido y lo que tenía que hacer: Santificar al pueblo.

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Moisés estaba en el Monte Sinaí cuando Israel pecó con el becerro de oro, Dios castigó al pueblo a causa de tal abominación, pero Moisés tenía que actuar para traer santidad (Éx 32). David pecó con Betsabé y Dios castigó con la muerte de su hijo, pero por falta de decisiones posteriores apropiadas de David, sus hijos pecaron y atentaron contra su autoridad como consecuencia de su falta de corrección (2 S 11 – 18).

Un líder no puede tomar ligeramente la moral propia y la de los suyos. Para que haya prosperidad en la familia, en el trabajo, en el ministerio, y en la iglesia, el líder debe aprender a tomar seriamente la responsabilidad que Dios le ha dado y actuar con el propósito de mantener la buena conducta de todos, bajo la guía del Señor (Jos 7:10, 11). La moral debe iniciar desde el líder, y es su responsabilidad tomar decisiones que aliente a todos a seguirla. Si llega el momento de corregir, este debe llegar con el propósito de santificar y restaurar.

«La lección que Dios estaba enseñando a Su pueblo era clara: el pecado profana todo el campamento, y cuando surge necesita ser totalmente erradicado» – W. MacDonald

Proverbios 10:17

“Camino a la vida es guardar la instrucción;
Pero quien desecha la reprensión
(corrección), yerra.

Josué 7.13 Anexo

Principios para el Líder XIV – PLANIFICADOR

Nehemías 2:11-16

“Llegué, pues, a Jerusalén, y después de estar allí tres días, me levanté de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y no declaré a hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalén; ni había cabalgadura conmigo, excepto la única en que yo cabalgaba. Y salí de noche por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragón y a la puerta del Muladar; y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas por el fuego. Pasé luego a la puerta de la Fuente, y al estanque del Rey; pero no había lugar por donde pasase la cabalgadura en que iba. Y subí de noche por el torrente y observé el muro, y di la vuelta y entré por la puerta del Valle, y me volví. Y no sabían los oficiales a dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había declarado yo a los judíos y sacerdotes, ni a los nobles y oficiales, ni a los demás que hacían la obra.”

Nehemías había llegado a Jerusalén para levantar los muros de Jerusalén. Los muros y las puertas habían sido destruidas por el ejército babilónico años atrás, y Dios había puesto en el corazón de Nehemías el poder reedificar las defensas de la ciudad.

Nehemías tenía el apoyo de Dios y del rey Artajerjes para llevar a cabo la tarea, pero ésta no podía ser desarrollada a cabalidad sin una estrategia. Para eso, él ya tenía los recursos que el imperio le proveería (Neh 2:8), pero tenía que evaluar las condiciones en las que estaban los muros y las puertas para poder planificar el trabajo hacer (Neh 2:11-16).

David no fue un exitoso guerrero solamente por su fuerza o destreza, sino por su dependencia a las estrategias de Dios (2 S 5:17-25). Cuando Gedeón salió contra los madianitas, Dios fue quién estructuró el plan de batalla y la cantidad de soldados se requerirían para la victoria, de 32.000 soldados disponibles fueron necesarios solamente 300 para enfrentar al enemigo (Jue 7). Un buen líder depende plenamente de Dios para poder encontrar las mejores estrategias que le ayuden a conseguir las metas deseadas (Pr 19:21; Stg 4:13-16).

Nehemías 2.13 Color

Jesucristo dijo que una persona sabia se “sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita” para acabar la tarea (Lc 14:28), pero debemos recordar que nuestra relación con Dios nos ayudará, por medio de la guía del Espíritu Santo, a desarrollar la tarea. Nuestra confianza en Dios nos permitirá mirar por fe lo que sólo Él puede ver.

Un líder tiene que ser un estratega para poder evaluar la tarea, calcular los recursos que tiene, considerar las prioridades, trazar un plan que le ayude cumplir con metas establecidas, y depender de Dios para todo eso y más.

«No se puede trazar un camino sin saber a dónde se va, ni se puede avanzar sin saber lo que necesitamos llevar»

Proverbios 16:9

“El corazón del hombre piensa su camino; mas Jehová endereza sus pasos.”

Nehemías 2.13 Anexo