Principios para el Líder XIII – PELIGRO DE LAS PASIONES

Jueces 15:20-16:6

“Y juzgó a Israel en los días de los filisteos veinte años. Fue Sansón a Gaza, y vio allí a una mujer ramera, y se llegó a ella. Y fue dicho a los de Gaza: Sansón ha venido acá. Y lo rodearon, y acecharon toda aquella noche a la puerta de la ciudad; y estuvieron callados toda aquella noche, diciendo: Hasta la luz de la mañana; entonces lo mataremos. Mas Sansón durmió hasta la medianoche; y a la medianoche se levantó, y tomando las puertas de la ciudad con sus dos pilares y su cerrojo, se las echó al hombro, y se fue y las subió a la cumbre del monte que está delante de Hebrón. Después de esto aconteció que se enamoró de una mujer en el valle de Sorec, la cual se llamaba Dalila. Y vinieron a ella los príncipes de los filisteos, y le dijeron: Engáñale e infórmate en qué consiste su gran fuerza, y cómo lo podríamos vencer, para que lo atemos y lo dominemos; y cada uno de nosotros te dará mil cien siclos de plata. Y Dalila dijo a Sansón: Yo te ruego que me declares en qué consiste tu gran fuerza, y cómo podrás ser atado para ser dominado.”

Una de las grandes debilidades en el liderazgo es la falta de control sobre las pasiones. Un gran líder puede ser derrotado fácilmente cuando sus pasiones son descubiertas y no hace nada para protegerse de ellas.

Sansón llevaba ya veinte años liderando al pueblo de Israel con la ayuda de Dios (Jue 15:20). Este nazareo había sido elegido por Dios para juzgar a los filisteos (Jue 14:4), pero siendo el hombre más fuerte del mundo tenía una gran debilidad que lo llevó a la destrucción.

La pasión por las mujeres llevó a Sansón a enfrentar grandes problemas. Fue traicionado por su suegro pagano (Jue 15:1-2); los enemigos utilizaron a las mujeres para destruirlo (Jue 14:15-17; 16:2, 5); el sucumbía fácilmente ante sus seducciones a pesar de las malévolas intenciones de ellas (Jue 16:10, 13, 15); su espíritu era afligido a medida que se entregaba más al pecado (Jue 16:16); entregó su compromiso con Dios por las lujurias (Jue 16:17); y perdió su poder e influencia, que venía de Dios, a causa de su constante enfriamiento espiritual (Jue 16:19, 20).

Jueces 16.6 Color

Abraham y David también cayeron en las pasiones sensuales (Gn 16; 2 S 11); Noé dejó que el vino lo llevara a la vergüenza (Gn 9:18-29); Lot se alejó de las bendiciones de Dios por la inicial codicia que lo condujo a horrores sexuales (Gn 13:8-13; 19:1-9). Todos somos expuestos a tentaciones, y si no cuidamos de nuestras pasiones, entonces ellas se encargarán de nosotros.

Un buen líder debe conocer sus debilidades, y con la ayuda de Dios debe cuidarse para vivir alejado de ellas. Recordemos que entre más cerca estemos de las tentaciones más fácilmente caeremos en los pecados. Bien le dijo Pablo a Timoteo que huya “también de las pasiones”, indicándole que ese enemigo debe estar lejos de él; pero también añadió que debería seguir junto a quienes con  corazón limpio invocan al Señor” (2 Ti 2:22). Timoteo debía rodearse de personas que lo exhorten, lo animen y le den la mano, para que juntos sigan a Dios. Un buen líder debe aprender a buscar relaciones que le edifiquen, no que le compliquen.

«Amedrento (atemorizo) mi propia naturaleza animal, y no la trato como mi amo sino como mi esclavo» – A. S. Way

1 Corintios 10:12

“Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.”

Jueces 16.6 Anexo

Un mundo que aborrece

Juan 15.18 Anexo

Juan 15:18, 19; 16:1-4

Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece. […] Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo. Os expulsarán de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí. Mas os he dicho estas cosas, para que cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho…”

 

“Al menos 43 personas perdieron la vida y más de 118 han resultado heridas en dos atentados suicidas al norte de Egipto. En un primer ataque […], en la ciudad de Tanta […], 27 fieles perdieron la vida y 77 resultaron heridos cuando participaban en una misa con motivo de la celebración del Domingo de Ramos. Poco después, otro atentado […], en la ciudad costera de Alejandría, causó la muerte a otras 16 personas y heridas a 41…” (Según el portal PÚBLICO – 9 de abril 2017)

 

Muestras de odio y persecución en contra de los cristianos se escucha constantemente en las noticias. Un mundo completamente cegado y rebelde trata de callar a todo costo el sonido de la luz y la verdad de Dios. ¿De dónde viene tanto odio?

 

Jesucristo utilizó la palabra griega miseo” (μισέω, G3407) para hablar de este sentimiento; esta palabra significa aborrecer, odiar, detestar. Esta palabra puede ser usada para connotar tres significados: (a) de sentimientos maliciosos e injustificables hacia otros; (b) de un sentimiento legítimo de aversión hacia lo que es malo; y (c) de la preferencia relativa de una cosa por encima de otra” (Vine, W. E.). Jesucristo indica claramente que el odio hacia Él es injustificado (Jn 15:25).

 

El mundo detesta a Dios (Jn 15:18), y aunque se piense que una religión falsa esté ayudando al seguidor a buscar al Dios de la Biblia, lo que hace es ayudarle a alejarse del Señor llevándolo a encontrar su propio dios. Los que persiguen al creyente creerán que lo están haciendo en el nombre de Dios, pero no es así, y lo hacen, porque no conocen al Padre ni la Hijo (Jn 16:1, 2), lo hacen porque en el fondo le aborrecen.

 

También su odio es hacia la Luz. La luz que brinda la Palabra de Dios les es ofensiva, esta fotofobia espiritual hace que se alejen en rebeldía “para que sus obras no sean reprendidas”, aman más “las tinieblas” porque sus obras son “malas” (Jn 3:19, 20).

 

Actualmente los principios bíblicos también están siendo odiados. En muchos países se ha prohibido hablar de Dios en forma pública, se ha quitado o prohibido la enseñanza bíblica en escuelas públicas, se está dando paso al homosexualismo y al aborto mediante leyes a favor. Todas estas, muestras de aborrecimiento a Dios y Su verdad.

Juan 15.18 Color

Pero esto no nos debe sorprender, Jesús ya nos lo había dicho (Jn 16:4); al contrario, tenemos un reto que enfrentar con valor:

-Debemos amar y perdonar a quienes nos persiguen a pesar de su odio.

-Debemos orar para que Dios obre en sus vidas y los traiga de las tinieblas a la luz.

-Debemos orar para que nos de valor para seguir siendo testigos mártires de Su verdad.

-Debemos orar para que personas con principios bíblicos tomen puestos de liderazgo nacional que detengan esta ola de “leyes anti bíblicas” que le mundo quiere imponer.

-Debemos orar para que Dios proteja a los misioneros que están predicando Su Evangelio en esos países de mayor persecución.

-Debemos orar por los creyentes que están bajo amenaza o persecución directa.

-Debemos orar para que en nuestras iglesias se siga predicando a Dios y Su Evangelio.

-Debemos orar para que Dios, en Su soberanía, nos ayude a seguir adelante con nuestra tarea hasta que Él venga y que todo resulte en favor de Su gloria.

 

A pesar del odio del mundo, seamos valientes y amorosos testigos del amor del Señor.

 

«Padre, ayúdanos a ser dignos testigos Tuyos»

 

Hechos 4:29

“Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra.”

Hablando a través de la herida

Proverbios 19.19 Anexo

Proverbios 19:11, 12 y 19

“La cordura del hombre detiene su furor, Y su honra es pasar por alto la ofensa.
Como rugido de cachorro de león es la ira del rey, Y su favor como el rocío sobre la hierba. […]
El de grande ira llevará la pena; Y si usa de violencias, añadirá nuevos males.”

 

Juan se había enamorado perdidamente de María, pero tenía miedo decirle algo. Antonio, un amigo de Juan, le dice sería bueno que escriba notas de amor hacia la amada María. Por meses Juan escribe cartas y poemas a su amada princesa, pero nunca llegó a tomar el valor de decirle personalmente. Un día, durante una fiesta, se atreve abrir su corazón y contarle todo lo que sentía, pero se entera en ese momento de la misma María que Antonio era su enamorado, pero que estaba molesta, porque en esa misma noche Antonio estaba en la misma fiesta con la prima de Juan.

 

Molesto Juan, espera que llegue el próximo día, se dirige a la casa de Antonio, llama a toda la familia de su amigo, y con toda ira y rencor por la traición, deja salir las peores palabras en contra de Antonio, no solamente afectando a Antonio, sino que causando gran dolor a su familia. Esto causó el fin de esa amistad, pero también dejó profundas huellas en las vidas de todos: Juan, Antonio, y la familia de Antonio.

 

Nunca hable a través de las heridas, porque puede herir a alguien; hable solo cuando haya sanado, entonces podrá restaurar y sanar a otros.

 

Nuestra tendencia hablar cuando estamos heridos puede ocasionar más daños que beneficios. Generalmente, cuando hablamos bajo la influencia del dolor o del enojo, nuestras palabras y la manera como nos expresamos puede ocasionar heridas a los que escuchan, y no solamente en las personas que causaron nuestras heridas, sino a terceros también.

 

Cómo cuando tenemos una herida en la piel, lo único que sale de ella cuando presionamos ahí es sangre y dolor. De la misma manera, cuando vayamos hablar aún con la herida del corazón abierta, lo único que saldrá será mal y sangre, dolor y pestilencia, infección y muerte desde nuestra alma.

Proverbios 19.19 Color

La ira del hombre es muy peligrosa (Jue 18:25; Pr 22:24, 25); y cuando no es controlada apropiadamente, manifiesta nuestra necedad (Ec 7:9), pudiendo incrementar el conflicto (Pr 15:1). Más la prudencia es muestra de sabiduría (Pr 17:27) y de control de carácter (Pr 16:32). El actuar bajo la influencia de las heridas nos puede exponer a mayores pérdidas (Pr 25:28).

 

Antes de hablar, asegúrese usted de estar tranquilo. Mire que no haya deseos de buscar venganza. Si siente iras todavía al hablar, asegúrese que no vaya a ofender, pues una persona herida puede herir a otros. Siempre hable cuando ya en su corazón haya perdonado al ofensor, si no, el rencor obrará por usted.

 

«Señor, ayúdame a controlar mi temperamento y a perdonar, antes que la ira mis acciones pueda controlar»

 

Salmos 37:8

“Deja la ira, y desecha el enojo; no te excites en manera alguna a hacer lo malo.”

Principios para el Líder XII – LÍDER DE FAMILIA

Josué 24:14, 15

Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová. Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.”

Un líder no puede ser un líder si en hogar no demuestra orden, y que cada uno en el hogar cumple sus funciones apropiadamente, ante Dios y los suyos.

Sea que la esposa trabaje en una empresa en un cargo relevante mientras que el esposo sea el mensajero de otra; sea que la mujer esté a cargo de un gran grupo de niños en la escuela dominical mientras que el esposo ayude con la limpieza de la iglesia cada semana; o sea que la esposa consiga un mejor sueldo que su esposo; tanto el marido como la mujer deben recordar que en casa él es el líder mientras que la esposa es la ayuda idónea.

En una sociedad, en la que los valores morales han sido desacreditados y los principios bíblicos considerados antiguos o inapropiados, el machismo y el feminismo se han levantado para destruir el primer gobierno social formado por Dios: El Matrimonio, y en él, teniendo al varón como líder con responsabilidad y a la mujer en sujeción reverencial.

Debemos entender que ambos seres han sido creados en igualdad ante los ojos de Dios, pero que cada uno cumple un rol dado por Dios para que, en medio de esas funciones, se lleve adelante y con cuidado al matrimonio y la familia (Ef 5:21-23; 6:1-4).

Así que, si la mujer puede llegar a estar en algún cargo de liderazgo, ya sea en lo laborar o en el servicio al Señor, deben ambos recordar que en casa el esposo sigue siendo el líder, indistintamente de sus responsabilidades fuera de ella. Así también, el esposo debe recordar que, para poder liderar apropiadamente en casa, él también se encuentra en sujeción ante Dios, y es a Él a quien debe dar cuenta de su vida y de su familia (1 Co 11:3).

Ambos, varón y mujer, deben trabajar mutuamente en el marco de ese mismo contexto de liderazgo y sumisión, para conseguir metas que favorezcan a la familia. Si la familia tiene problemas de liderazgo, ya sea que el hombre actúe irresponsablemente, o que la mujer no se someta en casa, entonces se puede dudar de la capacidad de liderar (1 Ti 3:4, 5, 12; Tit 1:6).

Josué 24.15 Color

El esposo debe cuidar del bien físico, emocional, y sobre todo espiritual de la familia. La mujer debe trabajar junto al esposo para que eso se lleve a cabo. Un hogar, donde el caos y la falta de sumisión a Dios y entre sus miembros no existe, deja mucho de desear del liderazgo de la persona, sea el hombre o la mujer. El buen ejemplo debe iniciar desde la casa.

Josué, era el líder espiritual y de gobierno de Israel, pero era el líder espiritual en casa también. Cuando la conquista de la tierra prometida se había logrado, llama a todo el pueblo a recordar Quién les había dado lo que ahora tenían bajo su dominio, pero también ante Quién únicamente se deben postrar para adorar (Jos 24:1-28). Su llamado fue un compromiso que nacía en casa, pero que se reflejaba en la nación.

«La meta para todos los cristianos debiera ser tener un hogar bien ordenado» – Gene A. Getz

Josué 24:31

Y sirvió Israel a Jehová todo el tiempo de Josué…”

Josué 24.15 Anexo

Principios para el Líder XI – AUTODISCIPLINA

1 Corintios 9:24-27

“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible. Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como quien golpea el aire, sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.

“Un líder es una persona que ha aprendido a obedecer una disciplina impuesta desde afuera, y que luego ha adoptado una disciplina más rigurosa desde adentro. Los que se rebelan contra la autoridad y desdeñan la autodisciplina -que rehuyen los rigores y se alejan de los sacrificios- no califican para el liderazgo.” (J. Oswald SandersLiderazgo Espiritual)

Un líder que no está dispuesto a pagar un alto precio no es un líder que puede dar ejemplo; no podrá desafiar a otros a dar más; y menos podrá trazar la ruta para alcanzarlo, porque no la conoce personalmente.

Pablo, utilizando el ejemplo del atleta, dice que el atleta debe correr de tal manera que pueda conseguir el premio, pero para ello debe abstenerse de “todo” (1 Co 9:24, 25). Siendo heraldo (ejemplo), Pablo (como líder), no quiere correr el riesgo de “ser eliminado” (1 Co 9:27).

Hay dos áreas muy importantes que el líder debe trabajar para hallar disciplina: la física y la espiritual. Debe ser una persona físicamente activa y de buena salud para que le permita desarrollar sus labores con prontitud y a tiempo. Pero el área espiritual es más importante, pues ésta mantendrá al líder en santidad y en buena comunicación con Dios (1 Ti 4:8).

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Por otro lado, deberá aprender a discernir que actividades pueden ser favorables y cuales tal vez tenga que desechar, para mantenerse enfocado en tiempo, en alma y en espíritu. Para saber qué actividades pueden ser beneficiosas, podemos evaluar ciertos principios:

-Mantener actividades que le sean lícitas, permitidas. Nada que vaya en contra de Dios y Su santidad (1 Co 6:12).

-Mantener actividades que le convengan, provechosas, beneficiosas. Si es algo que le quite o reste, pues ya no conviene (1 Co 6:12).

-Mantener cosas que le edifiquen, acumule, construya. Buscar actividades que vayan a edificar nuestra vida personal y espiritual (1 Co 10:23)

-Mantener cosas que glorifiquen a Dios. Nuestra meta sublime será glorificar a nuestro Señor en todo (1 Co 10:31).

El líder debe estar dispuesto a pagar el precio de las limitaciones, para que su vida se vaya forjando en la disciplina que lo transformará y traerá beneficios a otros. Para ser ejemplo requiere ir primero; para ir primero requiere “correr, pelear, golpear su cuerpo, y ponerlo en servidumbre” (1 Co 9:26, 27).

«Antes que podamos conquistar el mundo, debemos conquistar el ego (nosotros mismos)»J. Oswald Sanders

Tito 1:7, 8

“Porque es necesario que el obispo sea… dueño de sí mismo(disciplinado).” -paréntesis añadido.

1 Corintios 9.24, 25 Anexo

Principios para el Líder X – HUMILDAD

Daniel 4:24-31

“Esta es la interpretación, oh rey, y la sentencia del Altísimo, que ha venido sobre mi señor el rey: Que te echarán de entre los hombres, y con las bestias del campo será tu morada, y con hierba del campo te apacentarán como a los bueyes, y con el rocío del cielo serás bañado; y siete tiempos pasarán sobre ti, hasta que conozcas que el Altísimo tiene dominio en el reino de los hombres, y que lo da a quien él quiere. Y en cuanto a la orden de dejar en la tierra la cepa de las raíces del mismo árbol, significa que tu reino te quedará firme, luego que reconozcas que el cielo gobierna. Por tanto, oh rey, acepta mi consejo: tus pecados redime con justicia, y tus iniquidades haciendo misericordias para con los oprimidos, pues tal vez será eso una prolongación de tu tranquilidad. Todo esto vino sobre el rey Nabucodonosor. Al cabo de doce meses, paseando en el palacio real de Babilonia, habló el rey y dijo: ¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad? Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando vino una voz del cielo: A ti se te dice, rey Nabucodonosor: El reino ha sido quitado de ti.

La humildad, según S. Ventura, es “aquella actitud que reconoce el propio lugar bajo la condición de criatura de Dios, opuesta a la presunción, afectación u orgullo.” Añade que “la persona humilde reconoce su dependencia de Dios, no busca el dominio sobre sus semejantes, sino que aprende a darles valor por encima de sí mismo.” (Comp. Fil 2:3)

El líder piadoso y humilde reconocerá que Dios es Quién ha permitido que llegue a ese lugar. Nada de lo que pasa en la tierra está fuera del filtro de la voluntad de Dios, pues el Altísimo” es soberano, Él tiene el dominio en el reino de los hombres, y lo da a quien él quiere(Dn 4:32). No importa si es un rey o un líder pagano, o si es un pastor o un líder creyente en una empresa exitosa, el olvidarse de Quien reina y de Quien viene toda bendición y posición es un grave error.

Daniel 4.17 Color

Nabucodonosor había llegado a conquistar un gran imperio, pero su corazón se había llenado de orgullo, creyó que todo lo que había conseguido era resultado de su propio esfuerzo y poder, y no consideró en nada lo que Dios le había permitido y otorgado. Recibe una visión que venía con la advertencia del juicio de Dios (Dn 4:10-18). Daniel le explica el significado de la visión, pero también le da una última advertencia llamándolo al arrepentimiento y a su humillación ante Dios (Dn 4:27). Lamentablemente el rey no escuchó y a los doce meses el castigo llegó (Dn 4:28-31).

Dios requiere de líderes humildes, aquellos que lo reconocen y ante Quien se humillan para buscar guía y ayuda; entienden que del Señor viene toda autoridad y que lo que han recibido es por Su gracia y misericordia. Si un líder no se humilla ante Dios, entonces Él lo humillará (Sal 147:6).

«Ante la grandeza y santidad de Dios lo que corresponde al ser humano es adoptar una actitud de rechazo a toda pretensión u orgullo, inclinándose ante él en pleno acatamiento de su voluntad» Lockward, A.

Daniel 4:37

“Ahora yo Nabucodonosor alabo, engrandezco y glorifico al Rey del cielo, porque todas sus obras son verdaderas, y sus caminos justos; y él puede humillar a los que andan con soberbia.”

Daniel 4.17 Anexo

Principios para el Líder IX – CORRECCIÓN EQUILIBRADA

1 Samuel 2:27-31

“Y vino un varón de Dios a Elí, y le dijo: Así ha dicho Jehová: ¿No me manifesté yo claramente a la casa de tu padre, cuando estaban en Egipto en casa de Faraón? Y yo le escogí por mi sacerdote entre todas las tribus de Israel, para que ofreciese sobre mi altar, y quemase incienso, y llevase efod delante de mí; y di a la casa de tu padre todas las ofrendas de los hijos de Israel. ¿Por qué habéis hollado mis sacrificios y mis ofrendas, que yo mandé ofrecer en el tabernáculo; y has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel? Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; mas ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco. He aquí, vienen días en que cortaré tu brazo y el brazo de la casa de tu padre, de modo que no haya anciano en tu casa.”

La necesidad de un líder que sepa poner “los puntos sobre las íes” de una manera equilibrada e imparcial es muy importante. La corrección ante la falta de disciplina y la manera como se imparte esa corrección pueden ayudar mucho al líder al desarrollo apropiado de las labores y el buen comportamiento.

Un buen líder debe aprender a ser imparcial en su trato con todos los suyos, no es conveniente que sea complaciente con unos e intolerante con otros. La clave será la constancia. La posibilidad de perder el equilibrio de juicio es bastante grande, además.

Para Elí, el comportamiento inadecuado de sus hijos fue la muestra de un hombre complaciente. Sus hijos estaban abusando de su posición como sacerdotes tomando desmedidamente de las ofrendas que traían para el Señor, pero también estaban viviendo una vida de libertinaje (1 S 2:12-17, 22-25). La corrección de Elí fue muy liviana y tardía, no les había hablado de Dios (1 S 2:12), lo que trajo el juicio del Señor.

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La intolerancia es el lado opuesto de la complacencia. La tiranía y la ira se observa mucho en aquellos que, deseando mantener la disciplina, imparte juicio de una manera dura. La corrección debe ser hecha con amor y verdad, clara y constantemente, sin preferencias ni discriminaciones, pero como nos dice Pablo, considerándonos a nosotros mismos, eso quiere decir, que debemos tratar con esa persona como si nosotros fuéramos quienes cometiéramos la falta y como nos gustarían que nos corrijan para hacer lo correcto. Pablo utiliza para ello la palabra “mansedumbre”. (Gá 6:1)

Para lograr una buena conducta general se debe comunicar con claridad los requerimientos, y corregirlos cuando sea necesario. Debemos ser ejemplo para quienes nos siguen de seguir esas normas, pero debemos ser constantes en mantenerlas. Tengamos cuidado en no caer en la complacencia o la intolerancia, menos en la parcialidad por afinidad; esto ayudará para que todos tengan ese sentido de trato justo. Busque maneras creativas de promover siempre la buena conducta y logrará resultados positivos.

«Instruir, motivar, mantener, y corregir son las claves de una buena conducta colectiva»

Gálatas 6:1

“… si alguno fuere sorprendido en alguna falta… restauradle (CORRÍGELO) con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo.”

1 Samuel 2.29 Anexo

Principios para el Líder VIII – COMUNIÓN, VISIÓN, FE

Josué 1:10-11, 16-18

“Y Josué mandó a los oficiales del pueblo, diciendo: Pasad por en medio del campamento y mandad al pueblo, diciendo: Preparaos comida, porque dentro de tres días pasaréis el Jordán para entrar a poseer la tierra que Jehová vuestro Dios os da en posesión. […] Entonces respondieron a Josué, diciendo: Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adondequiera que nos mandes. De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti; solamente que Jehová tu Dios esté contigo, como estuvo con Moisés. Cualquiera que fuere rebelde a tu mandamiento, y no obedeciere a tus palabras en todas las cosas que le mandes, que muera; solamente que te esfuerces y seas valiente.”

El pueblo estaba listo para reiniciar la conquista de la Tierra Prometida, atrás quedaban esos cuarenta años en los cuales deambularon por el desierto a causa de su rebelión; no habían confiado en Dios para la conquista de Canaán la primera vez y por ello fueron castigados (Nm 13, 14). Moisés había muerto y ahora le tocaba a Josué tomar el liderazgo de Israel (Jos 1:1-6).

Josué, junto a Caleb, fueron los únicos sobrevivientes de esa fatal decisión que los llevó a caminar por el desierto por tan largo tiempo. Ellos no habían estado de acuerdo con los otros diez espías que dudaron de la guía de Dios para tomar la tierra que les pertenecía por providencia divida. Ahora Josué estaba a cargo del grupo y el pueblo aprendió la lección de una manera dolorosa.

Pero para Josué y el pueblo seguía siendo un reto de fe. Ellos tenían que confiar en Dios para la conquista. Dios se acercó a Su siervo y lo alienta con palabras que le dejaban saber las promesas de Su providencia, Su presencia, Su cuidado, Su guía, Su victoria (Jos 1:2-9). Ello lo alentó a Josué para que inmediatamente llamara a los “oficiales del pueblo” para que preparen todo para cruzar el Jordán, su primera prueba de confianza (Jos 1:10-11).

El pueblo responde el pedido de su líder con una demanda apropiada que les ayudaría a confiar en Josué, ellos le dicen que harán todo lo que les mande, solamente querían estar seguros de que Dios estaría con él en todo. ¿Qué implicaba esta demanda? El pueblo quería estar seguro que Dios sería quien le daría instrucciones de qué y cómo hacer durante la conquista; implicaría que el líder para ello necesitaría estar en íntima comunión con Dios; e implicaría que las instrucciones serían seguidas por ellos a medida que Josué obtenía la visión de Dios tal cual era dada para seguir bajo el cuidado de Dios. Josué requería de comunión, visión y fe. Debía escuchar, debía entender, debía confiar la guía de Dios.

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Un buen líder requiere de Dios para saber que decisiones tomar. Para lograrlo debe aprender a estar en comunión con Dios diariamente, pues solamente así escuchará la guía del Señor. Es en esa íntima relación es en donde Dios guía a su hijo para que pueda tomar las decisiones correctas. Pero también en esa personal comunión es en donde el hijo de Dios llega a desarrollar la fe que le ayudará a confiar en la guía de Dios.

¿Quiere saber que hacer en su puesto de liderazgo? Usted será de bendición para los suyos cuando aprenda a vivir en íntima dependencia y confianza junto a Quién le ha encomendado tal tarea.

«Tomar decisiones sin consular a Dios es tu peor decisión» – Anónimo

Proverbios 11:14

“Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo…”

Josué 1.17 Anexo