¿Cuánta luz hay en su vida hoy?

Proverbios 4.18 Anexo

Proverbios 4:10-19

“Oye, hijo mío, y recibe mis razones, Y se te multiplicarán años de vida.
Por el camino de la sabiduría te he encaminado, Y por veredas derechas te he hecho andar.
Cuando anduvieres, no se estrecharán tus pasos, Y si corrieres, no tropezarás.
Retén el consejo, no lo dejes; Guárdalo, porque eso es tu vida.
No entres por la vereda de los impíos, Ni vayas por el camino de los malos.
Déjala, no pases por ella; Apártate de ella, pasa.
Porque no duermen ellos si no han hecho mal, Y pierden el sueño si no han hecho caer a alguno.
Porque comen pan de maldad, y beben vino de robos;
Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora, Que va en aumento hasta que el día es perfecto.
El camino de los impíos es como la oscuridad; No saben en qué tropiezan.”

 

Si alguna vez a salido de caminata durante la madrugada de un nuevo día, sabrá que la luz provista por el sol no ha llegado a nuestro camino, por lo que nuestra capacidad de mirar nuestra senda es muy limitada, y aunque dispongamos de una lámpara o linterna, la iluminación es corta. Pero a medida que va saliendo el sol, los rayos de la aurora van dando una nueva perspectiva al camino, y ya no es el camino solamente el que se ilumina, sino el contorno. Ahora podemos ver más claramente los arbustos y árboles a nuestro alrededor. Los animales comienzan aparecer ante nuestros ojos. Nuestro caminar es más seguro, pues nuestros pasos no tropiezan fácilmente con los obstáculos que antes estaban ocultos por la oscuridad. De la misma manera es nuestro caminar con Dios.

 

Los que caminan en la oscuridad del pecado no se dan cuenta en donde tropiezan, puesto que para ellos no es visible su obstáculo. Su discernimiento espiritual está limitado por la falta de la luz de Dios en sus vidas. Ellos no pueden ver los peligros que se esconden a sus pasos, y las frecuentes caídas son el resultado de su falta de luz en su caminar. (Pr 4:19; Jn 11:10; 12:35)

Proverbios 4.18 Color

Para aquellos que buscan y siguen a Dios, su discernimiento va en aumento. Así como la luz de la aurora va alejando las tinieblas de la noche hasta que el sol resplandeciente del mediodía da vida y visión de todo el entorno y de los peligros; el creyente, a medida que va creciendo espiritualmente, es iluminado por la Palabra de Dios (Sal 119:105), y se aleja del pecado, va obteniendo un discernimiento más amplio de los peligros. Mira aún los pequeños obstáculos de la vida y se aleja de ellos con facilidad, pues su capacidad de mirar es mejor. (Pr 4:18)

 

Mientras más cerca estemos de la luz de Dios más lejos estaremos de la oscuridad del pecado. Mientras mayor sea la luz en nuestra vida menores las posibilidades de caer. ¿Cuánta luz hay en su vida hoy? Si quiere caminar en luz, lo mejor que puede hacer es seguir a Jesús; y si le sigue, “no andará en tinieblas” (Jn 8:12).

 

«Señor, solo junto a Ti hallo luz para mi camino»

 

Efesios 5:13

“Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo.”

¿Ha considerado las misericordias de Dios?

Romanos 12.1 Anexo

Romanos 12:1

Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios.”

 

Sí, la voluntad de Dios es que presentemos nuestras vidas, dejando todo ante Él, a manera de un sacrificio de muerte: muerte a nuestros pecados, muerte a nuestros sueños, muerte al mundo. Solamente así podremos agradar a Dios a medida que somos transformados por medio de un cambio de mente y actitud hacia la vida que nos ayudará a mirar desde una perspectiva diferente la voluntad de Dios que es “buena”, “agradable y perfecta”. Pero para que esta idea descabellada para el mundo tenga sentido en nosotros debemos mirar hacia las “misericordias de Dios”. (Ro 12:1, 2)

 

Pablo, en su magistral carta enviada a los hermanos en Roma, nos introduce durante los primeros 11 capítulos a una serie de verdades doctrinales fundamentales que son pilares de nuestra fe. Estas verdades son el resultado de la inmensa misericordia del Señor que obra en favor nuestro.

 

Somos salvos por medio del evangelio que había sido prometido por los profetas a lo largo de “las santas Escrituras” (1:1, 2). Es por medio del evangelio que la “justicia de Dios” nos es revelada “por fe y para fe”, ya que una persona es declarada justa y “vivirá” eternamente por medio de la “fe” (1:17).

 

El hombre es culpable de pecado, por eso “la ira de Dios” se manifiesta desde el mismo cielo (1:18), ya que nuestro pecado nos aleja de Él por decisión propia al no “tener en cuenta a Dios”, por tanto, el Señor nos había dejado a nuestro propio deseo pecaminoso, haciéndonos nosotros mismos “dignos de muerte” (1:28-32). Somos “inexcusables” ante el verdadero “juicio de Dios” (2:1, 2), por nuestro corazón duro y no arrepentido (2:5). Nadie es “justo” ante Dios, “ni siquiera uno” (3:10-12), por lo que estábamos “destituidos” de Su gloria (3:23), y nuestra “paga” era la “muerte” eterna (6:23).

 

Pero la justicia de Dios fue “testificada por la ley y por los profetas” y otorgada por medio “de la fe en Cristo”, lo que nos justifica “gratuitamente por… gracia” al poner nuestra fe en la “sangre” del Salvador. Jesús fue nuestra “propiciación”, el Único pago posible para nuestra redención; nuestra fe en Su muerte y resurrección nos permite ser declarados justos inmerecidamente (3:21-28; 10:9-10).

El resultado de nuestra justificación es “paz” (5:1), pues ya no estamos enemistados con Dios. Su infinita misericordia fue demostrada cuando “Cristo murió por nosotros”; ahora somos “salvos de la ira”, y “siendo enemigos, fuimos reconciliados… por la muerte de su Hijo” (5:8-10). “Ahora… ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús” (8:1).

 

El “Espíritu de Dios” llega a morar en el creyente, el Cuál “vivificará” nuestros “cuerpos mortales” después de la muerte (8:1, 9). Es el Espíritu quien ahora nos guía, nos ayuda a orar, y nos anima a llamar ‘Papá’ a Dios (8:14-17, 26-27).

Romanos 12.1 Color

Dios es Quien nos ha predestinado, nos ha llamado, nos ha justificado y nos ha glorificado (8:28-30). Él obra a favor nuestro, nos da todas las cosas, y nos da la victoria en las pruebas por medio de Cristo (8:31-39). Siendo gentiles, nos ha incluido en las promesas redentoras dadas a Abraham e Israel (4:16-17; 9:3-7). Todo esto no es porque lo merecemos (“corre”), sino que es el resultado de la “misericordia” de Dios (9:16-18).

 

Razón tiene Pablo en exhortarnos: “Hermanos, os ruego por las misericordias de Dios”.

 

¿Y usted ya se ha presentado ante Dios como “sacrificio vivo, santo, agradable”?

 

«Dios, Tus infinitas misericordias manifestadas en Cristo y Su obra redentora son dignas de nuestra sincera adoración»

 

Romanos 9:23, 24

“y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros…”

No es para que lo lleve solo

Mateo 11.28, 30 Anexo

Mateo 11:28-30

Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.

 

El pecado es uno de los pesos más grandes que pueden afligir el alma de una persona. La responsabilidad que conlleva, acompañado de las consecuencias que acarrea, puede socavar las expectativas de una vida plena en Cristo.

 

Nuestro Señor vino a ofrecernos una vida, y una en abundancia (Jn 10:10). Son el pecado, las maquinaciones del enemigo, y un mundo lleno de dificultades y tentaciones; lo que hacen que una persona caiga en las ataduras del pecado.

 

Además, las religiones nos llenan de tantos ritos, mandamientos de hombres, y falsas expectativas, que hacen que un corazón sincero de la búsqueda de la divinidad no alcance a lograr lo que tanto anhela el alma: La paz con Dios.

 

El pecado que mora en nosotros tiene un poder tremendo en cada uno (Ro 7:7-23), haciendo que literalmente restringa en gran manera al hombre de lo que pudiera hacer para liberarse de él. Pero no es imposible, es ahí donde la esperanza y las grandes posibilidades se ponen ante el alma del corazón afligido y abrumado por el pecado.

 

El yugo es un madero que une a dos animales grandes para el desarrollo de faenas agrícolas especiales. Generalmente se utilizan dos animales de la misma especie y del mismo tamaño para compensar la fuerza del trabajo y aligerar la tarea del labrado.

 

La invitación de Cristo es para que traigamos nuestra tarea de enfrentar al pecado y nos pongamos a manera de “yugo” con Él para que podamos trabajar juntos. A diferencia del yugo agrícola, este yugo espiritual tiene como compañero al mismo Cristo, Quien, con su inmenso poder y amor nos ayuda día tras día a enfrentar el pecado y hacer menos pesada la carga de librarnos de tan tormentoso enemigo.

Mateo 11.28, 30 Color

La consecuencia más tormentosa que tiene el pecado es el infierno. La paga del pecado es muerte eterna en un lugar de tormento, y Jesús ofrece la liberación de tal indeseado castigo por medio de Su muerte. A quienes reciben por fe a Jesús como su Salvador, Dios les ofrece vida eterna como una “dádiva” (Ro 6:23).

 

Ya sea a quién tenga temor de enfrentar la condenación, o sea que, ya siendo salvo, no pueda liberarse del pecado, Jesucristo está extendiendo la invitación a venir a Él para que halle “descanso” para el alma, porque Su “yugo es fácil, y ligera” Su “carga” (Mt 11:29, 30). ¡Acepte hoy la invitación del Señor!

 

«Jesucristo, ya no puedo más con el pecado que me atormenta, líbrame de esta esclavitud y dame Tu salvación»

 

Romanos 7:24, 25 (NTV)

“¡Soy un pobre desgraciado! ¿Quién me libertará de esta vida dominada por el pecado y la muerte? ¡Gracias a Dios! La respuesta está en Jesucristo nuestro Señor…

¿Aún tendrá tiempo para hallarlo? («AUN» IV)

Isaías 55.6 Anexo

Isaías 55:6-7

Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.”

 

Tratar de explicar la existencia de Dios comparándolo con el viento, tiene cierto sentido, pues el viento no lo vemos, pero sabemos que existe por los cambios que ejerce cuando actúa afectando todo a su paso. Pero a diferencia del viento, Dios no está sujeto a fuerzas externas para obrar, Dios es auto existente y soberano.

 

Tratar de explicar la Trinidad comparándola con los tres estados del agua (líquido, sólido y gaseoso) puede ayudar a entender las tres Personas de la Deidad, pero a diferencia de cada estado del agua, Dios no tiene que dejar que ser uno para ser otro. Siempre está presente cómo Dios el Padre, Dios el Hijo, Dios el Espíritu Santo; y las Tres Personas actúan en completa unidad.

 

Tratar de explicar Su grandeza no es posible, pues es infinita; Su completa gloria inconcebible e inaccesible; aunque los cielos nos “cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” (Sal 19:1).

 

Su santidad es incorruptible, Su amor incomprensible, Su sabiduría inalcanzable, Su poder incomparable, Su justicia perfecta, Su fidelidad inquebrantable, Su ira contra el pecado intachable.

 

Pero dentro de todos estos atributos que nos sobrecogen y humillan, Dios está dispuesto a darse a conocer ante todo aquel que de corazón lo busca. Lo único que Dios desea es que cada persona quiera buscarlo de todo corazón, pero con un corazón quebrantado en arrepentimiento por el pecado y dispuesto a vivir para agradarle.

 

Dios no está distante para quienes de veraz lo buscan (Jer 29:12, 13), pero si para aquellos que lo rechazan o lo ignoran. La distancia la pone el mismo hombre, no Dios.

 

Llegará un día cuando cada persona ya no tendrá tiempo para hallar esa relación íntima con Dios, ese día llegará con la muerte, así que en tanto que haya vida debe buscarlo mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano” (Is 55:6).

Isaías 55.6 Color

Para iniciar a establecer esta grandiosa relación con Dios, debe poner su fe en Cristo, el Único camino al Padre (Jn 14:6). Jesucristo pagó por nuestros pecados, por lo tanto, solamente en Su Nombre hay perdón (Hch 10:43). No hay pecado tan grande que Dios no pueda perdonar, pues Él es “amplio en perdonar” (Is 55:7).

 

¿Por qué no poner su fe en Su Hijo Jesucristo hoy mismo y comenzar desde ya esta preciosa relación con el Padre? El mañana es incierto, y quien sabe si tendremos tiempo para hallarlo antes de que llegue ese fatal día. Hoy puede ser el día de su nueva relación, de su salvación.

 

«Dios, gracias por enviar a Tu Hijo Jesucristo a morir por mí, Él abrió mi camino a Ti»

 

2 Corintios 6:2

“Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, Y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.”

En una sola generación

Hechos 1.8 Anexo

Hechos 1:8

“Pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.”

 

Estaba por dejarlos, pues regresaba de dónde había venido. Había pasado un buen tiempo junto a ellos, pero tenía que dejarlos temporalmente. Pero antes de irse los reúne para encomendarles una tarea.

 

Sus amigos, al escuchar la tarea, tomaron la responsabilidad dada y comenzaron a llevarla a cabo poco a poco. Tenían que llevar un mensaje importante, pero no tenían automóvil ni medios de transporte masivo. No tenían teléfono o mensajería por correo electrónico para poder enviar este mensaje tan importante.

 

Tuvieron que caminar. Unos fueron cerca, a las poblaciones cercanas a la capital, y mientras viajaban por esos lugares, llevaban el mensaje a todos los que se les presentaban (Hch 8). Pero la tarea estaba literalmente corta en relación a lo que se les había pedido, tenían que llegar más lejos, pues faltaban muchos por escucharlo.

 

Los que quedaron en la capital llegaron a enterarse que había otras personas en una ciudad comercialmente importante que habían escuchado el mensaje, pero querían estar seguros de que esa información era cierta y que los que habían escuchado lo habían hecho correctamente. El encargado a tal tarea caminó 700 kilómetros para llegar a esta ciudad costera. Sí, el mensaje había llegado correctamente, pero necesitaban trabajar con aquellos que habían oído (Hch 11:19-30). ¿Pero cómo lo hicieron? ¿Cómo llegaron a enterarse? Unos habían caminado esos mismos 700 kilómetros llevando el mensaje que varios años atrás les había sido encargado. No había medios de comunicación masiva, no había telegramas, no había cartas por correo electrónico. El Facebook y el Twitter no estaba disponible. Tuvieron que hacerlo personalmente.

 

De repente, en esta ciudad comercial, el grupo de receptores del mensaje miran la necesidad de hacer más, pues el mensaje no había viajado más que 700 kilómetros de la capital, y tenían que enviarlo a todo el mundo. ¿Cómo hacerlo? Entendiendo la solicitud dada por el Amigo de todos ellos ahora, deciden enviar a un grupo de intrépidos viajeros, quienes debían viajar en barcos veleros, caminar por los senderos peligrosos y largos, visitar ciudades a las que nunca habían ido, encontrarse con más personas y seguir llevando el mensaje del Amigo de todos. Este mensaje debía llegar urgentemente, no se podía esperar. Preparan esa comitiva y los envían, confiando en el éxito de la excursión (Hch 13).

 

Al final, la tarea se completó casi en su totalidad, todo el mundo conocido, hasta ese entonces, habían escuchado tan precioso mensaje. Tomó varias décadas hacerlo, pero la motivación y la responsabilidad de estos intrépidos amigos del Amigo lo lograron. Y no solo que llevaron el mensaje, sino que establecieron centros que continuaron llevando el mensaje más allá de sus límites y a cada lugar a donde pudieron llegar.

Hechos 1.8 Color

Hoy, con internet, con medios sociales, diferentes medios de transporte masivo, celulares, y cuantos medios más disponibles a nuestro alcance, y no hemos logrado lo que los seguidores de Cristo hicieron en los primeros 40 años de la iglesia del Señor ¡UNA SOLA GENERACIÓN! ¿Qué estamos haciendo para evangelizar al mundo? ¿Cómo puede usted formar parte de la evangelización mundial? El llamado de Dios es el mismo, el mensaje es el mismo, Dios sigue siendo el mismo; ¿somos nosotros similares a esos seguidores de Cristo?

 

Hable a los suyos, viaje a las ciudades cercanas, y si no puede viajar lejos, envíe a otros que puedan para que juntos sigamos presentando el mensaje de Jesucristo.

 

«Señor Jesucristo, ayúdame a ser fiel mensajero de Tu evangelio a todo el mundo»

 

Marcos 16:15

“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.”

Fidelidad en Sus propósitos

Salmos 138.8 Anexo

Salmos 138:8

Jehová cumplirá su propósito en mí; Tu misericordia, oh Jehová, es para siempre; No desampares la obra de tus manos.”

 

Se reconozca o no, todos los seres humanos hemos venido a existencia por voluntad de Dios. El Creador del universo nos formó a Su imagen y semejanza (Gn 1:26, 27), y todos venimos con un propósito.

 

El propósito era que fructifiquemos y nos multipliquemos llenando la tierra para regirla (Gn 1:28), pero sobre todo para que tengamos comunión con nuestro Creador (Gn 2:15-17; Dt 6:4, 5; Is 44:21).

 

El pecado del hombre no alteró el plan general de Dios, pues cómo Soberano, Sabio y Omnisciente Dios, el Señor sabía que pecaríamos, y por eso nos apartaría de Su presencia (Ro 3:23). Inmediatamente el hombre pecó, Dios anunció que vendría Uno a solucionar el problema del pecado para restituir lo pasado y para brindar al hombre perdón y salvación: Jesús (Gn 3:15). Seguía presente la idea general de estar en Su presencia y fructificarnos.

 

Ahora, no todos los que llegamos a nacer por voluntad de Dios vamos a querer cumplir Su voluntad en nuestras vidas, y aún eso Dios lo sabe también. Unos buscaremos el perdón y aceptaremos el regalo de vida eterna por medio de la fe en Cristo, mientras que otros rechazaremos voluntariamente esa magnífica oportunidad, esa es responsabilidad propia de cada hombre. Para quienes arrepentidos creamos y aceptemos la salvación, nuestro destino es la eternidad con Dios; para los que rechacemos y no queramos ver a Cristo como nuestro Redentor, nuestro destino es la eternidad alejados de Dios (Ro 6:23). Como sea, Dios nos ha creado con ese propósito (Ro 9:19-24).

 

Para quienes rechacemos, ya nuestro destino es uno solo y el propósito final de nuestra vida será el de declarar que Dios es justo y nosotros pecadores y pagaremos eternamente por ello. Para quienes aceptemos, todavía sigue habiendo propósitos eternos buenos que Dios quiere que cumplamos (Ef 2:10), pero no todos talvez lo sigamos.

 

Siendo salvos, ahora nuestro propósito es llegar a ser como Cristo nuevamente, o sea, recuperar nuestro estado inicial de bondad y sin pecado (Ef 4:13; Fil 1:6). Esto será gradual en nuestra vida aquí en la tierra y se completará en la misma presencia de Dios, cuando seamos glorificados (1 Jn 3:1-3).

 

Pero como salvos podemos escoger ser hijos desobedientes y agradar a la carne, o ser hijos obedientes y agradar a Dios. El Señor siempre tendrá planes para nuestras vidas, y Su propósito supremo será que reflejemos Su carácter y que cumplamos con Su voluntad, planes y propósitos; y para esto, cada uno de nosotros debemos comprometernos.

 

En síntesis, el propósito supremo de Dios por el que fuimos creados, aún a pesar de nuestro pecado, es el que nos arrepintamos y pidamos con fe salvación, que lo amemos sobre todas las cosas, que nos sometamos a Él y cumplamos con lo que Él desea para nuestra vida, y ahí Dios será glorificado (Fil 1:6-11).

Salmos 138.8 Color

David entendió muy bien el propósito para su vida, y es por ello que confiaba en que el Soberano Dios le ayudaría a cumplirlo; pero sabía que tenía que someterse a ese plan, por eso clamaba al Señor para que le ayude (Sal 138:8). ¿Está usted como David?

 

Al final de todo, cada uno de nosotros nos postraremos ante la presencia de Jesús para reconocerlo como Señor para gloria a Dios, sea que seamos salvos o estemos en condenación (Fil 2:10, 11).

 

«Dios, gracias por crearme con propósito eterno, ayúdame a vivirlo plenamente tal cual es Tu voluntad»

 

Isaías 43:7

“todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice.” (Dios)

¿Aún habrá tiempo para ver sus frutos? («AUN» III)

Lucas 13.9 Anexo

Lucas 13:6-9

“Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra? Él entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después.”

 

La “elaeis guineensis”, comúnmente llamada palma africana de aceite es una especie del género Elaeis. Es originaria de la región en el Golfo de Guinea en el África occidental, de donde toma el nombre. Esta planta propia de la región tropical calurosa (selva húmeda tropical cálida) es usada para la extracción del aceite comestible.

 

Una de las características peculiares de esta palma es su lento crecimiento hasta la producción. Generalmente pasa 12 meses en criaderos o invernaderos antes de su siembra; posteriormente demora 2 años y medio para comenzar a producir el fruto de donde se obtiene el aceite. Por su lento desarrollo se requiere de mucha inversión en los primeros años.

 

En la parábola de la higuera estéril Jesucristo nos relata la historia de una higuera que por tres años no daba frutos; inquieto por la esterilidad de la higuera, el dueño del viñero le pide a su trabajador que la corte, a lo que su trabajador le pide que le otorgue un poco de tiempo para trabajarla a ver si da fruto, y si no, cortarla.

 

Muchas personas hay que han escuchado una y otra vez el mensaje de salvación por medio de la fe en Jesús, pero parecería que este mensaje no da fruto en sus corazones. Muchos pasan de largo y sin inmutarse ante la advertencia de que un día habrá un juicio final y que todos deberán compadecer (Ap 20:11-15), no hacen nada por cambiar sus vidas y buscar en Cristo el perdón y la salvación.

 

Si la higuera pudiera entender lo que se esperaba de ella, de seguro que respondería de alguna manera al trabajo del viñador, dando frutos, y así evitaría ser cortada.

 

Dios desea que todos podamos responder al llamado que nos hace a la salvación. Lo que menos desea el Señor es que tenga que enviarnos al castigo eterno por falta de respuesta a Su llamado. Dios está en este instante trabajando en su vida para que responda, ¿por qué no responde favorablemente? O ¿Hasta cuándo cree usted que se deberá esperar para que reciba a Cristo? Recordemos, el día vendrá donde ya no habrá más trabajo del “viñador”, entonces, si no ve “frutos”, seremos “cortados” eternamente.

 

Para ser salvo solamente necesita pedir perdón por sus pecados, creer en la obra redentora de Cristo en la cruz por usted, y recibir por fe el perdón y la salvación; solamente ahí se verán en usted frutos reales y usted podrá pasar eternamente en la presencia de Dios.

 

«Padre, perdona mis pecados y mi falta de arrepentimiento, confieso mi necesidad de salvación, creo que Cristo murió por mí y lo recibo por fe como mi Salvador»

 

Hebreos 2:3

¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron.

¿Aún se cree menos pecador? («AUN» II)

Lucas 13.4, 5 Anexo

Lucas 13:1-5

“En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos. Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.”

 

La tendencia a compararse con personas es común en el ser humano. Comparamos los puestos de trabajo, comparamos el modelo del auto que manejamos, comparamos el peinado que llevamos, la ropa que usamos, la forma de hablar. Hacemos comparaciones entre lugares de origen, color de piel, y hasta forma de caminar. Muchas de esas comparaciones nos pueden traer tristeza, otras, falso orgullo, basado en la vanidad. Siempre habrá algo con qué compararnos.

 

Pero una de las comparaciones más peligrosas y engañosas es el comparar nuestro comportamiento o nuestra vida basada en “cierta” moral. En la sociedad existe una constante de comparar nuestras vidas con las personas que consideramos “más” pecadoras, y llegamos a determinar una aparente y falsa buena moral en nuestras vidas porque no todos hemos asesinado, robado, violado, adulterado, prostituido, o talvez ser borrachos o adictos a estupefacientes. Muchos miran esos pecados como horrendos y altamente condenatorios; y miran a su crítica, falta de amor, al chisme, la mentira, la envidia y más pecados como no tan gravosos.

 

Si hago una comparación de mi vida con esa perspectiva, por supuesto que podré sacar conclusiones que podrían favorecerme, pero ¿es realmente nuestro análisis uno de acuerdo a la divina perspectiva del Juez Supremo? Jesús dijo que “NO” (Lc 13:3, 5). Las personas a quienes se refiere el Señor habían cometido graves ofensas ante el gobierno romano y otras habían muerto ante un desastre casual del desplomo de la torre (Lc 13:1-2, 4). En la sociedad judía había la creencia que una muerte repentina y desagradable era causa de un pecado grave ante Dios, y por lo consiguiente, resultado del juicio divino.

 

Al contrario a lo pensamos, Jesús nos recuerda que todos somos igualmente pecadores y que todos merecemos el castigo divino de la muerte y la condenación (perecer) a causa de nuestro pecado, porque esa es “la paga” (Ro 6:23a).

Lucas 13.4, 5 Color

La voluntad del Señor es que “ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 P 3:9); es por ello que les dijo que, si no se arrepentían de sus pecados, “todos” perecerían condenados “igualmente” (Lc 13:5), y por lo tanto el destino del castigo eterno estaba esperando. “Pero Dios, que es rico en misericordia” ofrece salvación y vida eterna por medio de “Cristo” (Ef 2:4, 5); Dios “ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda (perezca), mas tenga vida eterna” (Jn 3:16 – paréntesis añadido).

 

Dios quiere que usted sea salvo, pero necesita reconocer que es pecador y arrepentirse, pedir perdón, poner su fe en Jesús, y Él le dará salvación.

 

«Dios, te pido perdón por mis pecados, me arrepiento, y pongo mi fe en Jesús como mi Salvador»

 

Juan 10:28

“y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.” (Jesús)