Enganchados en el camino de la obediencia

Salmos 119.3 Anexo

Salmos 119:1-8

“Bienaventurados los perfectos de camino,  Los que andan en la ley de Jehová.
Bienaventurados los que guardan sus testimonios, Y con todo el corazón le buscan;
Pues no hacen iniquidad Los que andan en sus caminos.
Tú encargaste Que sean muy guardados tus mandamientos.
¡Ojalá fuesen ordenados mis caminos Para guardar tus estatutos!
Entonces no sería yo avergonzado, Cuando atendiese a todos tus mandamientos.
Te alabaré con rectitud de corazón Cuando aprendiere tus justos juicios.
Tus estatutos guardaré; No me dejes enteramente.”

 

Si hay algo que disfruto mucho recordar de mi infancia, y que sinceramente añoro, fue la posibilidad de jugar con las pistas de carreras eléctricas o de batería. Recuerdo una en especial que tenía una rampa que le permitía a los autos subir por la pared en un ángulo de noventa grados y de nuevo volver a la pista en forma horizontal.

 

Para que los pequeños autos de carrera pudieran correr sin dificultad sin salirse de la pista requerían de una pequeña barra en la parte inferior que le permitía recorrer sobre la hendidura que se hallaba en la pista, esto les mantenía fijos sobre las curvas; pero para que estos autos en particular no tengan problemas al subir por la parte que ascendía y bajaba por la pared requerían de unos pequeños imanes que se hallaban también en la parte inferior y que los mantenía atraídos hacia los rieles de la pista. Era uno de nuestros juguetes favoritos.

 

Si podemos comparar esto con la obediencia a la Palabra de Dios, podemos decir que nosotros necesitamos tener ese imán que nos atraiga hacia la Palabra, y Dios provee de esa pequeña ayuda de la barra para que no nos salgamos de la pista de la obediencia.

 

En estos primeros versículos del Salmo 119 leemos que la persona que busca de corazón guardar Sus testimonios es bienaventurada (v. 2). El autor nos dice que anhela que sus pasos vayan todo el tiempo en pos de los caminos de Dios. De alguna manera podemos decir que este es el imán, el deseo profundo de obedecer.

 

Pero también leemos que el autor le pide a Dios que no le deje salirse de Su camino (v. 8). Le pide a Dios que le enseñe Sus estatutos (v. 12), le solicita que le ayude a vivir guardando Su Palabra y que pueda a cada momento mirar en las maravillas de Su ley (v. 17, 18). La ayuda de Dios podríamos compararlo con la hendidura en la pista y el gancho que se hallaba bajos los carros, solo así evitaremos salirnos en las curvas y mantener fijo nuestro caminar.

Salmos 119.3 Color

Los resultados de esta gran combinación son que nuestros caminos serán perfectos (v. 1), no cometeremos iniquidad mientras andemos sobre Sus caminos (v. 3), no seremos avergonzados a causa de todos los males que podría traer la desobediencia (v. 6), nuestra alabanza de corazón será sincera y recta (v. 7), y por todo ello seremos bienaventurados (v. 1, 2).

 

Un corazón dispuesto es lo que requiere Dios para ayudar al hombre a ser obediente. ¿Usted ya tiene ese corazón?

 

«Padre, crea en mí un espíritu recto y un corazón deseoso para no pecar contra Ti»

 

Salmos 119:33

Enséñame, oh Jehová, el camino de tus estatutos,  Y lo guardaré hasta el fin.”

En obedecer hay libertad

Santiago 1.25 Anexo

Santiago 1:23-25

“Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de ella, éste es semejante al hombre que considera en un espejo su rostro natural. Porque él se considera a sí mismo, y se va, y luego olvida cómo era. Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será bienaventurado en lo que hace.”

 

Cuando escuchamos que hay algo que NO es permitido llegamos a considerar que estamos excluidos de algún acceso y esto nos parecerá que nos han privado, es entonces donde pensamos que no tenemos libertad, sino que nos han coartado de la misma. No todas las restricciones son realmente limitantes, sino preventivas.

Dios, al darnos voluntad, nos ha dado la capacidad de decidir, y a esto se llama libre albedrío. Pero llegamos a pensar que cuando Dios nos dice NO a algo, entonces nos está limitando y ya no somos libres, sino que hemos sido restringidos. ¡Cuán falso es eso!

Si Dios nos ha dado capacidad para decidir, desde ahí somos libres, pues tenemos libertad para escoger entre seguir Sus estatutos o no; si no tuviera voluntad entonces si estaría coartado de esa libertad, sería un robot, un títere.

Por otro lado, al decidir libremente en obedecer, lo que estamos haciendo es librar nuestra vida del pecado y sus consecuencias. La Biblia nos dice que “cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su PROPIA CONCUPISCENCIA es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; Y EL PECADO, SIENDO CONSUMADO, DA A LA LUZ LA MUERTE” (Stg 1:13-15 mayúsculas añadidas). Lo que quiere decir es que cuando usted elige libremente pecar decide libremente morir espiritualmente y recibir las consecuencias de ello. Al contrario, al obedecer la Biblia hallamos libertad del pecado (Jn 8:31-36).

Santiago 1.25 Color

Por último, la ley escrita por el Espíritu Santo nos enseña de la libertad de la condenación eterna que podemos hallar cuando ponemos nuestra fe en Cristo (Ro 8:2). La Biblia es la bondadosa verdad de Dios que siempre nos alejará del mal. Por eso, al escuchar y decidir obedecer la voluntad de Dios, lo que hacemos es libremente seguir la ley “de la libertad” (Stg 1:25).

Es mejor escuchar con prontitud y mansedumbre para que con voluntad propia decidamos obedecer la Biblia, ahí seremos libres del pecado y sus consecuencias, por tanto, bienaventurados. (Stg 1:19-25)

 

«Padre, gracias por la libertad que hallo en Tu Palabra»

 

Salmos 119:44, 45

“Guardaré tu ley siempre, Para siempre y eternamente.
Y andaré en libertad, Porque busqué tus mandamientos.”

Lo mejor es abstenerse

1 Tesalonicenses 5.22 Anexo

1 Tesalonicenses 5:19-23

“No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal. Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.”

El mundo le dice mentira piadosa, la Biblia lo llama mentira pecaminosa. El mundo dice que Dios no quiere que sufra, la Biblia nos dice que son necesarias las pruebas y sufrimientos. El mundo nos dice que con tal que seas feliz todo está bien, la Biblia lo llamaría ego, rebeldía y libertinaje. Satanás le dijo a Eva que sería como Dios si comía del fruto, Dios le dijo a Eva que si comía del fruto moriría por el pecado.

El pecado se encuentra en toda esquina, en cada rincón, en todo momento. Sus manifestaciones pueden ser tan obvias como el asesinato o estar tan sutilmente escondidas detrás del odio o la falta de perdón; lo hallamos en el acto mismo del adulterio fragante o en la mirada con lujuria hacia una persona que no sea su pareja.

El coquetear con el mundo y su pecado siempre traerá consecuencias que pueden devastar nuestras vidas. Sansón, Lot, Salomón y el mismo pueblo de Israel sucumbieron ante las constantes insinuaciones que les hacía el pecado. Su acercamiento progresivo fue poderosamente destructivo.

Si nuestra vida espiritual realmente nos importaría deberíamos considerar seriamente cada decisión, cada acto, cada oportunidad que se nos presenta al frente. El mal puede estar escondido tan sutilmente que no lo vemos al inicio; esos engaños pueden venir de nuestra condición pecaminosa, del mundo o del mismo maligno.

La palabra “especie” también puede ser traducida como apariencia. Debemos abstenernos de toda cosa que tenga alguna apariencia maligna, por más pequeña que esta sea. En la historia animada de Blanca Nieves, la inocente doncella observó la fruta y no vio nada malo en ella, pero no miró detenidamente en la mala intención de quien vilmente la ofrecía.

Algunos podrían decir que en el versículo anterior, Pablo nos dice que podemos “examinarlo todo” y “retener lo bueno” (v. 21), pero el contexto de ello son las enseñanzas (v. 20). En la iglesia naciente no había la Biblia como la conocemos ahora, Dios había capacitado con el don de profecía a algunos creyentes para que estos pudieran enseñar.

1 Tesalonicenses 5.22 Color

Pablo fue claro, no deberíamos ni siquiera considerar algo dudoso, debemos completamente abstenernos de toda especie de mal. La luz roja no está para sugerirnos que debemos detener nuestro auto, está para que paremos por completo. Una advertencia en un letrero no es una buena idea que alguien puso como información general, es un mensaje que tiene descripción clara de un riesgo presente.

Dios nos ofrece ayuda en nuestra santificación (v. 23). Necesitamos de la obra del Espíritu Santo, de la Biblia, de la oración, de buenos consejos, y de buen discernimiento para ver si existe algún mal detrás de cada cosa. Si tiene alguna duda mejor desista de hacerlo antes que sea tarde.

 

«Dios, ayúdame a mirar si hay algún mal delante de mí para no pecar»

 

Daniel 1:8

“Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey…”

¡Y ellos lo están oyendo!

Hechos 28.28 Anexo

Hechos 28:22-28

“Pero querríamos oír de ti lo que piensas; porque de esta secta nos es notorio que en todas partes se habla contra ella. Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas. Y algunos asentían a lo que se decía, pero otros no creían. Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo: Ve a este pueblo, y diles: De oído oiréis, y no entenderéis; Y viendo veréis, y no percibiréis; Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyeron pesadamente, Y sus ojos han cerrado, Para que no vean con los ojos, Y oigan con los oídos, Y entiendan de corazón, Y se conviertan, Y yo los sane. Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán.”

 

Pablo, encarcelado en Roma, recibe la visita de sus connacionales judíos, quienes deseaban escuchar acerca de los cristianos (v. 17, 22). Cómo siempre fue innegable en él, aprovecha la oportunidad para hablar acerca del reino de Dios y de la obra de Jesucristo durante todo un día para persuadirlos del mensaje del evangelio manifestado en la ley y los profetas (v. 23), pero muchos de ellos, de sus parientes judíos, volvieron a rechazar la verdad de Cristo (v.24).

Entonces Pablo, haciendo referencia a una profecía dada por el profeta Isaías, les recuerda que ese rechazo estaba siendo esperado por parte de Dios (Is 6:9, 10), el Señor sabía que Su misma nación habría de rechazar al Mesías, pero eso no detendría el avance del evangelio.

El deseo de Dios es que todos los hombres “procedan al arrepentimiento” de sus pecados (2 P 3:9), y que, al escuchar el mensaje del evangelio, todos acepten a Jesucristo como su Salvador personal (Jn 6:29, 40). Pablo, al ver el rechazo de sus hermanos judíos, les declara que muchos gentiles oirán el mensaje con agrado y lo aceptarán (v. 28).

Esto es el corazón de las misiones, llevar el mensaje del evangelio a quienes, sin que hayan escuchado acerca de la obra redentora de Cristo, puedan oírlo y creerlo (Ro 10:13-15).

Cada vez que miro imágenes de niños de todo el mundo, de toda nación y religión, miro en sus ojos la misma necesidad, la misma posibilidad: Ellos necesitan escuchar de Cristo y todos ellos tienen la misma posibilidad de aceptarlo. Pero también es triste ver que esos, que un día fueron niños, ahora siendo adultos, por múltiples razones injustificadas de ideología y religiones también sigan rechazando a Cristo.

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¿Cómo miramos nosotros a las personas sin Cristo? ¿Estamos viendo la misma necesidad y la misma esperanza de que puedan ser salvos? No importa quien sea, todos necesitan ser salvos. Pero para que ellos puedan escuchar del amor de Dios a través del sacrificio de Jesús todos nosotros necesitamos participar activamente de la evangelización mundial. Orando, dando, enviando, yendo, pero sobre todo, hablando de Cristo, no importando donde estemos. Si una persona rechaza hoy el mensaje, mañana alguien lo aceptará. Nuestra tarea es predicar mientras apoyamos a las misiones, la de Dios es usar Su Palabra y convencer a la persona; y la responsabilidad del que escucha es aceptar.

Judíos y gentiles, blancos y negros, hombres y mujeres, niños y adultos, ricos y pobres; todos necesitan escuchar el mensaje. Sigamos trabajando juntos en la evangelización del mundo, pues muchos si lo “oirán”, y ¡lo están haciendo ya!

 

«Padre, ayúdame a ver la evangelización del mundo tal cual lo miras Tú»

 

Marcos 16:15

“Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.”

No es falta de disposición

Marcos 14.38 Anexo

Marcos 14:32-38

“Vinieron, pues, a un lugar que se llama Getsemaní, y dijo a sus discípulos: Sentaos aquí, entre tanto que yo oro. Y tomó consigo a Pedro, a Jacobo y a Juan, y comenzó a entristecerse y a angustiarse. Y les dijo: Mi alma está muy triste, hasta la muerte; quedaos aquí y velad. Yéndose un poco adelante, se postró en tierra, y oró que si fuese posible, pasase de él aquella hora. Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú. Vino luego y los halló durmiendo; y dijo a Pedro: Simón, ¿duermes? ¿No has podido velar una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.”

 

No fue casualidad que Jesucristo haya escogido a Pedro, Jacobo y Juan para que le acompañen velando mientras Él iba a orar. El Señor sabía muy bien lo que venía a Su vida, y sabía lo que necesitaba. Estaba dispuesto a morir por nosotros, pero requería orar para que Dios le otorgue la fuerza necesaria para enfrentar lo que sufriría más adelante esa noche, la madrugada y la mañana.

Pedro había sido alertado por Jesucristo que lo negaría tres veces, a lo que el impetuoso discípulo respondió que no sería así, pues si fuere necesario estaría dispuesto a morir junto al Señor (Mr 14:26-31), pero Pedro huyó cuando fue apresado Jesús, y posteriormente le negó (Mr 14:50, 66-72).

Pero Pedro si mostró en un momento disposición, mientras veía a Jesús ser apresado sacó su espada para defenderlo y llegó a cortar la oreja de Malco, el siervo del sumo sacerdote (Jn 18:10). Estuvo dispuesto en un momento, pero la debilidad lo afectó ulteriormente.

Grandes siervos de Dios sucumbieron a la tentación: David, Moisés, Abraham, Sansón, Salomón, Noé, Jacob, etc. Todos fueron fieles a Dios por mucho tiempo, pero un descuido brindó la oportunidad para que el pecado entrara en sus vidas; unos se arrepintieron y otros terminaron sus días en el pecado.

Marcos 14.38 Color

Jesucristo dijo que “imposible es que no vengan tropiezos” (Lc 17:1), recordándonos que vivimos en un mundo donde el pecado abunda y donde nuestra debilidad está expuesta a ser manifiesta. Pablo nos exhorta diciendo que estemos atentos para no caer (1 Co 10:12), y que nuestra naturaleza pecaminosa puede tomar cualquier “ocasión” para llevarnos a pecar (Ro 7:8). Así que recordemos, no es falta de disposición por serle fieles al Señor lo que nos ayudará a vencer el pecado, es la falta de atención y de oración lo que puede dejarnos expuestos a cualquier ocasión.

Dios nos ha capacitado con su Espíritu Santo, Quien obra en nosotros llamando nuestra atención antes de pecar (Gá 5:16), nos ha dado las armas de Su armadura para estar capacitados ante cualquier asechanza del diablo (Ef 6:10-18), nos ha dado Su Palabra para atacar contra las artimañas del enemigo (Mt 4:4), y nos promete ayudarnos con una “salida” para poder resistir (1 Co 10:13). Dependerá de nosotros estar atentos y orando para no pecar.

 

«Dios, gracias por los recursos que has provisto para que no peque, ayúdame en mis debilidades»

 

1 Corintios 10:12

“Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.”

Efecto “Invernadero”

Salmos 92.12, 13 Anexo

Salmos 92:12-15

El justo florecerá como la palmera; Crecerá como cedro en el Líbano.
Plantados en la casa de Jehová, En los atrios de nuestro Dios florecerán.
Aun en la vejez fructificarán; Estarán vigorosos y verdes,
Para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto, Y que en él no hay injusticia.”

 

Se conoce como efecto invernadero a la radiación térmica emitida por la superficie del planeta y que es reirradiada al planeta por efecto de los gases que se encuentran en la parte superior de la atmosfera, lo que incrementa la temperatura global al concentrarse mayor radiación térmica que no es liberada al espacio.

Pero el invernadero en forma general es una estructura construida con el propósito de darle un ambiente propicio a las plantas y a los animales que habitan bajo su techo. Este ambiente controlado otorga a los seres que viven en el interior una temperatura y humedad adecuada para un buen crecimiento. No importa la temperatura externa al invernadero, este medio controlado siempre es propicio para las plantas y animales que se desarrollan vigorosamente y pueden producir con tranquilidad sus frutos.

De la misma manera, quienes habitan bajo la protección de Dios y quienes voluntariamente han decidido vivir bajo Su guía y protección son como un robusto “cedro en el Líbano”. Aquellos que desean permanecer junto a Dios serán “plantados en la casa de Jehová” y en sus atrios “florecerán”. No importa la vejez de ellos, siempre “fructificarán” y “estarán vigorosos y verdes”.

Jeremías nos dice que el hombre que confía en el hombre “será como la retama (zarza) en el desierto, y no verá cuando viene el bien, sino que morará en los sequedales en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada”; pero en cambio, el hombre que confía en Jehová será bendito ya que su confianza está en Él, y éste “será como el árbol plantado junto a las aguas, que junto a la corriente echará sus raíces, y no verá cuando viene el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de dar fruto. (Jer 17:5-8paréntesis añadido)

Salmos 92.12, 13 Color

Para vivir bajo el ‘invernadero’ de las bendiciones de Dios debemos vivir justamente confiando en Él en todo momento. La fe del hombre debe ir acompañada por su vida justa, santa, obediente (Sal 92:12; Jer 17:7).

Existe una gran preocupación en los últimos años por el calentamiento global que produce el “Efecto Invernadero” sobre el planeta Tierra, trayendo cambios bruscos que está alterando las cosechas y el hábitat del hombre; pero pocos hombres se están preocupando por algo más importante, estar bajo la cobertura de Dios para ser abrigados por sus bendiciones. Por así decirlo, el “efecto invernadero” trae problemas a la Tierra, pero trae bendiciones a la vida del hombre… y de ambos debemos estar pendientes, pero sobre todo del segundo. Y usted, ¿cómo está su temperatura espiritual hoy? ¿Se halla habitando bajo “el invernadero” de Dios?

 

«Padre, ayúdame a confiar en Ti y seguirte siempre para habitar bajo Tus bendiciones»

 

Salmos 37:3

Confía en Jehová, y haz el bien; Y habitarás en la tierra, y te apacentarás de la verdad.”

¿Cuáles son sus intereses?

FIlipenses 2.4 Anexo

Filipenses 2:1-5

“Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús.”

 

El sentido de conservación es la acción y efecto de conservar (mantener, cuidar o guardar algo, continuar una práctica de costumbres). El término tiene aplicaciones en el ámbito de la naturaleza, la alimentación y la biología, entre otros. Cada persona siempre manifestará intereses sobre algún asunto. No necesariamente los asuntos por los que se vela o se interesan las personas son todos apropiados o buenos, muchos de ellos pueden estar generados por sentimientos pecaminosos que nos alejan del sentido apropiado de la conservación.

Por ejemplo, si una persona nueva llega a ingresar en un grupo determinado de personas, alguien puede oponerse a esa llegada, no porque piensa que puede dañar al grupo por una mala influencia, sino porque disminuye la atención que entre ellos se daban antes cuando el grupo era pequeño. Es decir, llegó Juan, y ahora toca repartir la sopa entre cinco y no cuatro.

Para otros, el sentido de conservación puede ser individualista: ¿Dónde está mi…? ¿No te presto esto porque es mío?

Otro ejemplo se da entre iglesias o denominaciones. Muchas iglesias no participan o se integran para trabajar juntas, no porque consideran el sentido propio y adecuado de las diferencias doctrinales, sino por el simple deseo de exaltar a su iglesia o a su grupo sobre el otro.

Si mira por lo suyo propio, eso se llama egoísmo y celo. Si mira por los suyos y no todos, a eso se llama separatismo, parcialidad o favoritismo. Cuando las iglesias trabajan solas o se apartan por sentido egoísta a eso se lo puede considerar como soberbia, vanidad y falta de amor sincero a Dios y Su obra.

El sentido de conservación es apropiado cuando velamos correctamente por el beneficio piadoso o santo de esos intereses, pero cuando no es así, simplemente ese sentido se vuelve pecaminoso.

Filipenses 2.4 Color

Pablo nos recuerda que nuestro sincero y piadoso interés debe basarse en el amor y la unidad, teniendo una meta común y apropiada. Debemos desechar las contiendas fundadas en cosas vanas y malas. Tenemos que ser todos humildes y no soberbios, mirando por sobre todas las cosas el beneficio de la otra persona antes que de uno mismo. Pero sobre todo ello necesitamos mirar el ejemplo de Cristo e imitarlo (Fil 2:2-5).

Recordemos, muchos de nuestros intereses aparentemente buenos pueden estar ‘escudados’ en una buena razón, pero realmente estar motivados por un pecado; pero también otros intereses son una evidencia plena de esos pecados. Procuremos siempre que nuestro sincero interés esté basado primero en el bien de los otros antes que en el nuestro propio.

 

«Dios, ayúdame a no ser egoísta, ni celoso, ni parcializado; sino como Cristo»

 

Gálatas 5:19-21

Y manifiestas son las obras de la carne, que son: … enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, … envidias, … y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto…”

Se preguntaban cómo sería

Hebreos 11.1 Anexo

Lucas 1:18-20, 34-38

Dijo Zacarías al ángel: ¿En qué conoceré esto? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada. Respondiendo el ángel, le dijo: Yo soy Gabriel, que estoy delante de Dios; y he sido enviado a hablarte, y darte estas buenas nuevas. Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo. […] Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios. Y he aquí tu parienta Elisabet, ella también ha concebido hijo en su vejez; y este es el sexto mes para ella, la que llamaban estéril; porque nada hay imposible para Dios. Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.”

 

Existe una gran diferencia entre la posibilidad de un proyecto y la forma de desarrollar el proyecto. La posibilidad expresa la capacidad o la opción de conseguirse algo, mientras que lo otro nos expresa la forma de conseguirlo. En la vida cristiana una cosa es hablar sobre la posibilidad de que se consiga una obra de parte de Dios y otra muy diferente es mirar las vías en cómo esa obra pueda llegar a cabo.

Zacarías y María enfrentaban circunstancias similares, pero que mirando con detalle encontramos una inmensa diferencia entre ellos. Ambos eran, hasta el momento de ser anunciados, personas que no tenían hijos y que por sus condiciones se hacía difícil que los tengan; Zacarías era una persona de edad y su esposa era estéril mientras que María era una doncella que no estaba casada y era virgen. Ambos fueron anunciados por un ángel del real deseo de parte de Dios de que lleguen a ser padres. Los dos se sorprendieron ante el anuncio. Tanto Zacarías como María le preguntan al ángel, pero la diferencia era que Zacarías cuestiona la posibilidad del milagro mientras que María pregunta la forma de cómo se desarrollaría el milagro.

La fe hizo la diferencia entre ellos; y aunque parecería que este pequeño detalle no hace la diferencia, dentro de la obra de Dios ese detalle marca un abismo de diferencia.

Hebreos 11.1 Color

La Biblia nos dice que “sin fe es imposible agradar a Dios”, y que sin esa fe Dios no premiará con bendiciones a quienes dudan (He 11:6). La fe marcó la diferencia entre la obediencia y la desobediencia para el pueblo de Israel y la conquista de la Tierra Prometida (Nm 14:1-12). La fe marcó la diferencia entre Saúl y David y cómo enfrentaron a Goliat y los filisteos (1 S 17:1-51). La fe marcó la diferencia para un padre que tenía un hijo endemoniado y la sanidad del muchacho (Mr 9:14-29). Fue la fe lo que hizo que Zacarías quedara mudo hasta el nacimiento de Juan el Bautista, mientras que María enfrentó con valor las complicaciones sociales de su embarazo virginal.

Es la fe la que pone en acción la maquinaria de Dios para lograr sus propósitos y la manera como nosotros respondemos ante las dificultades que se nos presentan. La fe nos lleva a agradar y a obedecer, mientras que la falta de fe nos aleja de las bendiciones y nos da desconfianza para seguir y obedecer. Con la fe vemos un puente mientras que sin ella vemos solo un abismo. ¿Cómo está su fe hoy?

 

«Padre, ayúdame a crecer en fe»

 

Hebreos 11:1

Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”