Es una bendición

Marcos 10.43 Anexo

Marcos 10:42-45

“Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos.”

 

El ser sirviente en la mayoría de los países es estatus de inferioridad. Son los “señores” quienes tienen sirvientes, y a ellos a quienes el siervo debe su respeto y obediencia. En el tiempo de Jesucristo muchas veces el siervo era un esclavo, pero si existían siervos por voluntad propia. Todos los siervos debían tratar con respeto y honra a sus señores.

A causa de este pensamiento negativo para muchos el servir es algo inferior y no digno. Pero para el Señor Jesucristo el servir representó una oportunidad para ministrar al hombre cubriendo sus necesidades.

Jesucristo les dio un ejemplo maravilloso a sus discípulos la noche previa a su muerte. Tomando una toalla y un recipiente con agua decidió lavar los pies sucios de sus discípulos momentos antes de la Cena (Jn 13:1-15). La manifestación más asombrosa de servicio se dio cuando, siendo Dios, no se aferró a su condición divina, sino que en forma humilde nació como hombre, se hizo siervo obediente, y entregó su vida para salvarnos (Fil 2:5-8).

Servir además significa administrar, ayudar, ministrar, expedir. De esta palabra griega (diakonéo) viene nuestra palabra en español diácono. Si miramos las posibles traducciones de “diakonéo” podemos entender que servir es realmente una bendición.

Marcos 10.43 Color

Los ángeles le sirvieron a Jesucristo después de su tiempo en el desierto donde fue tentado (Mt 4:11). La suegra de Pedro sirvió a Jesucristo y los discípulos después que fue sanada de su enfermedad (Mt 8:15). También podemos ministrar a los hermanos en la iglesia cuando ponemos nuestros dones al servicio y edificación del cuerpo de Cristo (Ro 15:25; 1 P 4:10, 11). El ser nombrado diácono en la iglesia es un honor recibido por un gran testimonio y que nos debe motivar a servir más y más (1 Ti 3:10-13). Los que administran con funciones o dones dentro de la iglesia están sirviendo con sabiduría los recursos que existen para aprovechar al máximo lo que Dios provee a ella (2 Co 8:19, 20). Servir es ayudar a alguien en necesidad, así como Cristo nos ayudó al hacerse siervo para ofrecernos salvación (Hch 19:22). Y la ministración a los nuevos creyentes, hablándoles del evangelio y ayudándoles con el discipulado, nos permite recibir una carta de recomendación expedida por el mismo Cristo y escrita por el Espíritu Santo en el corazón del creyente, lo que abala nuestro servicio a Dios y a los demás (2 Co 3:1-3).

Realmente el poder servir es un gran honor, una bendición; es extender una mano de amor para ser de bendición.

 

«Gracias Jesucristo por dar Tu vida en servicio para salvarnos»

 

Juan 13:14-15

Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis.”

Apareje primero su carga

Gálatas 6.1 Anexo

Gálatas 6:1-5

Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo. Porque el que se cree ser algo, no siendo nada, a sí mismo se engaña. Así que, cada uno someta a prueba su propia obra, y entonces tendrá motivo de gloriarse sólo respecto de sí mismo, y no en otro; porque cada uno llevará su propia carga.”

 

Cuando era niño solía ir de paseo a caballo con mi padre, mi tío abuelo, y algunos de los primos de papá. Desde la edad de 9 años me enseñaron a montar a caballo, y en las montañas de los Andes de mi país solíamos ir de excursión, caza y pesca por dos o tres días. Una bella aventura que siempre recuerdo por las múltiples memorias.

Pero cuando viajábamos necesitábamos colocar sobre los caballos la carga necesaria para esos días: carpas, bolsas de dormir, comida y más. Como era niño, desconocía bien cómo colocar adecuadamente la carga, y como era pequeño no alcanzaba a ponerla apropiadamente sobre el lomo de los caballos. Siempre tuve la suerte que un experimentado excursionista llegara a mi rescate para ayudarme, por supuesto, después de que ellos mismos habían colocado bien la carga sobre sus animales. Primero ellos, y cuando ya tenían todo listo, entonces venían en mi ayuda.

En la vida espiritual este ejercicio también puede ser aplicado al proceso del discipulado y la exhortación a los creyentes que necesiten ser edificados en sus vidas espirituales.

En el versículo cinco en Gálatas 6, Pablo nos recuerda que cada uno debe aprender a llevar “su propia carga”. Eso nos recuerda que un creyente debe recordar que, ante nada, nosotros somos responsables de nuestra propia vida espiritual. No podemos olvidar que tenemos nuestra responsabilidad ante Dios de crecer y llegar a la madurez. Como cuando salía de excursión, mis familiares eran responsables de la propia carga que su caballo llevaría, y que no se debía descuidar, y luego podían ayudar a otros.

Además, los creyentes podrán ser más efectivos en su ministración a los hermanos cuando manifiesten mansedumbre, es decir, controlados en su comportamiento al exhortar al hermano que haya pecado. Muchos podemos reaccionamos indignamente contra el pecado, pero descontroladamente también, eso siempre será perjudicial; por eso nos recuerda Pablo que debemos considerarnos a nosotros mismos cuando lo hacemos. Un gran aporte a la exhortación será el hacer una evaluación de nuestra vida primero, mirando que nosotros no estemos cometiendo el mismo pecado, además debemos considerar que nosotros somos pecadores y también pudimos, si ya no lo hacemos tan a menudo, haber cometido los mismos pecados o actuar de esa misma manera. Por último, recordemos que también podemos ser tentados de esos mismos pecados que ahora exhortamos, y que nadie está exento de pecar ante Dios (v. 1).

Gálatas 6.1 Color

La exhortación es sumamente importante para nuestra edificación, debemos tanto ser exhortados como exhortar a otros, pero si nos olvidamos que nosotros podemos o hemos estado en ambos lados del proceso, entonces la exhortación en vez de edificar puede llegar a ser una herramienta negativa. Antes de ayudar a otros con sus cargas miremos como ser encuentra nuestra propia vida espiritual y así nuestra exhortación será más significativa. Exhortar es sinónimo de restaurar. El proceso de restauración requiere cuidado, amor, y tiempo.

 

«Padre, Tú siempre me has exhortado con Tu Palabra y me has restaurado con Tu amor, ayúdame a ser más como Tú»

 

1 Corintios 4:14

“No escribo esto para avergonzaros, sino para amonestaros como a hijos míos amados.”

Siempre habrá razones

Deuteronomio 3.24 Anexo

Deuteronomio 3:24

“Señor Jehová, tú has comenzado a mostrar a tu siervo tu grandeza, y tu mano poderosa; porque ¿qué dios hay en el cielo ni en la tierra que haga obras y proezas como las tuyas?”

 

Una familia joven había tenido a su primogénito en sus brazos apenas unas pocas horas cuando los doctores determinaron que el bebé tenía una grave condición fisiológica que podría producir severos daños en el cuerpo y el cerebro del niño, mismos que podrían ser irreversibles. Con dolor y angustia clamaron a Dios para que en Su misericordia salve al infante de tan grave condición y que ninguna secuela quede. A los pocos días los doctores se quedaron asombrados al constatar que el niño se encontraba sano y sin efecto secundario alguno. Los padres sabían a Quién darle la gloria de ello, y fue ahí donde encontraron muchas razones más para confiar y adorar a Dios.

Cuando los problemas o las pruebas nos afectan la angustia nos embarga y el desconsuelo podrían afectar nuestra vida. En esos momentos parecería que no veríamos a Dios por ningún lugar, pero si confiamos en el Señor y esperamos, podremos verlo obrando, y en esos momentos tendremos muchas razones más para adorarlo.

Deuteronomio 3.24 Color

En la historia de la muerte y resurrección de Lázaro encontramos varios detalles que nos dan por lo menos 6 razones para adorar a Dios.

POR SU TIEMPO (Jn 11:1-6). Cuando Jesucristo se enteró de la condición de salud de Lázaro, y sabiendo que moriría por esa enfermedad, no apresuró sus pasos, sino que esperó a que muriera, porque deseaba hacer un milagro más grande de lo imaginado (Jn 11:4). El aparente retraso para el hombre difiere del perfecto tiempo de Dios.

POR SU INMUTABLE AMOR (Jn 11:3-5). En el relato nos afirma dos veces del amor de Jesucristo hacia Lázaro y sus hermanas. Pero recordemos que la falta de respuesta inmediata de parte de Dios no significa que existe falta de amor o que nuestro caso no sea de importancia para el Señor, sino que Dios tiene propósitos diferentes a los nuestros, pero Su amor nunca cambia.

POR SU CONOCIMIENTO (Jn 11:7-15). Todos los detalles de lo que sucedía a Lázaro, su enfermedad y muerte, además de cómo se sentían Marta y María, le eran conocidos. Los discípulos creían que Jesucristo hablaba de solamente estar durmiendo, cuando hablaba de la condición de Lázaro, pero Jesús les aseguró que su amigo estaba literalmente muerto (Jn 11:14). Dios conoce exactamente y con lujo de detalles lo que pasa, siempre podemos confiar en ello.

POR SUS SEGURAS PROMESAS (Jn 17:26). Jesucristo le aseguró a Marta que su hermano volvería a vivir, y así fue. Cuando el Señor le aseguraba que Lázaro resucitaría hablaba en serio.

POR SU EMPATÍA (Jn 11:28-35). Cuando Jesús llegó a la tumba lloró, pues le conmovió la muerte de su amado amigo (Jn 11:35). Jesús sabe exactamente qué es lo que nos pasa, cómo nos sentimos, y además siente lo mismo.

POR SU PODER (Jn 11:38-44). Jesucristo dio vida nuevamente a un hombre que estaba muerto por 4 días y hallarse ya en estado de descomposición. ¡Cuánto más no podrá hacer por nosotros!

Si miramos con atención las cosas que pasan en nuestras pruebas y dificultades, y cómo Dios obra en ellas, siempre encontraremos razones para adorarlo y alabarlo.

 

«Grande eres Tú, Señor, hacedor de maravillas»

 

Salmos 150:2

Alabadle por sus proezas; Alabadle conforme a la muchedumbre de su grandeza.”

Resolución que asombra

1 Pedro 2.21 Anexo

Marcos 10:32-34

Iban por el camino subiendo a Jerusalén; y Jesús iba delante, y ellos se asombraron, y le seguían con miedo. Entonces volviendo a tomar a los doce aparte, les comenzó a decir las cosas que le habían de acontecer: He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles; y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán; mas al tercer día resucitará.”

 

Los parques temáticos o de diversión, y sobre todo las montañas rusas, generan gran adrenalina y atraen a mucho turista y aficionado a las emociones extremas. Cada persona que se acerca a disfrutar de esos segundos de gran tensión y emoción cuentan que sus experiencias son asombrosas. Pero para aquellos que no disfrutan de estas emociones, contemplar el valor de estos intrépidos aventureros asombra y hasta atemoriza. Siempre habrá muchos que buscarán apasionadamente hallar estímulo en sus aventuras, y otros, como yo, que meditaremos mucho antes de considerar hacerlo.

Jesucristo estaba subiendo en el camino hacia Jerusalén, estaba llegando al final el ministerio terrenal del Salvador. Pero Él no iba timorato ni preocupado, iba adelante guiando al grupo de seguidores que, asombrados le seguían con miedo. Sus discípulos sabían muy bien las amenazas que estaban sobre el Señor, los fariseos habían determinado apedrearlo (Jn 9:22; 11:8, 57).

Sorprendentemente llama a sus más cercanos seguidores aparte y les anima con las siguientes palabras: “He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles; y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán…”. Deténgase un momento a meditar por favor. Piense en estas palabras del Señor por un instante. ¿Cómo hallaría usted aliento en ellas? Aparentemente no vemos ninguna palabra de consuelo hasta ahora, pero el Señor termina su explicación de una manera que debería desprender de nosotros un aleluya hasta el cielo; les dice para terminar: “…mas al tercer día resucitará.” (Mr 10:33, 34)

Jesucristo estaba caminado sobre la voluntad del Padre con tal resolución que asombraba aún a sus más íntimos amigos. Sabía que venía sufrimiento, pero todo esto tenía un propósito glorioso en los planes de Dios.

Nuestro caminar en la voluntad de Dios para nuestras vidas traerán siempre aventuras algo parecidas. Tendremos rechazo de algunos, limitaciones en otros momentos, sufrimientos, pruebas, pérdidas, tentaciones, y más. Jesucristo nunca ofreció una vida sencilla en nuestra vida junto a Él (Mt 8:20), pero si nos ofreció grandes victorias y muchas bendiciones (Jn 16:33).

1 Pedro 2.21 Color

Vivamos de tal manera que nuestra fe en Dios y nuestro caminar junto al Señor sea tal que muchos nos miren con asombro. Que nuestro testimonio sea tan impactante que el mundo nos vea caminar frente a ellos, y no detrás de otros. Si es que causamos miedo, que ese miedo sea por nuestra confianza en Dios, de tal manera que se cuestionen por qué lo hacemos, y entonces, si nos permiten, les podremos explicar cómo Cristo a sus discípulos: “Nuestra vida no es sencilla, pero siempre y al final existen grandes victorias junto a Dios”.

 

«Padre, que mi vida sea un testimonio de confianza y fidelidad»

 

1 Pedro 2:21

“Pues para esto fuisteis llamados; porque también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas.”

¿Qué es lo que está escrito?

Salmos 119.11 Anexo

Lucas 4:1-4

“Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán, y fue llevado por el Espíritu al desierto por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días, pasados los cuales, tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios.”

 

Cuando tenemos que tomar decisiones, debemos recordar que cada una de ellas va afectar nuestra vida, nuestra relación con los demás y nuestra relación con Dios. Afectarán el rumbo de lo que hacemos, llevándonos a conseguir resultados que pueden ser buenos o malos. No importa cuán sencilla que pueda parecer esa decisión, siempre va a traer implicaciones en nuestras vidas.

Pero cuando estas decisiones deben ser tomadas bajo la presión de las circunstancias se requerirá actuar prontamente, sin tiempo a analizar con tranquilidad lo que sucede y las posibles opciones de decisión, es ahí donde se prueba nuestra prudencia en función de la rapidez y la seriedad del hecho. ¿Qué hacer?

Jesucristo estaba enfrentando un problema similar; había estado en el desierto por 40 días y noches sin comer “nada en aquellos días”, su cuerpo demandaba alimentarse y requería hacer algo, fue en ese momento donde el diablo en forma astuta le presenta una idea aparentemente buena, pero que tenía el propósito de tentarlo (v. 2, 3).

Si nosotros hubiéramos estado en esa misma situación talvez hubiéramos pensado por un momento, reflexionaríamos y consideráramos la idea; si pudiéramos decir que fuéramos un poco prudentes talvez hubiéramos dicho: “déjame pensarlo y buscar consejo en algún amigo a ver qué piensa de ello”. Si quisiéramos manifestar nuestra espiritualidad diríamos: “Voy a orar y pedirle a Dios que me guíe para saber qué debo hacer, y después sabré que responderte diablo”. Aunque todo esto está bien, y es necesario, hay respuestas que no deben ser ni pensadas ni consultadas; esas respuestas deberían estar ya presentes en nuestro corazón y constantemente en nuestras mentes. Deberíamos responder con algo sencillo, pero poderoso: “Mira diablo, sé lo que dices, pero «escrito está…»”

Rápido, directo, claro, específico, significativo y correcto. Muchas de nuestras respuestas a las interrogantes que se nos presentan en el día a día están en la Palabra de Dios, y si la Biblia estuviera en nuestros corazones, saltarían las respuestas inmediatamente a nuestra mente dándonos la dirección a tomar sin temor a equivocarnos y con el propósito de bendecirnos y guiarnos al bien.

Salmos 119.11 Color

Santiago nos dice que bienaventurada es la persona que “soporta la tentación” que viene de la prueba (Stg 1:12). Cada momento crítico en nuestra vida es una prueba que nos enfrenta ante las opciones de pecar o hacer lo bueno ante Dios. Si la Biblia estuviera en nuestras vidas, Ella de por sí nos ayudaría a tomar la dirección adecuada y pronta. No necesitaríamos que meditar o consultar.

Si la prueba le lleva al punto de mentir o decir la verdad, ya sabe la respuesta. Si tiene que hacer algo indebido, no tiene por qué pensar en ello, haría lo que Dios espera. Muchas de nuestras respuestas son obvias y claramente expresadas en la Biblia. La próxima vez que enfrente una prueba y tenga que responder, solamente diga con confianza: “Escrito está…” y de seguro le irá bien ante Dios, y Él le bendecirá. Solo recuerde, escrito ya está.

 

«Gracias Señor por Tu Palabra, guía fiel y buena a mi vida»

 

Salmos 119:11

En mi corazón he guardado tus dichos, Para no pecar contra ti.”

“Por el nombre del Señor Jesús”

Hechos 21.13 Anexo

Hechos 21:10-13

“Y permaneciendo nosotros allí algunos días, descendió de Judea un profeta llamado Agabo, quien viniendo a vernos, tomó el cinto de Pablo, y atándose los pies y las manos, dijo: Esto dice el Espíritu Santo: Así atarán los judíos en Jerusalén al varón de quien es este cinto, y le entregarán en manos de los gentiles. Al oír esto, le rogamos nosotros y los de aquel lugar, que no subiese a Jerusalén. Entonces Pablo respondió: ¿Qué hacéis llorando y quebrantándome el corazón? Porque yo estoy dispuesto no sólo a ser atado, mas aun a morir en Jerusalén por el nombre del Señor Jesús.”

 

«Por fin, el tan esperado 19 de septiembre de 1853 había llegado. Hudson llegó al muelle en el momento en que la tripulación cargaba las últimas mercancías. Una vez en el barco, el camarero le llevó a su camarote – situado en la popa – que estaba recién pintado en honor del único pasajero durante aquella travesía. Su familia, el Sr. Pearse y un pastor local le acompañaron al camarote, oraron y leyeron salmos. Cuando por fin llegó la hora del adiós, Hudson se despidió de todos y abrazó a su madre por última vez. Poco después de que el grupo abandonara el barco, se soltaron las amarras y el Dumfries comenzó a alejarse lentamente del muelle adentrándose en el río Mersey. El capitán Morris ordenó el izado de las velas, y poco más tarde, empujado por el viento reinante, el velero iniciaba los aproximadamente cinco kilómetros de recorrido que separaban el muelle de la desembocadura del Mersey, en el mar de Irlanda. Hudson agitó los brazos incansablemente hasta que la silueta de sus familiares empezó a desaparecer en el horizonte. Para poder contemplarlos una última ocasión se subió a los aparejos. Por fin, a sus veintiún años, Hudson navegaba rumbo a China» (PERIPECIA EN LA CHINA, La vida de Hudson Taylor Janet & Geoff Benge)

Esta no sería la última vez que Hudson Taylor vería a su madre. En otro relato se nos cuenta que antes de despedirse, su madre y Hudson se quedaron solos al final de esa reunión en el camarote y oraron juntos. Años después volvería a ver a su madre para pasar navidad con ellos en Inglaterra. Pero en otro viaje más, mientras Hudson se hallaba en China, su madre falleció.

Pensar que su madre y su hermana Amelia fueron las promotoras de esa fe desafiante. Amelia, de catorce años, oraba por su hermano tres veces por día hasta que Hudson se reconciliara con Cristo; mientras que su madre, el mismo día que Hudson leía un folleto evangelístico que afirmaba “La obra completa de Cristo”, oró por él fervientemente por varias horas. Esto hizo que esa tarde de junio del 1849, el futuro misionero, recibiera a Jesús como su Salvador.

El sacrificio que hacen los misioneros y sus familias va más allá de cualquier costo imaginado. La vida de estos intrépidos aventureros, portadores de las Buenas Nuevas, es digna de ser honrada e imitada. Dejan atrás todo nexo familiar por los sueños de Dios. El mejor motivador y gran ejemplo es Cristo, Su Nombre y Su sacrificio.

Hechos 21.13 Color

Cristo entregó todo por salvar al hombre; dejó Su trono, se hizo hombre, habitó con limitaciones, dejó a su madre al cuidado del Apóstol Juan, y murió en la cruz, todo para salvarnos. Ese sacrificio salvó la vida de Pablo, de Hudson, y muchísimos más que han creído en Él. Pero ellos, al igual que muchos misioneros que han seguido esos pasos, han decidido entregar sus vidas para más escuchen del amor de Cristo.

Pablo estaba dispuesto a morir si fuera necesario en Jerusalén, Hudson Taylor estaba dispuesto a no volver a su mamá por ir a China, ¿Qué está dispuesto usted hacer “por el nombre del Señor Jesús”?

 

«Jesucristo, Tú eres ejemplo de sacrificio y Tu Nombre digno de ser honrado con toda nuestra vida»

 

Marcos 8:34

“Y llamando a la gente y a sus discípulos, les dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame.”

Detenimiento y meditación

Salmos 1.2 Anexo

Salmos 1:1-3

“Bienaventurado el varón que no anduvo en consejo de malos,
Ni estuvo en camino de pecadores,
Ni en silla de escarnecedores se ha sentado;
Sino que en la ley de Jehová está su delicia,
Y en su ley medita de día y de noche.
Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas,
Que da su fruto en su tiempo,
Y su hoja no cae;
Y todo lo que hace, prosperará.”

 

Al terminar la lectura de una reflexión sobre un pasaje me disponía a leer un poco de la Biblia en mi tiempo devocional. Cuando estaba por iniciar la lectura en la Biblia me detuve inmediatamente, fue como si el Espíritu Santo me hubiera dicho: “¿Ya meditaste en lo que leíste? ¿Sabes de que se trataba la lectura? ¿Qué pudiste sacar de provecho de lo que acabaste de leer?” En ese instante reflexioné sobre lo leído, se trataba acerca la misericordia de Dios. Si no hubiera sido por esa “llamada de atención” no hubiera apreciado la increíble misericordia de Dios sobre mi vida. Muchos de nosotros podemos pasar tiempo “leyendo” la Biblia o nuestro devocional sin ni siquiera reflexionar sobre lo que hemos leído.

Otro problema que tengo es hacer una lectura sin entendimiento o apreciación de lo que leo. Existen momentos en los que debo que leer dos o tres veces para realmente poner atención a lo que estoy leyendo, parecería que mis ojos se pasearan por las líneas del párrafo y mi mente no asimila nada de lo mirado a “vuelo de pájaro”, es ahí donde he tenido que disciplinarme.

Para que la lectura de la Palabra de Dios tenga significado y vaya a influenciar sobre nuestras vidas debemos leer con detenimiento, y después de hacerlo, reflexionar sobre lo leído.

El salmista nos dice que la “ley de Jehová” era su “delicia” (v. 2), eso quiere decir que la lectura de la Biblia le era un placer. Como un postre favorito que lo degusta lentamente para saborearlo por completo, que así sea la lectura de la Biblia, una delicia.

El escritor no solo se deleitaba en Ella, sino que meditaba en lo que había “saboreado”, reflexionaba en sus “sabores” y “textura” y profundizaba en cuan exquisito había sido cada “bocado”. ¿Así leemos la Biblia?

Salmos 1.2 Color

Si seguimos los planes de lectura de la Biblia en un año, esos planes requieren por lo menos leer 3 o 4 capítulos al día, y eso es fantástico; pero permítame expresarle algo, si lo que leyó lo realizó en forma mecánica y no analítica, no le habrá ayudado mucho. Mejor lea un capítulo o un párrafo y saque todo el provecho posible y logrará más que leer la Biblia, llegará a darle cabida a la Palabra de Dios, y será Ella quien le transforme. No tendrá mayor valor lo tanto que he leído, sino lo tanto que he aprendido.

Cuando lea, mire a quién se refiere, qué es lo que dice, porqué lo dice, que puede usted usar para bien de su vida, cómo eso le puede dar una guía en su vida. Qué dice de Dios, de nuestro pecado, de nuestra necesidad, de nuestras decisiones, etc. Si sólo leyéramos un versículo y sacáramos de él su máximo provecho, habremos obtenido más que leyendo todo un libro sin retener nada de él.

 

«Dios, te alabo por lo provechosa que es Tu eterna Palabra»

 

Salmos 119:97

“¡Oh, cuánto amo yo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.”

¿Qué es lo que tiene «en sus manos»?

Éxodo 4.2 Anexo

Éxodo 4:1-5

“Entonces Moisés respondió diciendo: He aquí que ellos no me creerán, ni oirán mi voz; porque dirán: No te ha aparecido Jehová. Y Jehová dijo: ¿Qué es eso que tienes en tu mano? Y él respondió: Una vara. Él le dijo: Échala en tierra. Y él la echó en tierra, y se hizo una culebra; y Moisés huía de ella. Entonces dijo Jehová a Moisés: Extiende tu mano, y tómala por la cola. Y él extendió su mano, y la tomó, y se volvió vara en su mano. Por esto creerán que se te ha aparecido Jehová, el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob.”

 

Si se hiciera una encuesta entre los creyentes que asisten a una iglesia y que se rehúsan a servir a Dios, muchos podrían decir que no están capacitados para alguna específica función dentro de la iglesia o que creen no tener nada que Dios pudiera usar para participar en ella. Esa es una respuesta inapropiada basada en una perspectiva incorrecta.

Dios había llamado a Moisés a liberar al pueblo israelita del yugo egipcio (Ex 3). El Señor le había encomendado una tarea maravillosa, pero en su temor y falta de visión, Moisés argumentaba que no le escucharían ni le creerían. Presentaba una excusa inapropiada para evitar aceptar la responsabilidad del llamado de Dios. Indica que no le creerán ni le escucharán porque dirían que Dios mismo no se le había presentado (Ex 4:1). El Señor en Su paciencia y sabiduría le pregunta: “¿Qué es eso que tienes en tu mano?”, a lo que Moisés le responde: “Una vara” (Ex 4:2). Y ya sabemos el resto de la historia, la vara que llevaría Moisés durante esos cuarenta años se convertiría en un instrumento de Dios para Sus propósitos. No es que la vara tenía poder en sí misma, era el instrumento de Dios en manos de Moisés, pero representó para Moisés el recordatorio de la PRESENCIA, PODER y AUTORIDAD dada por Dios en su ministerio.

Dios no requirió de una gran espada ni una fuerte armadura para darle la victoria a David contra Goliat, solamente necesitó de una “honda y piedra” (1 S 17:38-40, 50). Jesucristo no necesitó de mucho dinero y un supermercado cerca para alimentar a cinco mil hombres, solamente requirió de “cinco panes de cebada y dos pececillos” que un muchacho tenía en sus manos para dar de comer, y hasta sobró (Jn 6:5-13).

Muchas veces creemos que no tenemos nada para ofrecer a Dios y ser usados por Él, pero la verdad es que cada creyente tenemos más de lo que pensamos en nosotros para ser usados por nuestro Dios.

Éxodo 4.2 Color

Dios nos ha dado el Espíritu Santo para capacitarnos en nuestra vida cristiana, y es Su poder el que obra a través de nosotros, no nuestra propia capacidad (Zac 4:6). Dios nos ha dado dones sobrenaturales para que los ministremos apropiadamente para beneficio de la iglesia (Ro 12:3-8; 1 Co 12:1-31; Ef 4:11-13). El mismo Señor Jesucristo nos ha investido con Su autoridad para llevar el evangelio y discipular (Mt 28:16-20). DIOS nos ha DOTADO con Su PRESENCIA, PODER y AUTORIDAD para servirle; lo que tenemos “entre nuestras manos” sobrepasa cualquier expectativa de capacidad; solamente necesitamos estar limpios y con deseo de servir (2 Ti 2:21).

 

«Jesús, Tú nos diste ejemplo de servicio»

 

Mateo 20:28

“Como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir…”