Día del Recuerdo del Holocausto

Marcos 13.31 Anexo

Marcos 13:26-31

Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria. Y entonces enviará sus ángeles, y juntará a sus escogidos de los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. De la higuera aprended la parábola: Cuando ya su rama está tierna, y brotan las hojas, sabéis que el verano está cerca. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, conoced que está cerca, a las puertas. De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán.”

 

Yom Hashoah o Día del Recuerdo del Holocausto; sucede en el día 27 de Nisán del Calendario hebreo. Este día es recordado anualmente como día en memoria de las víctimas del Holocausto, siendo feriado nacional en Israel. A las 10:00 horas del Yom Hashoah, las sirenas aéreas suenan durante dos minutos. Los vehículos de transporte público paran por este período y las personas permanecen en silencio. Durante el Yom Hashoah, establecimientos públicos son cerrados, la televisión y la radio transmiten canciones y documentales sobre el Holocausto y todas las banderas quedan a media asta. En el año 2017 este día se conmemoró el domingo 23 de abril.

El propósito de este día es recordar y honrar las vidas de los más de 6 millones de judíos que fueron torturados y asesinados por la Alemania Nazi de Adolfo Hitler. Se recuerda con gran dolor el hallazgo de los campos de concentración donde millones de judíos fueron asesinados y otros más fueron forzados a trabajar hasta morir. Se calcula que la mitad de la población mundial de judíos en aquella época perecieron bajo la “Solución Final de Hitler”.

Israel es para los cristianos y para el mundo entero, por así decirlo, el monitor de las actividades del Señor. Desde el mismo inicio de la nación israelita como pueblo escogido por Dios (Gn 15:1-5), el Señor ha expresado cientos de profecías en Su Palabra referente a los hijos de Abraham. Su amor por ellos y Sus planes eternos con la nación, a la cual la considera la “niña de su ojo” (Zac 2:8), son de vital importancia para los creyentes.

Desde los cautiverios a las naciones de Israel y la de Judá (La nación del norte y la nación del sur), Israel no poseía como nación misma la soberanía sobre la Tierra Prometida. A causa de los pecados de ellos Dios los dispersó por todo el mundo, como lo dijo en Su Palabra (Dt 28:32-37, 48-52, 64-66); y así como los dispersó, prometió restauración (Is 43:5-7; Jer 31:10). La final glorificación de esa nación se dará cuando el mismo Jesucristo venga por segunda vez a reinar por mil años (Jer 23:5-8).

El 29 de noviembre de 1947 la Asamblea General de las Naciones Unidas, bajo la resolución 181, decidió devolver a Israel parte de los territorios que le pertenecían para que los ocuparan en forma soberana junto al pueblo árabe apostado en esa región (Palestina).

El Plan de Dios para Israel será retomado en forma más amplia y directa durante los siete años de la Tribulación, donde Dios mismo se volverá a Su pueblo para restaurarlo y salvarlo, obviamente, en contra del deseo de las naciones que, gobernadas por el anticristo, tratarán de evitarlo.

Marcos 13.31 Color

Como creyentes debemos orar por Israel, pues ellos son quienes han sido y serán bendecidos por amor a Abraham y David (Jer 33:23-26), es gracias a un hijo de Abraham que la “raíz de Isaí”, Cristo, nació para salvar al hombre (Is 11:10; Ro 15:12); y los creyentes no judíos hemos sido injertados como “olivo silvestre” en las bendiciones eternas de Israel (Ro 11:16-24). Dios hasta ahora ha cumplido con Israel y seguirá haciéndolo, Su Palabra es fiel y segura.

 

«Gracias por Tu Palabra, fiel testimonio de Tu voluntad»

 

Salmos 122:6

Pedid por la paz de Jerusalén; Sean prosperados los que te aman.”

Política “Anticorrupción”

 

Lucas 3.13, 14 Anexo

Lucas 3:12-14

“Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? Él les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado. También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario.”

 

Según Sayed y Bruce definen a la corrupción como «el mal uso o el abuso del poder público para beneficio personal y privado». Es bien conocido que la corrupción ha alcanzado los niveles más altos en los últimos años, y que muchos de nuestros países se han visto envueltos en esta enfermedad político-socio-económica que está destruyendo nuestras naciones.

Las formas de corrupción pueden variar, pero las más comunes son el uso ilegítimo de información privilegiada y el patrocinio; además de los sobornos, el tráfico de influencias, las extorsiones, los fraudes, la malversación, la prevaricación, el caciquismo, el compadrazgo, la cooptación, el nepotismo, la impunidad, y el despotismo. Todas estas formas de corrupción destruyen el correcto funcionamiento de las normas o políticas de desarrollo institucional y gubernamental, es decir, la manera como debe operar una institución o gobierno y sus funcionarios.

Es sabido también que este comportamiento anormal de los funcionarios ha llevado al público en general a participar de esta corrupción para poder conseguir lo que se desea entregando lo que el funcionario solicita.

Pero la corrupción lamentablemente ha existido por años. Cuando Juan el Bautista estaba ministrando en el tiempo de nuestro Señor Jesucristo, muchos de los colectores de impuestos y soldados venían a escucharlo (Lc 3:12, 14). Mientras Juan llamaba al pueblo a cambiar sus vidas y a mostrar frutos de arrepentimiento (Lc 3:8) estos funcionarios públicos preguntaron: “¿qué haremos?”, a lo que Juan les dice: “No exijáis más de lo que os está ordenado… No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario.”

La honestidad no solamente es necesaria en nuestra sociedad actual, sino que es exigida y esperada por Dios (Pr 20:10; Ez 45:9, 10). Los funcionarios no deberían solamente no exigir indebidamente, sino que también no deberían recibir soborno (1 R 13:8), nuestros líderes deberían ser honestos (1 S 12:1-5), y nosotros tampoco deberíamos participar de esa corrupción otorgando lo que nos exigen, si es que lo que piden no está estipulado en la ley o en las políticas de la empresa.

Lucas 3.13, 14 Color

Para que la honestidad exista debe haber la decisión personal de cada individuo de no contaminarse con la corrupción. Pero la honestidad muchas veces nos llevará a sufrir las consecuencias malignas y negativas de la corrupción. El honesto talvez no consiga lo que es debido por no sobornar; talvez sufra pérdida por no participar de la extorsión; y hasta no llegue a tener mucho a causa de sus actos justos; pero es preferible comer un pedazo de pan con un vaso de agua con las manos limpias y el corazón tranquilo ante Dios que comer manjares con las manos manchadas de corrupción y beber en los vasos negros de la maldad. Vivir piadosamente (honestamente) puede llevarnos a sufrir, pero aún eso lo sabe Dios, y Él tarde o temprano nos recompensará (2 Ti 3:12; Comp. Pr 12:3). Como dijo Pablo, renunciemos “a la impiedad y a los deseos mundanos” (Tit 2:12).

 

«Padre, sea que sufra o pierda, mejor es honrarte a Ti con mi vida y lo que hago»

 

Salmos 25:21

Integridad y rectitud me guarden, Porque en ti he esperado.”

Reconocimiento concedido

Juan 10.28 Anexo

Juan 10:14-15, 27-28

“Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. […] Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.”

 

En un acto de gran altruismo y apoyo, ante un profundo y lamentable momento que aconteció a un equipo de fútbol brasileño, un club colombiano presentó una carta de petición el 30 de noviembre del 2016 a la CONMEBOL (Confederación Sudamericana de Fútbol). En dicha carta solicitaban a la entidad reguladora que se le entregue el título de campeón de la Copa Sudamericana al club brasileño en honor a la tragedia que había embargado al mencionado equipo, y que trajo gran dolor al deporte. Por motivo de tan loable petición, el Consejo de la CONMEBOL decidió conceder el título de Campeón al club brasileño bajo petición del homólogo colombiano. Hechos como estos resaltan un gran espíritu de solidaridad de los hombres, digno de ser imitado.

La Biblia nos habla de un ejemplo mucho más grande de compasión y generosidad. Hablando Jesucristo con quienes lo seguían, les comunica que estaba por dar Su vida por quienes no tenían esperanza y a quienes amaba mucho, Sus ovejas (Jn 10:15). Su sacrificio en la cruz sería el pago que se requería para que el hombre pueda hallar perdón de sus pecados. El pecado apartaba al hombre de Dios, pero en Su Plan, había una manera de otorgarle o de concederle al hombre vida eterna, y para ello Jesús moriría.

Jesucristo expresó una profunda verdad que revela la iniciativa y la fuente de la salvación: “YO les DOY vida eterna” (Jn 10:28 – Mayúsculas añadidas). La palabra “doy” es un verbo activo e indicativo. Esta expresión declara Quién es el Dador y cuál es el don entregado. Jesucristo está expresando que es Él mismo Quien otorga, concede, o da la vida eterna. El verbo también nos enseña que es una decisión unilateral de generosidad, y que el don de la vida eterna no es algo alcanzado por méritos del receptor de tal don, sino que es un acto que implica iniciativa única del Dador.

Juan 10.28 Color

Dios otorga al hombre salvación y vida eterna como un regalo (Ro 3:22-24; 6:23), el ser salvo no es un reconocimiento obtenido por ningún medio que el hombre pudiera hacer (Ef 2:9), es una gracia que Dios la ofrece de forma unilateral a la persona que cree (Ef 2:8).

Para que el hombre pueda ser salvo Cristo otorga Su “título” de Justo al hombre; y Él, Cristo, recibe el “título” de pecador por parte del hombre; a esto se le conoce como “doble imputación” (2 Co 5:21).

 

«Gracias Jesucristo por darme vida eterna, no la merecía, pero Tú me la otorgas»

 

2 Corintios 5:21

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”

“Porque así hacían sus padres”

Juan 17.3 Anexo

Lucas 6:22-26

“Bienaventurados seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí, y os vituperen, y desechen vuestro nombre como malo, por causa del Hijo del Hombre. Gozaos en aquel día, y alegraos, porque he aquí vuestro galardón es grande en los cielos; porque así hacían sus padres con los profetas. Mas ¡ay de vosotros, ricos! porque ya tenéis vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los que ahora estáis saciados! porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que ahora reís! porque lamentaréis y lloraréis. ¡Ay de vosotros, cuando todos los hombres hablen bien de vosotros! porque así hacían sus padres con los falsos profetas.”

 

Jesucristo se encontraba frente a sus discípulos y a un grupo de fariseos. Los fariseos cuestionaban la conducta de Él y los suyos, y mientras la multitud escuchaba, el Señor comienza a hablar sobre las “bienaventuranzas y los ayes”, estos últimos, un grupo de expresiones que criticaba la inapropiada conducta de los sacerdotes, fariseos y saduceos que, con sus malas enseñanzas y falsa vida, apartaban al pueblo de la verdad y de Dios, llevándolos a una vida religiosa falsa y sin relación con Dios.

A Sus seguidores les anima a seguir adelante con bienaventuranzas (Lc 6:20-23), expresándoles que ellos seguían y vivían la verdad, y que a causa de eso los falsos maestros los criticaban y los consideraban indignos de Dios, a lo que Jesús les recuerda que, así como ellos ahora eran maltratados y criticados, así hicieron antes los “padres” con los profetas enviados por Dios mismo (Lc 6:23b). Al mismo tiempo Jesús criticaba a los fariseos porque ellos, creyéndose ricos espiritualmente, se consideraban superiores a los demás; les recuerda que, así como ellos ahora exaltaban su propia vida religiosa, así sus “padres” alababan a los falsos profetas (Lc 6:24-26).

Actualmente también existe mucha gente que sigue y se aferra a una falsa religión enseñada por sus padres y abuelos y se niegan a conocer la verdad porque sienten que la religión que sus padres han seguido es la correcta, rechazando por esa causa a Dios y Su verdad.

Dios nos pide que honremos a nuestros padres, y eso es bueno; pero cuando se trata de Dios y Su absoluta verdad tenemos nuestra responsabilidad ante Él de considerar analíticamente si la religión en la que hemos sido enseñados es la correcta o no. Muchas veces nos aferramos tan profundamente a nuestras tradiciones adquiridas por generaciones que nos alejamos negativamente, y en forma autodestructiva, de las verdades de la Palabra de Dios.

Cada uno de nosotros, y en forma individual, tenemos la responsabilidad ante el Señor de buscar la verdad. Tenemos que hacer un análisis sincero y de corazón de lo que hemos aprendido de Dios y de Su doctrina, y evaluar si hasta ahora hemos seguido la verdad o no, para continuar o cambiar.

Lo maravilloso es que Dios mismo está deseoso de ayudarnos a encontrar Su verdad, acerca de Su deidad y Su voluntad. Nos ha dado la Biblia para que la conozcamos, y con la obra del Espíritu Santo nos capacitará a conocerla. Cuando Jesús le preguntó a Pedro sobre lo que Su discípulo creía acerca de Él, Pedro le responde que sabía que era el “Cristo”, a lo que Jesús le confirmó que ese conocimiento le había sido revelado por obra misma de Dios Padre (Mt 16:15-17). Dios mismo quiere ser conocido, y Él mismo nos ayudará hacerlo.

Juan 17.3 Color

Busque a Dios de corazón, trate de conocer Su verdad en Su Palabra, y después mire si está siguiendo una buena enseñanza, o solamente sigue a una falsa doctrina y religión que los otros le han enseñado.

 

«Dios, quiero conocerte sólo a Ti, Tu Palabra y Tu verdad, ayúdame te lo pido»

 

Juan 17:3

“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.”

Estaban buscando al “Panadero”

Juan 6.35 Anexo

Juan 6:26-27, 31-34

“Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. […] Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer. Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.”

 

El pueblo había sido alimentado por Jesucristo a través del milagro de la multiplicación de los panes y los peces; cinco mil varones, sin contar mujeres y niños (Jn 6:1-14). Al ver las intenciones de ellos que deseaban hacerlo rey porque les dio de comer, decidió apartarse para evitar que lo tomaran como tal, pues el propósito de Cristo era morir en la cruz (Jn 6.15).

Jesucristo envió a sus discípulos que cruzaran en una barca al otro lado del mar mientras que “él despedía a la multitud” (Mt 14:22). En la noche cruzó el mar caminando sobre las aguas y alcanza a sus discípulos que batallaban en el mar, e inmediatamente calmada la tormenta, llegaron a Capernaum (Jn 6:16-21). Pero la gente que quedó atrás quería más de Jesús, así que apenas se enteraron que el Señor había cruzado, emprenden el viaje para alcanzarlo (Jn 6:22-24).

Cuando lo encuentran, el Señor les expresa una aseveración muy clara y fuerte: “De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis.” (Jn 6:26) Ellos lo buscaron, no porque realmente querían estar con Jesucristo y escucharle más de sus enseñanzas, sino porque buscaban al “Panadero” para que saciara su estómago.

¿Qué es lo que sacia su vida en este momento? ¿Cuál cree usted que puede ser la aseveración que Jesucristo diría en cuanto a las razones por las que usted se acerca a Dios? Muchas veces podemos estar buscando a Dios, pero las motivaciones sinceras no ser las adecuadas. Si bien Jesucristo suple nuestras necesidades básicas, y eso lo mostró al alimentar a esa multitud, Su mayor anhelo no es llenar nuestras alacenas de comida y nuestro closet de ropa, el mayor deseo de Jesús es que lo busquemos apropiadamente para llenar nuestras vidas de nuestras más grandes necesidades, las espirituales.

Juan 6.35 Color

La multitud lo buscó como el Ser que llenaría su estómago, pero Jesucristo quería llenar sus vidas con el conocimiento de Él mismo. No quería ser el panadero, sino que quería que lo vean como el Pan de Vida (Jn 6:35). El enfoque es el Sujeto de nuestra búsqueda.

La búsqueda de cosas materiales llena nuestras vidas temporalmente, pero Jesús quiere llenarla de cosas espirituales y eternas.

 

«Jesucristo, solo en Ti encuentra mi ser lo que realmente más necesito»

 

Juan 6:35

“Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.”

Esfuerzo provechoso

Lucas 6.48 Anexo

Lucas 6:46-49

¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo? Todo aquel que viene a mí, y oye mis palabras y las hace, os indicaré a quién es semejante. Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca. Mas el que oyó y no hizo, semejante es al hombre que edificó su casa sobre tierra, sin fundamento; contra la cual el río dio con ímpetu, y luego cayó, y fue grande la ruina de aquella casa.”

 

Existe una notable diferencia entre las personas que construyen o edifican estructuras. Es muy conocido que entre más se cave mayor será el fundamento de la edificación. ¿Podría imaginarse construir un edificio de cien pisos sin haber cavado un centímetro de terreno para poner sus bases? ¿Y qué hay de una casa en un peñasco arenoso? Es obvio que ninguno de ellos se sostendrá lo suficiente, cada uno de ellos caerá irremediablemente ante cualquier embate de la naturaleza.

Jesucristo hace esta analogía para mostrarnos la necesidad de edificar nuestra vida en la obediencia. Hace la comparación entre la persona que edifica sobre la arena y la que lo hace sobre una roca (Mt 7:24-27), la posibilidad de mantener firme una vida próspera se basa en el fundamento, y el medio para fundar nuestra vida está en la obediencia a la Palabra de Dios.

Una persona obediente pone los fundamentos de su vida sobre la guía de Dios, Su soberanía y sabiduría; la persona que no obedece pone esos fundamentos en su propia prudencia. A los primeros el Señor los llama prudentes, mientras que a los otros los llama insensatos (Mt 7:24, 26).

Lucas 6.48 Color

Solamente en el Evangelio de Lucas encontramos unos verbos que implican algo más que simple obediencia, estas palabras demuestran además esfuerzo, determinación y entendimiento: “cavó y ahondó y puso” (Lc 6:48). La persona prudente entiende que se necesita esforzarse para cavar, se requiere determinación para cavar hondo, y se requiere entendimiento para saber dónde poner el fundamento.

La obediencia a Dios requiere esfuerzo para hacer tal cual Él nos pide que hagamos. Muchas veces este esfuerzo demanda constancia, paciencia, confianza y sometimiento a la voluntad de Dios. No todo lo que el Señor espera de nosotros es sencillo, pero si es provechoso. Juan, en su Primera Carta, nos dice que los “mandamientos” de Dios “no son gravosos” (1 Jn 5:3), queriéndonos decir que no son tan pesados de cargar ni duros de cumplir, al contrario, son sencillos cuando entendemos lo beneficiosos que son, y es ese entendimiento lo que nos motivará a cumplirlos, a cavar, hondar y colocar nuestro fundamento sobre la roca.

¿Quiere tener una vida próspera? Escuche a Dios, esfuércese por cumplir Su voluntad, y verá como su vida estará colmada de bendiciones. ¿Quiere una vida calamitosa? Siga su propio parecer y la obtendrá.

 

«Señor, ayúdame a escuchar, entender y practicar solamente Tu voluntad»

 

Proverbios 3:5

Fíate de Jehová de todo tu corazón, Y no te apoyes en tu propia prudencia.”

 

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“Como dijo” (NUESTRA PASCUA VI)

Mateo 28.6 Anexo

Mateo 28:1-2, 4-6

“Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la otra María, a ver el sepulcro. Y hubo un gran terremoto; porque un ángel del Señor, descendiendo del cielo y llegando, removió la piedra, y se sentó sobre ella. […] Y de miedo de él los guardas temblaron y se quedaron como muertos. Mas el ángel, respondiendo, dijo a las mujeres: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí, pues ha resucitado, como dijo. Venid, ved el lugar donde fue puesto el Señor.”

 

Jesucristo había muerto en la cruz, antes de que anochezca José de Arimatea fue a Pilato para que le entregara el cuerpo del Señor y así pudiera sepultarlo; envolviéndolo en una sábana puso el cuerpo en la tumba, hizo “rodar una gran piedra” y “se fue” (Mt 27:57-60). María Magdalena y la otra María miraron donde colocaban al Señor (v. 61).

Los sacerdotes y fariseos quisieron evitar algún alboroto mayor del pueblo, por lo que pidieron al gobernador romano que asegurara el sepulcro hasta el tercer día para evitar que los discípulos vengan de noche y hurten el cuerpo y después digan que Cristo había resucitado. Pilato, aceptando el pedido, les da una guardia de por lo menos 4 soldados para que cuiden el sepulcro y pusieran un sello sobre la piedra (Mt 27:62-66).

Cuando las mujeres llegaban al sepulcro el primer día de la semana hubo un gran terremoto que sacudió la tierra; el ángel remueve la piedra y los espectadores contemplan que el cuerpo de Cristo ya no estaba allí, había resucitado, “como dijo” nuestro Señor, explica el ángel (Mt 28:6).

Tanto el ángel, María Magdalena, la otra María, los discípulos, y muchos sabían que Jesucristo había dicho que resucitaría, esto no debía sorprenderlos, era el cumplimiento de Su Palabra (Mt 16.21; Mr 10.33–34; Lc 18.31–33). Aunque los sacerdotes no lo creyeron, si habían entendido lo que el mismo Señor les había dicho (Mt 12:40; 16:4). No fue coincidencia, era un hecho real proclamado mucho antes de que sucediera.

Jesucristo ciertamente resucitó tal cual Él dijo, pero el Señor también ha proclamado varias promesas para el futuro de quienes creen en Él, y que, aunque no se hayan cumplido aún, ciertamente sucederán. Prometió que tendrá preparada una morada para los creyentes (Jn 14:2, 3); prometió que vendrá por segunda vez a llevar a los creyentes para librarlos de la gran tribulación (Mt 24:44-46); prometió que estaremos en Su reino (Mt 25:34); y además prometió que, por nuestra fe, los que creamos en Él, seremos resucitados tal cual Él lo hizo y que no moriremos eternamente (Jn 11:25, 26).

Si la promesa de Cristo de resucitar a los creyentes no fuera cierta, entonces, como lo dice Pablo, fuéramos “dignos de conmiseración” (1 Co 15:12-19); pero gloria a Dios que nuestro Salvador vive, y que resucitó tal cual Él dijo, y si ello cumplió, de seguro Sus promesas de nuestra resurrección y vida eterna son ciertísimas también.

Si usted quiere estar seguro que un día resucitará para pasar la eternidad en el cielo junto al Señor, lo que debe hacer es creer en Él en su corazón, confesar su condición de pecado, pedir perdón, y declarar con fe que Jesús murió por sus pecados para salvarlo y que también resucitó (Ro 10:9-10).

 

«Señor Jesucristo, Tú moriste por mis pecados, pero también resucitaste para mi esperanza, sólo Tú eres mi Salvador»

 

1 Corintios 6:14

“Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder.”

“Consumado es” (NUESTRA PASCUA V)

Juan 19.30 Anexo

Juan 19:17-18, 28-30

“Y él, cargando su cruz, salió al lugar llamado de la Calavera, y en hebreo, Gólgota; y allí le crucificaron, y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio. […] Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba consumado, dijo, para que la Escritura se cumpliese: Tengo sed. Y estaba allí una vasija llena de vinagre; entonces ellos empaparon en vinagre una esponja, y poniéndola en un hisopo, se la acercaron a la boca. Cuando Jesús hubo tomado el vinagre, dijo: Consumado es. Y habiendo inclinado la cabeza, entregó el espíritu.”

 

Jesucristo había estado esperando este momento durante toda Su vida. Desde la misma eternidad había contemplado este instante glorioso, sublime, justo, necesario (1 Pe 1:18-20). La Luz había venido a iluminar al corazón del hombre que se encontraba en oscuridad por sus pecados (Jn 1:9), pero para que el hombre halle salvación el Salvador tenía que pagar por el pecado.

El profeta Isaías hace mención de Su sufrimiento y de Su propósito de la manera más hermosa, pero también dolorosa:

 

Isaías 53:3-10

Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él… Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca… por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura… Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento…”

 

En este pasaje leemos 21 palabras o frases que hacen referencia a Su dolor y sufrimiento, todo esto Cristo lo sufrió por nuestros pecados. Pero maravillosamente en este pasaje de Isaías leemos una frase que resume gozosamente lo que el Señor encontraría al final de todo este dolor, Él vería el fruto de la aflicción de su alma”, y quedaría “satisfecho” porque este dolor proveería la justificación de “muchos” llevando sus “iniquidades” (Is 53:11).

Cuando estaba en la cruz sabía “que ya todo estaba consumado” (Jn 19:28), había llegado a la cruz sin pecado, pero llevando nuestro pecado. Lo que faltaba era morir, ese sería el castigo por nuestro pecado que Él libremente lo recibía por Su inmenso amor por nosotros. Su última frase antes de entregar su espíritu fue: “CONSUMADO ES” (Jn 19:30, mayúsculas añadidas). Este grito agónico y lleno de gran dolor y angustia no era un grito de desesperanza, era un grito de victoria. Como el héroe que antes de morir grita por la victoria, nuestro Grandioso Salvador gritaba al cielo y a los cuatro vientos que había culminado Su tarea tal cual el Padre lo deseaba, y que este momento traía la esperanza tan ansiosa al hombre: La libertad de la condenación y de la esclavitud del pecado a todo aquel que creyere en Él.

Como un predicador dijo, este fue «el día en el que la muerte murió» para el hombre salvo, pues para los creyentes en Cristo no hay muerte eterna, después de entregar nuestro último aliento de vida en la tierra, iniciamos a respirar vida en la presencia de Dios, ¡Aleluya!

Cuando Cristo gritó angustiosamente al cielo que ya todo estaba consumado, Su grito fue uno de victoria, gloria, esperanza, vida, justificación, salvación. Cuando Cristo gritó «consumado es», de seguro que Su alma quedó satisfecha.

 

«Señor Jesucristo, Tu maravillosa exclamación en la Cruz fue nuestro victorioso grito de vida y esperanza»

 

1 Corintios 15:54, 55 y 57

“Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? […] Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo.