¿Desperdicio? no, ¡buena obra!

Mateo 26.10 Anexo

Mateo 26:6-13

“Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, vino a él una mujer, con un vaso de alabastro de perfume de gran precio, y lo derramó sobre la cabeza de él, estando sentado a la mesa. Al ver esto, los discípulos se enojaron, diciendo: ¿Para qué este desperdicio? Porque esto podía haberse vendido a gran precio, y haberse dado a los pobres. Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué molestáis a esta mujer? pues ha hecho conmigo una buena obra. Porque siempre tendréis pobres con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis. Porque al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho a fin de prepararme para la sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio, en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, para memoria de ella.”

 

Un granjero se acercó a una gallina y a un cerdo e hizo una pregunta de conciencia: “¿Quieren contribuir para un desayuno con jamón y huevos?”«¡Encantado!» – exclamó el Cerdo, hasta darse cuenta de que para hacerlo a la Gallina le bastaba con poner un par de huevos, mientras él tenía que ir al matadero. Para uno (Gallina), era solamente una contribución. Para el otro (Cerdo) significaba un sacrificio total. En cualquier relación, proyecto o decisión, hay quienes “participan” apenas involucrándose y quienes se “comprometen”.

En la vida cristiana estos principios marcan una diferencia en lo que se hace para el Señor. Unos quieren participar con cierta parte de sus vidas mientras que otros, y muy pocos a veces, se comprometen con todo lo que son.

Para María, la hermana de Lázaro, lo que estaba haciendo representaba un compromiso pleno con su Señor al derramar el perfume sobre su cabeza, era una demostración de adoración; mientras que, para Judas Iscariote, lo que ella hacía era un desperdicio, mejor hubiera sido una ‘participación más apropiada’, una que le trajera dividendos para él también (Jn 12:1-6).

El egoísmo y la falta de compromiso son enfermedades espirituales que afectan la vida espiritual de muchos cristianos. Como la gallina, quisieran dar cierta parte de sí mismos, pero no todo. No lo consideran necesario o lo miran como un desperdicio.

Años atrás, una mujer que había estudiado secretariado bilingüe en una institución de alto nivel, había decidido trabajar como secretaria de una iglesia con una remuneración no alta para su preparación. Para quienes la conocían, esta decisión había sido un desperdicio de estudio y preparación, pero para ella, esto representaba aportar para el reino de su Señor. Años después ella se casó con un joven quien llegaría a ser el pastor de dicha iglesia.

Mateo 26.10 Color

Muchas veces evaluamos nuestra entrega a Dios con ojos terrenales y nuestro egocentrismo limita lo que se puede dar o hacer por el Señor y Su obra. María no escatimó en derramar el perfume sobre el Señor, sin saber que este acto se convertiría en un preparativo para la muerte y sepultura de Jesús. ¿Qué podría dar usted hoy que pareciera un derroche? Eso puede llegar a ser una gran obra para hoy o mañana en manos de Dios.

 

«Padre, todo sacrificio hacia Ti siempre será digno y bueno»

 

Romanos 12:1

“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.”

¡Él tiene misericordia!

Marcos 10.47 Anexo

Marcos 10:46-52

“Entonces vinieron a Jericó; y al salir de Jericó él y sus discípulos y una gran multitud, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. Y oyendo que era Jesús nazareno, comenzó a dar voces y a decir: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí! Y muchos le reprendían para que callase, pero él clamaba mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! Entonces Jesús, deteniéndose, mandó llamarle; y llamaron al ciego, diciéndole: Ten confianza; levántate, te llama. El entonces, arrojando su capa, se levantó y vino a Jesús. Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista. Y Jesús le dijo: Vete, tu fe te ha salvado. Y en seguida recobró la vista, y seguía a Jesús en el camino.”

 

Ciego, sin esperanza, abandonado y reprendido, así se encontraba Bartimeo cuando escuchó que Jesucristo caminaba por las calles de Jericó. No lo conocía, pero sabía que era Él su única esperanza de recobrar su vista (v. 51). Pero para quienes caminaban por esas calles, quienes lo habían visto por mucho tiempo mendigando, Bartimeo no era más que otro ciego que vivía de la caridad de la gente.

Sus gritos debieron ser de desesperación, sus palabras pudieron haber sonado tridentes y angustiosas; para quienes le escuchaban llamando al Hijo de David, estos gritos eran fastidiosos (v. 48), no por ende, cuando Jesucristo se detiene para atender su petición, los que estaban ahí le dicen que tenga confianza (v. 49), seguramente su temor al rechazo y a la crítica lo paralizó por un momento; pero se levanta, deja su túnica, y posiblemente con alguna ayuda llega ante el Señor; “Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, que recobre la vista.”

No pedía dinero, solamente pedía salud del cuerpo. Bartimeo clamaba con confianza ante la posibilidad de hallar misericordia en el Señor. Sus limitaciones y la oposición no lo detuvieron y su fe lo impulsó a clamar. Cuando se le acerca al Señor, con confianza y claridad pide lo que tanto anhelaba y con pocas palabras expresa su necesidad sin titubeos ni grandes explicaciones, pues confiaba que Jesús lo comprendía todo (“Maestro, que recobre la vista.”).

Bartimeo nos da un bello ejemplo de fe en Dios, pues sabía que solamente Él podría otorgarle la visión. También nos enseña que nuestra condición humilde nos otorga acceso ante Su presencia pues clamaba por misericordia y no demandaba ni exigía nada del Señor. Además, nos enseña que podemos pedir a Dios con sencillez de palabras y sin mucha elocuencia, pues Él lo sabe todo y no tenemos que explicar con detalles.

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La mayor necesidad del hombre, y de la cual muchos tienen temor pedir, es el perdón de pecados. Nuestro pecado nos aparta de Él y nos condena, pero nuestro misericordioso Dios siempre estará pronto para escuchar, perdonar, restaurar y salvar. Cualquiera que fuere nuestra necesidad, sin temor, pero con fe, humildad y claridad, clamemos confiados al Señor.

¡Cualquier obra de Dios en favor nuestro es una obra de Su misericordia!

 

«Gracias Dios por Tu misericordia»

 

Efesios 2:4, 5

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).”

No es la cantidad, es el valor

Marcos 12.44 Anexo

Marcos 12:41-44

“Estando Jesús sentado delante del arca de la ofrenda, miraba cómo el pueblo echaba dinero en el arca; y muchos ricos echaban mucho. Y vino una viuda pobre, y echó dos blancas, o sea un cuadrante. Entonces llamando a sus discípulos, les dijo: De cierto os digo que esta viuda pobre echó más que todos los que han echado en el arca; porque todos han echado de lo que les sobra; pero ésta, de su pobreza echó todo lo que tenía, todo su sustento.”

 

Para muchos el número de ceros que se encuentran al lado derecho de una cifra representan el valor de una ofrenda significativa, pero no para el Señor. Los ricos que llegaban al templo para dar su ofrenda depositaban grandes cantidades de monedas (“lo que les sobra”), mismas que hacían un gran sonido al ser depositadas en las 13 urnas que se encontraban entre las paredes del atrio de las mujeres, pero cuando la viuda llegó solo depositó dos blancas, lo que actualmente equivaldría a un cuarto de centavo de dólar americano.

El cuadrante era su equivalente romano a dos blancas, moneda vigente en Jerusalén de aquella época. Un denario representaba el valor pagado por el jornal de un día de trabajo, y se necesitaban 64 cuadrantes o 128 blancas para el salario de un día, y lo que dio la viuda no representó ni lo que alguien ganaría en 10 minutos de trabajo.

Para entender el valor de la ofrenda de la viuda y el reconocimiento del Señor ante tal obra podemos considerar varios elementos:

La viuda pudo dar todo lo que tenía confiando en la provisión de Dios. Jesús dijo que la viuda daba todo lo que tenía, “todo su sustento”. En el tiempo de Jesús que una mujer esté viuda era una desgracia, pues las mujeres dependían de un marido para su sustento. Ella estaba confiando en Dios para su provisión (Comp. Mal 3:10).

La viuda pudo dar todo lo que tenía sabiendo que todo le pertenece a Dios. Ella comprendía que lo que tenía en sus manos era de Dios (Comp. 1 Cr 29:14).

La viuda pudo dar todo lo que tenía mostrando su desprendimiento de las cosas materiales. Una persona que batalla entre el dinero y Dios tiene problemas espirituales (Comp. 1 Ti 6:8-10).

Marcos 12.44 Color

La viuda pudo dar todo lo que tenía manifestando su contentamiento ante su condición de pobreza. Dios espera que cada persona ofrende con un corazón alegre, no porque tiene necesidad. El contentamiento de su situación le llevó a dar sin reproche (Comp. 2 Co 9:7; 1 Ti 6:8).

La viuda pudo dar todo lo que tenía expresando su adoración a Dios. El ofrendar es una expresión de adoración (Comp. Mt 6:24).

La viuda pudo dar todo lo que tenía comprometiendo su vida como sacrificio a Dios. Ella se dio primero a Dios, y todo lo que tenía estaba siendo entregado a Él también (Comp. 2 Co 8:1-5).

«No es el monto de la ofrenda lo que más importa, sino el corazón (actitud, propósito) del dador» (Hendriksen, W.). «La cantidad del don no importa nunca tanto como lo que le cuesta al dador; no el tamaño del don, sino el sacrificio. La verdadera generosidad da hasta que duele» (Barclay, W.)

 

«Señor, Tuyo es todo lo que soy y todo lo que me has dado»

 

1 Crónicas 29:14

“Porque ¿quién soy yo, y quién es mi pueblo, para que pudiésemos ofrecer voluntariamente cosas semejantes? Pues todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos.”

Con “lujo de detalle”

Deuteronomio 4.39 Anexo

Lucas 19:28-36

“Dicho esto, iba delante subiendo a Jerusalén. Y aconteció que llegando cerca de Betfagé y de Betania, al monte que se llama de los Olivos, envió dos de sus discípulos, diciendo: Id a la aldea de enfrente, y al entrar en ella hallaréis un pollino atado, en el cual ningún hombre ha montado jamás; desatadlo, y traedlo. Y si alguien os preguntare: ¿Por qué lo desatáis? le responderéis así: Porque el Señor lo necesita. Fueron los que habían sido enviados, y hallaron como les dijo. Y cuando desataban el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino? Ellos dijeron: Porque el Señor lo necesita. Y lo trajeron a Jesús; y habiendo echado sus mantos sobre el pollino, subieron a Jesús encima. Y a su paso tendían sus mantos por el camino.”

 

Con “lujo de detalle” es una frase que expresa la idea de un relato contado con cuidado y por complemento, mencionando al máximo todo pormenor para favorecer el aclaramiento de la idea o de la información dada.

El relato que se menciona en los tres evangelios sinópticos da una información muy detallada del pedido del Señor Jesucristo hacia dos de sus discípulos y la traída del pollino. Pero este relato no solamente menciona los pormenores de este evento, sino que manifiesta tres características importantes del Señor.

Iniciando por los detalles mencionados, Jesucristo les otorga datos específicos de dónde encontrar al pollino, cómo lo hallarían, quienes preguntarían y cómo deben responder ante la inquietud de los dueños. La omnisciencia de Dios no solamente le otorga datos generales de todo lo que acontece, sino que le permite conocer cada uno de los detalles que suceden. Es tal su conocimiento que no se le escapa ningún detalle de nuestras vidas. Cuando Jesucristo menciona que Dios conoce la cantidad de cada cabello sobre nuestra cabeza, literalmente lo sabe (Mt 10:30).

El segundo carácter de Dios manifestado en este relato es sobre Su poder. El pollino utilizado por Jesús no solo representaba el medio de transporte que sería utilizado para traer el mensaje de paz, sino que era un cumplimiento de una profecía dada en el A.T. (Zac 9:9). Además, en dos de los evangelios se menciona que este animal nunca había sido montado por alguien, lo que lo hace especial, ya que un animal no adaptado a ser montado de seguro hubiera presentado resistencia, pero este no (Mr 11:2; Lc 19:30). Dios puede utilizar cualquier objeto para sus propósitos.

Deuteronomio 4.39 Color

Por último, vemos la obra de Su soberanía sobre todos, tanto los discípulos, los dueños del animal, y el mismo pollino se sometieron a la voluntad de Dios.

Estas características de Dios nos dan confianza cuando enfrentamos pruebas o necesidades. Dios sabe todo con detalle y Su poder y soberanía obraran para cumplir con Su voluntad. No habrá nada que se le escape de las manos de Dios cuando Él vaya a obrar en favor nuestro cuando lo necesitemos.

 

«Señor, te alabamos por Quien eres, soberano y todopoderoso Dios»

 

Deuteronomio 4:39

“Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que Jehová es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro.”

Gozo y gloria del débil

2 Corintios 12.5 Anexo

2 Corintios 12:5-9

“De tal hombre me gloriaré; pero de mí mismo en nada me gloriaré, sino en mis debilidades. Sin embargo, si quisiera gloriarme, no sería insensato, porque diría la verdad; pero lo dejo, para que nadie piense de mí más de lo que en mí ve, u oye de mí. Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.”

 

Para muchos la debilidad es síntoma de inferioridad, es la carencia de fuerza que determina nuestra incapacidad ante el desarrollo de algún proceso o actividad. Por lo regular las personas no quieren mostrar sus debilidades para evitar ser excluidos o para aparentar un supuesto poder. Cuando expresan sus fortalezas quiere manifestar todo lo que puede hacer para no dar a conocer sus incapacidades o vulnerabilidades.

A lo contrario a lo que uno siempre piensa, las debilidades son, y siempre serán en la vida cristiana, una razón para gozarse y gloriarse. Dios, en Su infinita misericordia y sabiduría había permitido voluntariamente que le sea dado a Pablo “un aguijón” en su carne (2 Co 12:7). Intencionalmente le fue dado al diablo la autorización para que “abofetee” al siervo de Dios para evitar que éste no se “enaltezca sobremanera”.

2 Corintios 12.5 Color

Pablo había experimentado un evento que sobrepasaba lo antes vivido por el hombre, y el Señor, para prevenir que Su siervo se enaltezca y caiga en pecado de orgullo como Satanás, le permite al mismo Satanás para que le produjera este “aguijón”. Dios quería evitar que Pablo llegara a apartarse de lo bueno y justo, y le permite una debilidad para mantenerlo enfocado y humilde. Por eso era que Pablo miraba su debilidad como una razón para gloriarse, gozarse y mantenerse sencillamente humilde y apropiadamente enfocado.

Además, la debilidad que Pablo tenía a causa del instrumento que afligía su carne le daba una magnífica oportunidad para ver a Dios manifestarse en él a través de Su poder (2 Co 12:9-10).

Las debilidades son herramientas de Dios poderosas para llevarnos a una relación más íntima con Él. Pablo oraba más y más por este problema, lo llevó a conocer a Dios más a través de este proceso de dialogo, lo que le dio una perspectiva más amplia de los beneficios de las debilidades, mientras apreciaba personalmente a Dios obrar a través de él.

El gozo de Pablo radicaba en la soberanía, sabiduría y amor de Dios que permitía la debilidad. La gloria venía en la manifestación sobrenatural del poder de Dios en su vida. La oración le ayudó a entender mejor el proceso, y todo esto no lo exaltó, sino que lo llevó a mirar humildemente y con coherencia, que las debilidades no son malas, sino buenas y necesarias. ¿Cómo mira usted sus debilidades? ¿Trata de ignorarlas, o mejor las mira como beneficiosas y apropiadas?

 

«Padre, gracias por las debilidades, pues me permiten conocer más de Ti»

 

2 Corintios 12:10

“Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

¡Qué agradable!

Salmos 133.1 Anexo

Salmos 133:1-3

“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es Habitar los hermanos juntos en armonía!
Es como el buen óleo sobre la cabeza, El cual desciende sobre la barba, La barba de Aarón, Y baja hasta el borde de sus vestiduras;
Como el rocío de Hermón, Que desciende sobre los montes de Sion; Porque allí envía Jehová bendición, Y vida eterna.”

 

A causa de viajes personales y trabajo ministerial me ha tocado la oportunidad de estar en diferentes ciudades y visitar iglesias en aquellos sitios. No importa donde esté, siempre procuro visitar la iglesia local para poder adorar a Dios y ser alimentado con Su Palabra en los servicios de las iglesias. Esos momentos han sido siempre de edificación en mi vida porque he sido bendecido con grandiosas predicaciones, pero algo que he podido experimentar y de lo cual alabo y me regocijo también es el poder estar en las iglesias cristianas donde el amor fraternal y la hospitalidad se siente en cada una de ellas.

No todas las iglesias lamentablemente brindan esa experiencia grata de comunión entre hermanos y la hospitalidad con sus visitantes. Si me ha tacado, en muy pocas de mis visitas, encontrarme con iglesias donde no he sentido ese ambiente amigable y hospedador; y no necesariamente esto quiere decir que no lo tengan, solamente que yo no lo experimenté.

Salmos 133.1 Color

Para quienes conviven semanalmente en las iglesias, y más para los visitantes, el poder hallar armonía, hospitalidad y amor fraterno sincero es de gran valor para la comunión y edificación.

David nos recuerda que es bueno y delicioso cohabitar entre hermanos que comparten “juntos en armonía” (Sal 133:1). Trae mucha bendición el poder estar en un grupo que comparten juntos en hermandad fraterna. El óleo derramado es símbolo de bendición espiritual mientras que el rocío representa lo refrescante que es para el alma estar en medio de tal amor (Sal 133:2, 3).

Una iglesia es muy atractiva cuando se experimente este amor fraterno. La iglesia en Jerusalén, en el tiempo de los apóstoles, perseveraban no solamente en la buena enseñanza, sino también en “la comunión unos con otros” (Hch 2:42). Permanecían juntos como un solo cuerpo de creyentes, ayudándose y edificándose mutuamente, alabando juntos a Dios (Hch 2:44-47).

Uno de los deberes cristianos descritos en la Biblia es la hospitalidad (Ro 12:13). También la Biblia nos recuerda que un día llegaron algunos a recibir con agrado inclusive ángeles, sin saberlo (He 13:2). La hospitalidad sobre todo es parte de quienes lideran en una iglesia (1 Ti 3:2), pero no debe ser exclusiva solamente de ellos.

Jesucristo expresó que nuestro amor de unos a los otros es una marca que registra nuestro sincero caminar como seguidores de Él (Jn 13:34, 35).

Debemos perseverar en el amor y en la hospitalidad, no solamente con quienes nos visitan, sino entre nosotros mismos, pues esto bendice a otros y trae gran bendición a nuestras vidas.

 

«Señor Jesús, Tú nos has dado ejemplo te Tu grandiosa amistad»

 

Juan 13:35

“En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.”

La fe y amor de una madre

Proverbios 31.31 Anexo

Éxodo 2:1-3, 7-10

“Un varón de la familia de Leví fue y tomó por mujer a una hija de Leví, la que concibió, y dio a luz un hijo; y viéndole que era hermoso, le tuvo escondido tres meses. Pero no pudiendo ocultarle más tiempo, tomó una arquilla de juncos y la calafateó con asfalto y brea, y colocó en ella al niño y lo puso en un carrizal a la orilla del río. […] Entonces su hermana dijo a la hija de Faraón: ¿Iré a llamarte una nodriza de las hebreas, para que te críe este niño? Y la hija de Faraón respondió: Ve. Entonces fue la doncella, y llamó a la madre del niño, a la cual dijo la hija de Faraón: Lleva a este niño y críamelo, y yo te lo pagaré. Y la mujer tomó al niño y lo crió. Y cuando el niño creció, ella lo trajo a la hija de Faraón, la cual lo prohijó, y le puso por nombre Moisés, diciendo: Porque de las aguas lo saqué.”

 

Una madre siempre se caracterizará por su dedicación, abnegación, amor y cuidado. Su amor la llevará a dar su vida por el cuidado de sus hijos. Pueden sufrirlo todo, pueden perderlo todo, pueden pagarlo todo; y a veces todo es poco por el bien de sus hijos.

La madre de Moisés había concebido su tercer hijo; Aaron y María ya habían nacido cuando el Faraón decidió eliminar a cada hijo varón que naciera de las mujeres israelitas (Ex 1:16-22). Fue tal el crecimiento de la población de Israel que el gobernante había resuelto de una manera u otra eliminar este crecimiento tan rápido.

Para las mujeres de Israel no había solución, habían encontrado en las parteras egipcias gracia para que ellas no cumplieran con la orden del Faraón de matar a los niños el mismo momento de nacer (Ex 1:15-17); ahora buscarían de casa en casa a todo niño nacido para echarlo al río. Pero la madre de Moisés había decidido hacer todo lo posible por salvar la vida de su hijo, y por tres meses lo escondió (Ex 2:2), aun temiendo el ir en contra del decreto de Faraón.

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Al no encontrar otra opción, la madre decide preparar una cesta de junco, la recubre de asfalto y la coloca en el río a la hora en la que la hija del Faraón había decidido tomar un baño. Fue su fe lo que la ayudó a cumplir con los planes que Dios tenía para su hijo Moisés (He 11:23).

Estuvo dispuesta a pagar el precio de dar a su hijo en adopción con tal de que el bebé Moisés pueda vivir. Estuvo dispuesta a perder sus derechos de ser llamada madre y ser ahora llamada nodriza para que pueda cuidar de su hijo. Estuvo dispuesta a sufrir alguna condena si era necesario con tal de que el niño viva y no sea asesinado.

La disposición de dar todo por amor, acompañado de una fe en Dios y su confianza en la voluntad del Señor, pueden ayudar a una madre a desarrollar una de las tareas más hermosas, y todo esto por el cuidado de sus hijos. ¡Dios bendiga a las madres por su amor y cuidado!

 

«Gracias Señor por cuidar de nosotros a través del amor de nuestras madres»

 

Proverbios 31:31

“Dadle del fruto de sus manos, Y alábenla en las puertas sus hechos.”

Me mostraron de Su amor

Salmos 136.1 Anexo

Salmos 136:1-4

“Alabad a Jehová, porque él es bueno, Porque para siempre es su misericordia.
Alabad al Dios de los dioses, Porque para siempre es su misericordia.
Alabad al Señor de los señores, Porque para siempre es su misericordia.
Al único que hace grandes maravillas, Porque para siempre es su misericordia.”

 

Un día estaba por celebrarse el Día de la Madre cuando me encontraba distante de mi mamá, conversando con los miembros de la iglesia a donde asistía les comunicaba cuan grandioso pudiera ser el poder viajar al estado donde ella vivía para acompañarle en este día especial. Con un gesto muy especial, que solamente se puede explicar cómo obra de Dios, los hermanos de la iglesia decidieron darme dinero para ayudarme con el costo del pasaje de avión. Ese año pude viajar a Nueva Jersey para estar con mi mamá y poder celebrar este precioso día.

Otro día, de una manera similar, un hermano de otra iglesia decidió otorgarme sus millas que había acumulado en la aerolínea que frecuenta viajar para que yo pudiera estar con mi padre en una cirugía a la que él iba a ser sometido y que implicaba un alto riesgo, esta vez mi viaje era para el sur del continente. Ambos episodios son claras manifestaciones de la bondad de Dios a través del amor e interés de los creyentes.

El Salmo 136 es un llamado constante a alabar las misericordias de Dios, en estos 26 versículos se mencionan varias razones por las que debemos recordar cuán grande es Su misericordia. Cada uno de los versículos termina diciendo “porque para siempre es su misericordia”. Lo cierto es que cada una de las cosas que tenemos en esta vida es una manifestación del amor de Dios.

Si bien hay ciertas cosas que fueron especiales por el momento y la manera que se dieron, como mis dos viajes para visitar a mis padres, es cierto también que todo lo que viene a nuestras vidas proviene de Dios, incluyendo los detalles más pequeños. Desde el poder respirar en la mañana el momento que nos levantamos, la salud, un plato de alimento, la compañía de seres que amamos, el poder trabajar, el poder tener un hogar o una familia, el poder caminar, el tomar una taza de café; son infinitas las cosas, que, por ser comunes y frecuentes, las dejamos pasar por alto sin apreciarlas tal cual son, pero que siempre serán una manifestación de las misericordias de Dios. Es por esto que el Salmo 136 hace un llamado en cada versículo a alabar y agradecer la siempre eterna misericordia del Señor.

David bien nos recuerda en su salmo: “Bendice, alma mía, a Jehová, y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios.” (Sal 103:1, 2).

Cada día, cada detalle, cada grande y pequeño recuerdo, desde los especialmente recordados hasta lo sencillamente ignorados; todos y cada uno de los detalles en nuestras vidas están acompañados de las misericordias de Dios. ¡Alabado sea nuestro bondadoso Padre Celestial!

 

«Gracias Padre por Tu infinito amor manifestado en cada detalle de mi vida»

 

Salmos 31:19

“¡Cuán grande es tu bondad, que has guardado para los que te temen, Que has mostrado a los que esperan en ti, delante de los hijos de los hombres!”