Aprendizaje continuo

Proverbios 4.7 Anexo

Proverbios 4:1-13

“Oíd, hijos, la enseñanza de un padre, Y estad atentos, para que conozcáis cordura. Porque os doy buena enseñanza; No desamparéis mi ley. Porque yo también fui hijo de mi padre, Delicado y único delante de mi madre. Y él me enseñaba, y me decía: Retenga tu corazón mis razones, Guarda mis mandamientos, y vivirás. Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; No te olvides ni te apartes de las razones de mi boca; No la dejes, y ella te guardará; Amala, y te conservará. Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; Y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia. Engrandécela, y ella te engrandecerá; Ella te honrará, cuando tú la hayas abrazado. Adorno de gracia dará a tu cabeza; Corona de hermosura te entregará. Oye, hijo mío, y recibe mis razones, Y se te multiplicarán años de vida. Por el camino de la sabiduría te he encaminado, Y por veredas derechas te he hecho andar. Cuando anduvieres, no se estrecharán tus pasos, Y si corrieres, no tropezarás. Retén el consejo, no lo dejes; Guárdalo, porque eso es tu vida.”

 

Llegando a vivir a los Estados Unidos, viniendo de un país de cultura distinta, con leyes distintas, y con lenguaje distinto, comprendí que lo que había conocido y aprendido en mi país de origen no era suficiente, ni era todo. Después, teniendo la oportunidad de ministrar en medio de personas que hablaban mi mismo idioma, pero que tenían un modismo de lenguaje diferente y costumbres distintas, comprendí que tampoco sabía lo suficiente y que tenía que aprender más. Cuando crees que ya lo conoces todo de una aplicación en el teléfono aparece una nueva característica que ha sido cambiada por el desarrollador del programa y tienes que seguir aprendiendo.

 

Parece que nunca dejas de aprender y cada día sale algo nuevo, enfrentamos un nuevo reto y debemos decidir entre conocerlo o quedarnos en la ignorancia. Pero sabemos, que cuando adquieres ese conocimiento y has aprendido como desenvolverte mejor en medio de ese cambio, entonces sabes que el haber aprendido te ha beneficiado y has aprendido un poco más.

 

La Biblia también nos exhorta a conocer más y aprender a vivir mejor, a esto lo llama sabiduría. Un diccionario bíblico expresa, entre algunas cosas prácticas, que la sabiduría es el «discernimiento para aconsejar (2 S 13:3), prudencia para gobernar (1 R 3:28; 4:29–34), cordura en la vida diaria y decisiones éticas. Consiste básicamente en aplicar bien lo que uno sabe a lo que uno hace, a fin de lograr un buen vivir»

 

Después de la salvación, la posesión más grande que una persona puede llegar a tener no tiene cifras, tampoco tamaño o modelo, menos color o forma; la posesión más grande que una persona puede tener se llama “sabiduría” e “inteligencia” (Pr 4:7). El sabio, como dice bien Vine, procura la sabiduría; y es la sabiduría la que le da gran valor intangible a una persona.

Proverbios 4.7 Color

El inicio para de la sabiduría es el temor a Dios (Pr 1:7). Es llegar a conocer que estamos ante el Todopoderoso Dios, y debemos reverenciarlo como tal. El sabio también entiende que el verdadero conocimiento que nos otorga la correcta y provechosa sabiduría proviene solamente del mismo Dios a quien reverencia (Pr 2:6), y por lo tanto escucha el clamor que la sabiduría hace para que aprenda más y va en pos de ella (Pr 1:20-23).

 

Cada día tenemos una nueva oportunidad de crecer en sabiduría, ¡que tanto bien nos hace! Busque las gemas del conocimiento puro y verdadero que se encuentran en la Palabra de Dios, tema al Señor, clame por ayuda a Dios para poder aplicar lo que aprende de la Biblia en su vida, use correctamente ese conocimiento, y verá como su sabiduría crece más y más, y su manera de vivir adecuadamente será transformada por esa invalorable e intangible posesión, la sabiduría, misma que es ignorada por los simples y despreciada por los necios.

 

«Gracias Dios por la sabiduría registrada en Tu Palabra, don de incalculable valor»

 

Proverbios 23:15

“Hijo mío, si tu corazón fuere sabio, También a mí se me alegrará el corazón.”

Panes sin levadura

Mateo 26.26 Anexo

Mateo 26:17-26

“El primer día de la fiesta de los panes sin levadura, vinieron los discípulos a Jesús, diciéndole: ¿Dónde quieres que preparemos para que comas la pascua? Y él dijo: Id a la ciudad a cierto hombre, y decidle: El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa celebraré la pascua con mis discípulos. Y los discípulos hicieron como Jesús les mandó, y prepararon la pascua. Cuando llegó la noche, se sentó a la mesa con los doce. Y mientras comían, dijo: De cierto os digo, que uno de vosotros me va a entregar. Y entristecidos en gran manera, comenzó cada uno de ellos a decirle: ¿Soy yo, Señor? Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ése me va a entregar… Entonces respondiendo Judas, el que le entregaba, dijo: ¿Soy yo, Maestro? Le dijo: Tú lo has dicho. Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo.”

 

¿Ha comido alguna vez un pan sin levadura? Para los que saben de cocina el pan debe ser ‘leudado’ o fermentado con levadura por un tiempo para que adquiera la textura deseada al momento de comerlo. Pero ¿por qué el pan que se utilizó en el día de la celebración de la primera Pascua tuvo que ser sin levadura? (Éx 12:8)

 

La levadura en la Biblia simboliza o representa el mal o el pecado, a excepción de un solo pasaje en el Nuevo Testamento en dónde es utilizada para hablar de un símbolo beneficioso (Mt 13:33). La levadura es símbolo de hipocresía (Lc 12:1), de la razón pecaminosa del hombre o racionalismo (Mt 16:6, 12), de la vida mundana o pecaminosa (Mr 8:15), de la mala conducta (1 Co 5:6), y de la falsa doctrina o enseñanza (Gá 5:9).

 

El pan usado en la Pascua representaba que los israelitas debían alejarse de cualquier contaminación para poder comer el cordero. Durante los siete días que tenían que celebrar la Pascua, ellos debían eliminar de la casa cualquier masa fermentada o ‘levadura’ para que no haya ninguna contaminación, y si hallaban comiendo a alguien algo leudado, sería eliminado del pueblo (Éx 12:15:20).

 

Pero el principio del Pan sin Levadura apuntaba hacia algo más significativo, simbolizaba el cuerpo de Cristo.

 

La noche que Jesucristo se reunió con los discípulos en el aposento alto para celebrar la última cena, todo Israel estaba recordando la primera Pascua o la fiesta de los panes sin levadura”, así también conocida (Mt 26:17; Mr 14:12). Esa noche, mientras estaban reunidos, el Señor les dice que por mucho tiempo había estado esperando celebrar esa Pascua con ellos, pues Él sabía que esa noche sería traicionado y entregado, y al otro día sería sacrificado en la cruz (Lc 22:15). “Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo” (Mt 26:26).

Mateo 26.26 Color

Jesucristo fue lacerado, sus pies y manos clavadas, y luego fue crucificado. Su vida sin pecado representa el ‘Pan sin Levadura’. Si Jesús hubiera pecado no habría podido pagar por nuestros pecados. En Él, al no haber contaminación, pudo pagar por nuestros pecados, “el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu” (1 P 3:18).

 

Celebramos la Pascua porque recordamos que Jesús un día dio Su vida sin pecado, para pagar el precio sobre la condenación que nuestros pecados merecían.

 

«Gracias Jesucristo por haberte ofrecido para salvarme»

 

2 Corintios 5:21

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

Sentido de pertenencia

Filipenses 3.8 Anexo

Filipenses 3:7-11

“Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; a fin de conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte, si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.”

 

Cada vez se hallan a más personas que se siente solas y sin identidad en una sociedad que solamente exige significancia en lo que hace o lo que tiene. Lo material da valor a las personas, y los logros le dan un lugar o posición. Pero entre más se espera, menos se logra, lo que hace que exista un crecido sentido de alienación.

 

El apóstol Pablo hubiera podido decir que era todo lo contrario en su vida. Dentro de una sociedad judía, en la cuál el significado de un hombre se hallaba en los requerimientos legalistas que cumplía, Pablo nos dice que él pudiera representar una máxima de significancia: “Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible.” (v. 4-6). Pero cuando Pablo encuentra a Cristo, y su justificación en Él (v. 9), se da cuenta que todo lo anterior era una “pérdida”, era “basura”; él halló su identidad en “Cristo Jesús, [su] Señor (v. 7, 8).

 

Jesucristo es para el creyente no solamente su Salvador, también es su Señor. El término “Señor” está identificado con la palabra “Jehová” del A.T. (Joel 2:28-32; Hch 2:17-21; Ro 10:13). Este nombre, y a la vez título de Jesús, identifica posesión, autoridad, dominio, deidad. El creyente que desarrolla una íntima relación con el Señor halla real identidad en quien ahora es su dueño, quien lo rescató por precio de sangre, y en quien halla valor espiritual.

Filipenses 3.8 Color

Todos los que hemos reconocido a Cristo como nuestro Salvador, sabemos que ahora somos aceptados por medio de Él, nos convertimos en hijos de Dios, en redimidos, coherederos, santos, sacerdotes, y más. Pero, para que esto se convierta en algo personal, se requiere desarrollar esa íntima relación con Jesús, no porque eso va a modificar nuestra real posición, sino para que se transforme en un sentido propio de pertenencia, algo pragmático y personal, y no en algo teórico.

 

Cuando Pablo defiende su justificación por la fe, expresa que desea conocer más de su “Señor”; había llegado a desarrollar esa relación tan íntima que le otorgaba valor y seguridad. Jesucristo desea que todos tengamos esa misma relación, y nos invita a desarrollar una diaria relación personal de amor (Ap 3:20). Gocemos más de nuestra posición en Cristo, disfrutándolo en intimidad con nuestro “Señor”.

 

«Gracias Señor, no solo viniste a salvarme, sino a tener una profunda comunión conmigo»

 

Apocalipsis 3:20

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”

En torno a Él

Juan 5.39 Anexo

Colosenses 2:2-10

“Para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento. Y esto lo digo para que nadie os engañe con palabras persuasivas. Porque aunque estoy ausente en cuerpo, no obstante en espíritu estoy con vosotros, gozándome y mirando vuestro buen orden y la firmeza de vuestra fe en Cristo. Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias. Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en él, que es la cabeza de todo principado y potestad.”

 

Pablo, siempre preocupado por la salud espiritual de las iglesias, escribió sus cartas con el propósito de alentarlas, exhortarlas, adoctrinarlas, edificarlas. Por ese motivo, Pablo pasaba en oración constante (1:3, 9). En la iglesia que se encontraba en Colosas había ingresado una mezcla de legalismo judío acompañada con una herejía pagana que fue conocida como el gnosticismo, lo que generaba gran preocupación en Pablo.

 

El gnosticismo era una creencia que enseñaba que Dios era bueno y que la materia es mala, por lo que Dios no pudo haberse encarnado en la Persona de Jesús, ya que contaminaría a la deidad; por lo que Jesucristo era una simple emanación divina que reflejaba a Dios, pero que no existió como persona, ya que eso era impropio de la divinidad.

 

Por su puesto que esto es falso, por lo que Pablo envía esta carta en defensa de la plena deidad y humanidad de Jesucristo. Pero actualmente existen algunos que no creen en la verdad de Cristo tal cual es. Hay religiones y pensamientos que dudan de su real existencia, otros que dudan de su absoluta deidad, otros que lo niegan absolutamente; y algunas otras que ubican a Su Persona dentro de una serie de imágenes o seres divinos más.

 

Las Escrituras nos enseñan, de principio a fin, que Jesucristo es Dios Encarnado, 100% Dios y 100% Hombre. Pablo expresa que, para la mente humana, esta verdad de Jesucristo Dios es un misterio que debe ser revelado espiritualmente, pero que está al alcance por medio de le fe en Jesús (2:3-5).

 

Jesucristo es la manifestación visible “del Dios invisible”, el Creador de todo lo existente y por medio de quien “todas las cosas… subsisten”, en Quien habitó toda la “plenitud” de la deidad (1:15-19). Por esto, Pablo les alienta a los creyentes a vivir una vida basada en esta verdad transformadora para que crezcan en conocimiento y madurez. Su fe, ya cimentada en Cristo, debe ser edificada con sana doctrina para ser fortalecida (2: 6, 7).

Juan 5.39 Color

Como creyentes tenemos una responsabilidad de edificarnos con sana doctrina (1 Co 3:10, 11). Para que nuestra vida llegue a ser transformada y edificada apropiadamente, debemos dedicarnos a aprender más de lo que la Biblia nos enseña en sus páginas. Estas verdades no solamente nos ayudaran a crecer, sino que nos capacitaran para identificar las falsas enseñanzas y defender la verdad de Dios. Por esto las Escrituras nos exhortan diciendo: “Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo” (2:8).

 

No solo leamos la Biblia, sino que estudiemos en Ella. Busque buenos comentarios bíblicos, asista a un discipulado, clase bíblica, instituto o seminario para aprender más, busque ayuda en hermanos que conozca bien la Palabra, y aliméntese de las verdades de Dios expresadas con claridad y autoridad en las Escrituras, para que nadie lo engañe, más bien sea debidamente edificado.

 

«Gracias te damos Señor por tu Palabra, única fuente autoritativa de toda verdad revelada al hombre»

 

Juan 5:39

“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí.” – JESÚS

Aptitud y Actitud

Hebreos 13.20, 21 Anexo

Hebreos 13:15-21

“Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre. Y de hacer bien y de la ayuda mutua no os olvidéis; porque de tales sacrificios se agrada Dios. Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso. Orad por nosotros; pues confiamos en que tenemos buena conciencia, deseando conducirnos bien en todo. Y más os ruego que lo hagáis así, para que yo os sea restituido más pronto. Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, os haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.”

 

La APTITUD es la capacidad de una persona o una cosa para realizar adecuadamente cierta actividad, función o servicio. La ACTITUD es la disposición que alguien tiene para comportarse u obrar de una manera específica.

 

Cuando se habla de la obra para el Señor, la aptitud y la actitud son características necesarias para desarrollar adecuadamente Su tarea. Uno puede estar capacitado para realizar un trabajo, pero si no tiene una motivación apropiada, no se lo lleva a cabo debidamente; al igual que si tiene el deseo, pero no está capacitado, tampoco lo hará como debe ser.

 

Y aunque ambas características son necesarias, las dos provienen de dos fuentes diferentes, aunque finalmente ambas vienen de Dios. Dios es quien nos capacita y somos nosotros quienes debemos tener la disposición correcta. Aunque, espiritualmente, requerimos de la obra de Dios para disponernos hacer lo correcto.

 

Dios obra por medio del Espíritu Santo en nosotros para capacitarnos con sus dones sobrenaturales para desarrollar tareas que solamente Él puede hacer por medio de nosotros. Además, Dios es quien nos prepara para las tareas por medio de las pruebas y la madurez espiritual que Él va forjando en nuestras vidas. Y es el Espíritu Santo quien obra al final en nosotros, a través de nosotros, y en los demás, para que la obra sea desarrollada a cabalidad. Dios nos hace APTOS.

Hebreos 13.20, 21 Color

Pero también el Señor pone en nosotros la disposición de hacer Su obra. Por medio del mismo Espíritu Santo pone en nosotros el deseo de desarrollar las tareas para las cuales nos ha capacitado. Él produce en nosotros “así el querer como el hacer, por su buena voluntad” para que nos dispongamos apropiadamente (Fil 2:13). Además, a través de Su Palabra, Dios nos guía hacer Su obra. Utiliza a los miembros de la iglesia para que sepamos que hacer, y por medio de las circunstancias que Él ya ha dispuesto, el Señor nos encamina para que cumplamos esa tarea (Ef 2:10). Al final, ya cuando todo está preparado en Su providencia, es donde con el deseo puesto en nuestro corazón, nosotros decidimos actuar. Dios obra y nosotros nos disponemos con la correcta ACTITUD. Pero es obvio que al final, es la voluntad del hombre la que decide hacer o no la voluntad de Dios.

 

Dios diariamente va moldeándonos para capacitarnos, dispongámonos para que esa capacitación tenga frutos eternos.

 

«Gracias Dios por capacitarme y usarme para Tu gloria»

 

Efesios 2:10 (NTV)

“Pues somos la obra maestra de Dios. Él nos creó de nuevo en Cristo Jesús, a fin de que hagamos las cosas buenas que preparó para nosotros tiempo atrás.”

 

Cómo atrapar a un mono

Hebreos 13.5 Anexo

Hebreos 13:5, 6

“Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre.”

«Los cazadores nativos en las junglas de África tienen una forma ingeniosa para atrapar a los monos. Parten un coco en dos, lo vacían, y en una mitad de la cáscara hacen un agujero lo suficiente grande para que la mano del mono pase. Luego colocan una naranja en la otra mitad del coco antes de pegar ambas partes del cascarón. Finalmente, aseguran el coco al árbol con una cuerda, se esconden en la jungla, y esperan. Tarde o temprano, un mono desprevenido se balancea, huele la deliciosa naranja, y descubre su ubicación dentro del coco. El mono entonces mete su mano por el pequeño agujero, agarra la naranja, e intenta sacarla por el hueco. Por supuesto, la naranja no sale; es demasiado grande para el orificio. En vano, el persistente mono continúa tirando y tirando, sin percatarse en momento alguno del peligro que corre. Mientras el mono lucha con la naranja, los cazadores simplemente llegan y lo capturan tirándole una red encima. Mientras el mono mantenga su puño cerrado alrededor de la naranja, está atrapado» (Rice, Wayne Ilustraciones Inolvidables)

El mundo materialista que nos rodea vive colocando ‘cocos con naranja’ a todo lado que vamos. Nuestro egoísmo nos alienta a tener más y no querer soltar. Creemos que los números que tenemos acumulados en la cuenta de banco nos aseguran un futuro, y que entre mayor su número, menor la preocupación.

Por otro lado, la falta de cosas a nuestro alrededor nos crea preocupación y angustia. Vivimos tan cortos de dinero que parecería que no nos alcanza para nada, y que el día de mañana se vuelve incierto y oscuro, dejándonos en la incertidumbre y zozobra.

Pero el Señor quiere que aprendamos a mirar desde otra perspectiva nuestros bienes, y disfrutemos la vida de una manera distinta. La avaricia, al ser un pecado, nos lleva hacia el ‘don dinero’, alejándonos de Dios. Jesús nos dice que no podemos servir a Dios y a las riquezas al mismo tiempo (Mt 6:24). Una persona que se desespera buscando dinero, solamente encontrará pesar y pérdida (Pr 28:22), y llegará a ser mezquino aún con las cosas de Dios (Lc 12:15-21).

Hebreos 13.5 Color

Además, la falta de contentamiento es una falta de agradecimiento al Señor. La persona que no vive contenta con lo que tiene es porque no ha apreciado todo lo que ha recibido de Dios. Cree que no tiene lo suficiente, y despreciando las bondades del Señor, se va en busca de más. Dios no nos limita por egoísmo lo que nos pudiera dar, aun comparándolo con lo que otros tengan. Dios conoce nuestro corazón y en Su sabiduría solo nos dará lo que considera necesario para este momento de nuestra vida. Reconocer ello, nos lleva a vivir contentos, y al contentarnos aprendemos a ser agradecidos.

Dios quiere que confiemos en Él, que aprendamos que es nuestro Jehová-Jireh (Dios proveedor – Gn 22:14). Dios promete no desampararnos, ni dejarnos; sino que suplirá de acuerdo a nuestras necesidades en el momento exacto. Nuestra fe en Dios va a ser nuestra fuente de contentamiento, agradecimiento, y una vida sin avaricia; “de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador” (He 13:5, 6). Con fe, confiemos en las provisiones de nuestro Dios, Él siempre suplirá nuestras necesidades.

«Gracias Padre, porque Tú sabes lo que necesito, y de ello no tengo necesidad de afanarme»

Mateo 6:31, 32

“No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.”

Ejercicio disciplinario de instrucción

Hebreos 12.6 Anexo

Hebreos 12:4-11

“Porque aún no habéis resistido hasta la sangre, combatiendo contra el pecado; y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige, diciendo: Hijo mío, no menosprecies la disciplina del Señor, Ni desmayes cuando eres reprendido por él; Porque el Señor al que ama, disciplina, Y azota a todo el que recibe por hijo. Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos. Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad. Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.”

 

Cuando pienso en instrucción y ejercicio de disciplina se me viene a la mente el ejército o alguna instrucción militar, en donde los soldados pasan horas practicando para realizar las diferentes rutinas hasta lograr un grado de ejecución alto, y cuando uno o varios de los participantes fallan, entonces les obligan a maniobras disciplinarias hasta que realicen bien lo que practican. Sea a través de sentadillas, lagartijas o trote prolongado, ‘estimulan’ su desempeño. Lo que se desea es que aprendan bien la rutina deseada.

 

Si bien esa disciplina es dura, el propósito es lograr un desempeño óptimo de todos los que participan. Muchas veces la disciplina es ejercida a uno o varios participantes, y otras a todo el grupo. Todos deben aprender hacer bien la maniobra.

 

La palabra “disciplina” y sus derivados que se encuentran en el pasaje vienen del griego “paideúo” (παιδεύω G3811), y puede ser traducido como entrenar a un niño, educarlo, disciplinar por medio del castigo, corregirlo. Las tres palabras griegas que se usan tienen el sentido de usar un medio para instruirlo por medio de una corrección. Una es el método, otra la acción misma impartida, y la tercera, quien ejecuta la acción de corrección: el instructor.

 

En el versículo 10 vemos que tanto los padres, como Dios, actúan como instructores o tutores; los padres para sus hijos, Dios para sus hijos, los creyentes.

 

Dios desea que Sus hijos espirituales aprendamos andar en santidad. Él es un Dios Santo, y Su santidad requiere que los Suyos vivamos en ella (Lv 20:7; 1 P 1:15, 16). Cuando los creyentes no andamos como el Señor espera, entonces ejerce sobre nosotros una instrucción disciplinaria para corregir nuestro desempeño defectuoso; Su propósito: “para que participemos (tengamos parte, compartamos) de su santidad” (v. 10).

Hebreos 12.6 Color

Si bien, la instrucción disciplinaria no es motivo de alegría, el provecho obtenido es razón de gozo (v. 11). El contexto del pasaje indica que Dios obrará en nuestra vida para que dejemos atrás el pecado y las actitudes no piadosas que tenemos de nuestra naturaleza pecaminosa, y quiere que sigamos creciendo en nuestro carácter cristiano (v. 1). Él desea que nuestros ‘miembros enfermos y paralizados’ (“manos” y “rodillas”) sean puestos en rehabilitación para que caminemos sobre “sendas derechas” sobre nuestros “pies” (v. 12, 13).

 

Si Dios nos disciplina, quiere decir que nos ama; y cómo Sus hijos, quiere lo mejor para nuestra vida (v. 5-9).

 

«Gracias Padre, Tu obra de amor a Tus hijos puede ser a veces dolorosa, pero necesaria»

 

1 Pedro 1:15

“… como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir.”

 

“El mundo no era digno”

Hebreos 11.38 Anexo

Hebreos 11:32-40

“¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.”

 

Cuando se hace un reconocimiento a una persona por su loable labor, se destaca el aporte que esta persona ha dejado en bien del prójimo o de la sociedad. Se analiza todo lo que ha hecho y los beneficios que ha entregado. Se hace mucho bien en reconocer esa labor.

 

Pero cuando se trata de un aporte espiritual, si ese aporte real ha llegado para buscar el cambio y el beneficio espiritual de la sociedad en la que se halla, y la sociedad lo rechaza o niega su trabajo, entonces vemos que el problema no es la falta de trabajo por parte de quien trata de dar todo por el bien de la colectividad, sino, que el problema está en el corazón de esa sociedad en la que se desenvolvió esa persona.

 

Si miramos atrás, a la vida de los profetas que el Señor envió para traer cambios en la vida espiritual del pueblo, hallamos en personas como Elías, Eliseo, Jeremías, y otros más, que su sociedad contemporánea no reconoció su labor tal cual debió hacerlo en su tiempo, al contrario, la misma sociedad a la cual ellos servían los rechazó y negaron recibir cualquier aporte que estos hombres de Dios traían. Como lo expresó el comentarista Kistemaker, «estos profetas antiguos, perseguidos y maltratados, fueron los refugiados del mundo»

 

Fue muy triste ver en estos últimos días, después del fallecimiento de un gran evangelista, que llevó el mensaje de las buenas nuevas a millones de personas en el mundo, que algunos medios de comunicación ni siquiera mencionaron cortamente su deceso, sabiendo que el mensaje que tal hombre llevaba iba en contra de lo que ellos creen o apoyan. Otro comentarista bíblico, refiriéndose al pasaje en Hebreos dijo: «El mundo los trató como indignos de vivir. Pero el Espíritu Santo prorrumpe aquí en una exclamación de que en realidad era al revés: el mundo no era digno de ellos»

Hebreos 11.38 Color

Esto nos debe llevar a reflexionar: ¿Cómo se encuentra mi vida espiritual y el aporte que estoy entregando al mundo? ¿Cuán significativo es mi servicio para el Señor y cuanto aporte doy para el reino? ¿El mundo me ve digno de ellos o, al contrario, no tengo valor para una sociedad que rechaza a Dios?

 

Nuestro aporte espiritual real tal vez no tenga valor para este “mundo” en el que vivimos, pero si debe tenerlo para Dios y Su iglesia. Que nuestra vida tenga significancia eterna, y si el mundo no nos considera dignos, pues recordemos, es el mundo el que no es digno de los hijos del reino. A Jesús lo aborrecieron, igualmente va a ser a los Suyos (Jn 15:18, 19).

 

«Señor, lo que yo haga que tenga valor ante Tus ojos, aunque el mundo ni siquiera lo mire»

 

Hebreos 6:10

“Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún.”