¿Moda “terrenal”?

Colosenses 3.1, 5 Anexo

Colosenses 3:1-15

“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con él en gloria. Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas. Pero ahora dejad también vosotros todas estas cosas: ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas de vuestra boca. No mintáis los unos a los otros, habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, y revestido del nuevo, el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno, donde no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, siervo ni libre, sino que Cristo es el todo, y en todos. Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto. Y la paz de Dios gobierne en vuestros corazones, a la que asimismo fuisteis llamados en un solo cuerpo; y sed agradecidos.”

 

Cada temporada nueva los diseñadores están buscando innovaciones en la moda. Constantemente tratan de satisfacer la demanda de un público que anda en busca de algo nuevo y deslumbrante para usarlo. Lo del año pasado ya es usado, lo que viene es nuevo, así que siempre queremos cambiar, y ese ciclo no cambia, al contrario, se mantiene.

 

Lo que hace se usaba hace 5 u 8 años atrás ya nadie lo quiere, las prendas de vestir de los años 80 y 70 parecen ridículas a nuestros ojos, y lo que la gente usaba con glamur en los 20 y 30 ha quedado solamente para fiestas de disfraces o para utilizarlo en obras teatrales o de cinematografía.

 

Pero la Biblia nos habla también de un ‘cambio de vestimenta’, una renovación de ‘moda’; uno que se diferencia entre lo “terrenal”, mundano o carnal (v. 5) y otro que es celestial, piadoso o “de arriba” (v. 1, 2).

 

El creyente, aunque ya es salvo y justificado por la fe en Jesucristo, y ahora está separado para vivir la eternidad con Dios (v. 3, 4); a pesar de tener la naturaleza espiritual, sigue afectado por la condición pecaminosa que lo lleva a actuar en contra de Su voluntad (v. 5-9).

Colosenses 3.1, 5 Pensamiento

La Biblia nos exhorta a revestirnos del “nuevo” hombre, “el cual conforme a la imagen del que lo creó” se debe ir renovando constantemente hasta que lleguemos a estar en la presencia de Dios (v. 10). Por otro lado, también nos manda a que debemos despojarnos de las costumbres pecaminosas del “viejo hombre” (v. 9).

 

Dios quiere que nos vistamos de Su carácter santo cada día y renovemos nuestro armario espiritual de cosas que glorifiquen Su Nombre. Tenemos cada día la oportunidad de vivir con la moda “terrenal”, la cual nadie debería disfrutar, por ser vieja, carnal y destructiva; o tenemos la maravillosa oportunidad de revestirnos del carácter de Cristo para Su gloria. ¿Cuál vestimenta está usando usted?

 

«Señor, ayúdame a renovar mi carácter para que se asemeje más al Tuyo»

 

Romanos 8:13

“porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.”

 

 

Con poder, por voluntad

Apocalipsis 4.11 Anexo

Apocalipsis 4:4-11

“Y alrededor del trono había veinticuatro tronos; y vi sentados en los tronos a veinticuatro ancianos, vestidos de ropas blancas, con coronas de oro en sus cabezas… y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás… Y los cuatro seres vivientes tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de ojos; y no cesaban día y noche de decir: Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir. Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.”

 

“Cuando hubo terminado, volvió a contemplar lo creado, y concluyó que «era bueno en gran manera». Evidentemente el Gran Artista quedó muy complacido con aquel mundo colmado de maravillas, formas y movimiento en el que abundaban colores vivos como los del arco iris y la rosa, texturas agradables como la del pelaje del castor y las hojas de la magnolia, aromas intensos como el membrillo y la madreselva, sonidos espectaculares como el del trueno y el de los riachuelos y sabores exquisitos como el de la sandia y el del chocolate.”Clyde S. Kilby

 

Sin duda este pensamiento nos hace reflexionar sobre la grandiosa creación en la cual habita el hombre. A lo largo de la Biblia vemos reconocimientos fantásticos hacia la creación y su Creador, porque “Jehová Dios hizo nacer de la tierra todo árbol delicioso a la vista, y bueno para comer; también el árbol de vida en medio del huerto, y el árbol de la ciencia del bien y del mal” (Gn 2:9). Las Escrituras también nos dicen que “los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos” y que “Jehová con sabiduría fundó la tierra; afirmó los cielos con inteligencia. Con su ciencia los abismos fueron divididos, y destilan rocío los cielos” (Sal 19:1; Pr 3:19, 20).

 

Pero todo ello queda corto ante la magnificencia de la obra maestra del Creador, el mismo hombre. Cuando Dios hubo creado al hombre y a la mujer y los hubo colocado en medio del huerto fue cuando exclamó con toda seguridad “que todo lo que había hecho… era bueno en gran manera” (Gn 1:26-31).

 

Cuando estemos en Su presencia, nos dice Apocalipsis que nos postraremos en adoración ante el Creador, arrojaremos nuestras “coronas delante del trono” y exclamaremos: “Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas” (Ap 4:10, 11).

Apocalipsis 4.11 Pensamiento

No solo que Dios nos crea con gran poder y belleza en todo sentido, sino que nos crea “por [SU] voluntad”. El Señor deseaba compartir con nosotros eternamente lo creado, era un regalo para que nosotros lo contemplemos, y por medio de ese reconocimiento lo adoremos. Pero el propósito más importante es que nos crea, porque en Su buena voluntad quería que lo conociéramos y compartiéramos con Él (Is 45:18).

 

Honremos al Creador con nuestras vidas y vivamos agradecidos porque en Su voluntad nos creó. No esperemos hasta llegar al cielo para adorarlo por Su poder y voluntad de crearnos, podemos hacerlo desde ahora, y cada día, hasta que estemos ante Su trono.

 

«Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder»

 

Isaías 45:18

“Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro.”

 

Gozosos, firmes y constantes

1 Corintios 15.3, 4 Anexo

1 Corintios 15:1-4

“Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano. Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras.”

 

Cuando nos aseguramos de que algo que usamos o consumimos es duradero y de buena calidad, sin lugar a duda nos atamos a ello y confiamos. Pero si ese objeto no solamente es de buena calidad, sino que placentero y de gran beneficio, nuestro gozo es mayor, ya que tenemos en nuestras manos lo mejor de lo mejor.

 

La Biblia nos recuerda que el evangelio que se nos ha sido predicado tiene su base fundamental en la misma Palabra de Dios: “Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (v. 3, 4).

 

Con tan gran fundamento, nuestra confianza en el mensaje del evangelio nos llena de seguridad y gozo. Todos los que hemos oído y respondido favorablemente a este mensaje (v. 1, 2) tenemos anclada nuestra esperanza en Su Palabra (He 6:19).

 

Con esta seguridad, lo que tenemos por delante en nuestra vida no debería detenernos ni desalentarnos. Para poder vivir una vida victoriosa debemos afianzar esta gloriosa verdad en nuestra mente. Pablo, en su ilustración de la armadura de Dios llamó a esto como el “yelmo de la salvación” (Ef 6:17). Afianzar la verdad del evangelio en nuestra mente nos otorga seguridad e identidad, en guardarlo tenemos confianza.

 

Esta misma identidad nos debe motivar a ser fieles. Entendiendo todo lo que el Señor ha hecho por nosotros, y toda la seguridad que Dios nos da en Su Palabra acerca de nuestra salvación, debemos impulsarnos a comprometernos a vivir por tan magnífica causa. La palabra “perseveráis” nos llama a estar firmes o de pie (v. 1). Como soldado ante la batalla, no nos debe importar el tamaño del enemigo que se nos acerque, nuestra seguridad de vida eterna nos debe alentar a seguir enfrentándolo sin temor, con la confianza que ya hemos sido justificados y que en Cristo tendremos victoria constante (Ro 8:33-39).

1 Corintios 15.3, 4 Pensamiento

Pero la Biblia nos hace un llamado de atención, debemos estar seguros de que no hemos creído “en vano” (v. 2). El mensaje de salvación es que “Cristo murió por nuestros pecados, … que fue sepultado, y que resucitó al tercer día”; para que esta verdad le otorgue seguridad, usted debe haber confiado en ello, no se trata de saberlo, se trata de creerlo desde lo profundo de su ser: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo” (Ro 10:9). Usted puede tener esa segura victoria, debe comenzar creyéndolo de corazón colocando su fe en Cristo como su Salvador.

 

«Gracias Señor Jesús, desde el pecado, pasando por la muerte, y llegando hasta la vida eterna, en Ti tenemos esperanza de victoria»

 

Romanos 8:37

“Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.”

Habrá mucho tiempo

1 Tesalonicenses 4.17 Anexo

1 Tesalonicenses 4:13-17

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.”

 

Un joven un día llegó bajo una profunda tristeza que atormentaba su vida. Él había estado viviendo con su bisabuelo por varios años en una granja criando animales. Su bisabuelo le había pedido que esa noche hablaran antes de ir a dormir, pues tenía algo que contarle. El muchacho, quien ya había estado viviendo una vida desordenada, no hiso caso al pedido de su familiar y se fue a beber alcohol esa noche.

 

Al otro día, cuando llegó a la cama del bisabuelo para buscarlo e ir a trabajar juntos, se encuentra con el cuerpo frío de su amado ‘bisa’. Ya no pudo conversar ni escuchar lo que tenía que decirle, ya no estaba ahí para compartir el trabajo, había fallecido. Este lamentable incidente lo llevaría como causa de su tormenta por muchos años.

 

Todos esos años se había estado recriminando tanto por no haber dado tiempo para su bisabuelo. Se había estado preguntando todos estos años qué es lo que su familiar había querido hablar con él esa noche. No sabía si su bisabuelo presentía la muerte y quería despedirse. Y sobre todo, el remordimiento de que todo eso pasó porque había ido a beber licor, angustiaba cada día de su vida.

 

Pero un día llegó luz a su oscurecido corazón que no hallaba consuelo ante su culpa. Conversando de su vida, comentaba que desde joven había asistido a la iglesia, por años él había acompañado a su bisabuelo cada domingo al servicio que la iglesia tenía en su pequeña comunidad. En ese momento, revisando unos versículos de la Biblia, pudo darse cuenta de que si había esperanza, que todavía tenía una oportunidad para hablar con su bisabuelo, que podría disculparse por esa noche que lo había dejado en la casa y que no pudo conversar. Podría preguntarle inclusive, qué era lo que había deseado hablar.

 

Como creyentes en Jesucristo, tanto el joven como el bisabuelo tienen una cita marcada en el cielo. El joven sabía que su bisabuelito había recibido a Cristo como su Salvador, y que él también lo había hecho años atrás. En ese instante, leyendo algunos pasajes en la Biblia, comprendió que había esperanza de vida eterna para todo aquel que cree que Jesús murió por sus pecados, la Biblia asegura que todos ellos tienen vida eterna (Jn 3:16).

 

Pablo, alentando a los hermanos de la Iglesia en Tesalónica, los anima a no entristecerse por aquellos que habían muerto con su fe puesta en el Salvador. Les exhorta a regocijarse en la esperanza, que tanto los que han muerto, como los que estén todavía vivos para la Segunda Venida de Cristo, todos seremos transformados y reunidos por siempre, compartiendo la eternidad junto al Señor.

1 Tesalonicenses 4.17 Pensamiento

Con esa esperanza por delante, el joven comprendió que tendría todo un tiempo para hablar con su bisabuelo. Ese día podrá disculparse por haberlo dejado, y lo mejor de todo, es que podrá preguntarle sobre lo que esa triste noche no pudo escuchar.

 

Todos los creyentes en Cristo tenemos esa esperanza eterna, de compartir en el cielo con nuestros seres amados, con aquellos que “durmieron en él” (v. 14).

 

Usted y los suyos ¿ya tienen esa esperanza eterna?

 

«Señor Jesús, nuestra fe en Ti nos da esperanza eterna»

 

1 Tesalonicenses 4:18

“Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.”

 

Combátalo con la fe

Lucas 12.34 Anexo

Lucas 12:15-28, 31-33

“Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios. Dijo luego a sus discípulos: Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué comeréis; ni por el cuerpo, qué vestiréis. La vida es más que la comida, y el cuerpo que el vestido. Considerad los cuervos, que ni siembran, ni siegan; que ni tienen despensa, ni granero, y Dios los alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que las aves? ¿Y quién de vosotros podrá con afanarse añadir a su estatura un codo? Pues si no podéis ni aun lo que es menos, ¿por qué os afanáis por lo demás? Considerad los lirios, cómo crecen; no trabajan, ni hilan; mas os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo, y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a vosotros, hombres de poca fe? […] Mas buscad el reino de Dios, y todas estas cosas os serán añadidas. No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino. Vended lo que poseéis, y dad limosna; haceos bolsas que no se envejezcan, tesoro en los cielos que no se agote, donde ladrón no llega, ni polilla destruye.”

 

La vida siempre nos presentará afanes económicos por qué preocuparnos: la renta, vestido, ropa, facturas, etc. Pero también nos presenta pecados por los cuales nos atamos: la avaricia, la codicia, la vanidad, etc. Estos factores afectan nuestra vida espiritual y la manera como administramos nuestras finanzas, nos alejan de la voluntad de Dios y nos llevan a la falta de fe y la desobediencia.

 

Como seres finitos, nuestra atención se distrae muchas veces en el ahora o lo temporal, y pocas veces miramos hacia lo eterno. Para poder enfocarnos apropiadamente en la manera como administramos nuestras finanzas, debemos mirar lo pasajero e incierto que muchas veces el es futuro en la tierra, como lo fue en el caso del hombre avaro, que pensando edificar para retener más dinero, planeó incrementar sus graneros, sin saber que ‘el mañana’ no hubo para él, pues esa noche vinieron por su alma (v. 15-21).

 

Por otro lado, los afanes nos atormentan y nos hacen perder la fe. Cuando desconocemos el futuro completo, esa falta de conocimiento pleno nos inquietan ante las limitaciones que enfrentamos hoy o que están por venir, y que ya son ciertas (renta, pagos de cuentas, etc.); afecta nuestra tranquilidad trayendo ansiedad, y no miramos hacia el Dios que es capaz de alimentar las aves y vestir a las flores del campo (v. 22-28).

Lucas 12.34 Pensamiento

Dios nos invita a mirarlo a Él, a confiar en Su poder para proveer para nuestras necesidades, desde las más simples a las más complejas; a dejar nuestros pecados relacionados con el dinero atrás, y a vivir creciendo en nuestra fe de forma piadosa. A ya no llenarnos de tesoros terrenales que son temporales y de fácil corrupción, sino a depositar en lo eterno, donde el galardón es grande. De limosna al prójimo, de lo que debe dar para el Señor, haga tesoros en Su “reino”, y Él mismo se encargará del resto (v. 29-34).

 

«Señor, ayúdame a fijar mis ojos en lo eterno y bueno, para ya no mirar en lo temporal y pecaminoso»

 

Lucas 12:34

“Porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”

 

 

El mentiroso y el ladrón

Malaquías 3.8 Anexo

Malaquías 3:6-12

“Porque yo Jehová no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos. Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos? ¿Robará el hombre a Dios? Pues vosotros me habéis robado. Y dijisteis: ¿En qué te hemos robado? En vuestros diezmos y ofrendas. Malditos sois con maldición, porque vosotros, la nación toda, me habéis robado. Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde. Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos. Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos.”

 

Un dicho popular enuncia que ‘más rápido cae el mentiroso que el ladrón’, expresando que una persona que miente es más fácilmente descubierta que una persona que llega a robar. En parte este enuncio es verdad ante los ojos del hombre, porque ante Dios, tanto el mentiroso como el ladrón son conocidos por Él.

 

Nuestro Omnipresente y Omnisciente Dios conoce cada una de nuestras acciones y de nuestros pensamientos. Cómo lo declara en Su Palabra, ni siquiera uno ha llegado a pronunciar una palabra, ni ha llegado a nuestra lengua, “y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda” (Sal 139:4). No hay nada que se oculte ante la presencia de Dios.

 

Recordemos que todo lo que existe a nuestro alrededor, todo lo que ha sido creado, toda la riqueza, todos los recursos, todo lo que llega a nuestras manos, todo lo que Dios permite que administremos, todo le pertenece a Él (Hag 2:8). Al igual que la figura del siervo y el Amo en la parábola de los talentos, Dios ha puesto en nuestras manos recursos para que los administremos bajo la voluntad del Amo, no bajo nuestra voluntad (Mt 25:14-30).

 

Cada centavo en nuestro bolsillo, cada prenda de ropa que tenemos, cada pedazo de pan con que nos alimentamos, todo llega bajo la provisión de nuestro Padre de misericordias. Así que, todo lo que está en nuestras manos debe ser administrado tal cual Él espera que lo hagamos. Pero cuando no lo hacemos, entonces estamos actuando irresponsablemente.

 

El pueblo de Israel estaba robando al no dar los diezmos ni las ofrendas al Señor (Mal 3:8, 9). El pueblo tenía que presentar el diezmo de todo (Lv 27:30-33; Dt 14:22-29), a parte de las diversas ofrendas que ellos tenían que dar en el templo; pero en su lugar, habían decidido retenerlo todo para su propio uso.

Malaquías 3.8 Pensamiento

En el A.T. se observa a Abraham dando “los diezmos de todo” a Melquisedec, tipo de Jesucristo, mucho antes que sea establecido bajo la ley de Moisés (Gn 14:18-20; He 7:4-9). El N.T. no enseña algo directamente sobre los diezmos, pero tampoco lo condena (Mt 23:23; Lc 18:12), dándonos a entender que se mantiene presente. Además, si en el tiempo de la ley de Moisés el pueblo daba a Dios, mucho más ahora, el creyente estando bajo la gracia, debería desbordarse abundando también “en esta gracia” de dar (2 Co 8:7).

 

Los creyentes debemos entender este principio importante: Todo le pertenece al Señor, y una forma de honrarlo es administrando apropiadamente lo que nos ha dado; no hacerlo, es robar de lo que no es nuestro.

 

«Señor, te honro cuando cuido de lo Tuyo»

 

2 Corintios 8:7 (NVI)

“Pero ustedes, así como sobresalen en todo —en fe, en palabras, en conocimiento, en dedicación y en su amor hacia nosotros —, procuren también sobresalir en esta gracia de dar.”

Efecto resultante

Filipenses 4.17 Anexo

Filipenses 4:10-20

“En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí; de lo cual también estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad. No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación. Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino vosotros solos; pues aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades. No es que busque dádivas, sino que busco fruto que abunde en vuestra cuenta. Pero todo lo he recibido, y tengo abundancia; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis; olor fragante, sacrificio acepto, agradable a Dios. Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús. Al Dios y Padre nuestro sea gloria por los siglos de los siglos. Amén.”

 

Los mejores frutos que se pueden cosechar siempre vendrán de una planta fuerte y sana que ha sido apropiadamente cuidada por el granjero. Una planta que está sufriendo de una enfermedad, de falta de agua, o está plantada en un terreno pobre no tiene la posibilidad de producir como se quisiera. Podríamos decir que los frutos son el resultado de factores internos y externos que afectan la planta.

 

De la misma manera son los frutos que se producen en nuestra vida espiritual.

 

Pablo estaba completamente agradecido con Dios por los frutos que se estaban dando en la vida de los hermanos de la iglesia en Filipos. Estaba regocijándose porque ellos habían «revivido [el] cuidado» que tenían hacia él (v. 10). Los hermanos de Filipos habían colaborado en la obra de Dios a través de la ofrenda que constantemente enviaban a Pablo (v. 15-18).

 

Estos frutos de generosidad no eran simples dádivas otorgadas en favor de la obra de Dios y del apóstol, sino que eran fruto en favor de los mismos quienes daban para la obra, eran considerados como fruto de su obra en el reino de Dios (v. 17).

 

Nuestra generosidad y obediencia de dar para la obra de Dios si puede estar afectada, pero no por falta de trabajo de Dios, nuestro “labrador” (Jn 15:1), sino por problemas en la vida del creyente que ha permitido que afecte su productividad. Puede ser por una pobre relación con el Señor (Jn 15:4, 5); por un pecado de egoísmo o avaricia; o por una falta de comprensión espiritual del valor de dar que ha generado que el creyente no produzca fruto.

Filipenses 4.17 Pensamiento

La Palabra de Dios nos dice que no se buscan simples “dádivas, sino… fruto que abunde en vuestra cuenta”. Lo que el creyente da es resultado de una fuerte y sana relación con Dios, algo que es considerado como parte de su participación en el reino, es de ello que Pablo se gozaba, pues veía que los creyentes en Filipos estaban madurando al participar en el reino a través de las ofrendas.

 

La Biblia nos recuerda que Dios “suplirá todo lo que [nos] falta”. No solamente que está interesado en que maduremos y seamos fructíferos, sino que se encargará para que sigamos llevando más y más fruto “conforme a sus riquezas (v. 19). Tenemos a nuestra disposición el abastecimiento de Dios para que seamos fructíferos; es hora de llevar más frutos en favor de nuestra cuenta celestial (Mt 6:19-21).

 

«De Tu generosidad, Señor, nosotros damos»

 

Juan 15:16

“No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca; para que todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, él os lo dé.”

 

No hay escasez

1 Reyes 17.16 Anexo

1 Reyes 17:8-16

“Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo: Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente. Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba. Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano. Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir. Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra. Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días. Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías.”

 

Si alguna vez ha estado en el límite de la escasez, y después, sin saber de donde aparece más, usted llega a tener lo que necesita, entonces entenderá que escasez nunca hubo, tal vez limitaciones, pero nunca faltó. Eso es exactamente lo que enfrentó la viuda de Sarepta.

 

Un “puñado de harina… en la tinaja” y un “poco de aceite en una vasija” era todo lo que tenía la viuda para prepararle la última cena a su hijo, y después esperar la muerte por la sequía y hambruna que había caído en Israel (17:12). Por medio del Elías, Dios había enviado una sequía como castigo por la idolatría del rey y del pueblo. El Señor estaba trayendo juicio sobre la nación y todos los habitantes estaban sufriendo las consecuencias (16:29 – 17:7).

 

En medio de la escasez, el mismo profeta estaba sufriendo limitaciones; pero el Señor había preparado un medio para mantener con alimento, no solo a Elías, sino también, a la pequeña familia de la viuda.

 

Dios le pide que vaya a buscar en Sarepta a esta pobre mujer para que lo alimente, y de paso, sustentar a la familia de ella. Como era de esperar, la mujer requirió dar un paso de fe y sometimiento cuando decidió dar el último bocado de pan para el no esperado huésped. Dios honró su confianza y obediencia, “y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó” (17:16).

1 Reyes 17.16 Pensamiento

Nuestra voluntad puede estar afectada por nuestra falta de fe y sometimiento a la voluntad de Dios. Cuando Dios espera que nosotros obedezcamos dando de lo que ha puesto en nuestras manos, nosotros miramos nuestra necesidad y no confiamos en lo que Dios puede hacer para cubrirla; esa falta de fe nos lleva a la falta de obediencia, y por ello no diezmamos, no ofrendamos, o no ayudamos a alguien que lo necesite.

 

Tal vez Dios haya puesto en usted algo que necesita hacer, algo que deba dar; no mire lo que hay en su “tinaja” o en su “vasija”, mire a Dios, y deje que Él provea para lo que necesite; usted confíe y actúe, el Señor se encargará del resto. Solamente necesita confianza y acción.

 

«Señor, gracias por las limitaciones, porque en ellas conozco más de Tu provisión»

 

Jeremías 32:27

“He aquí que yo soy Jehová, Dios de toda carne; ¿habrá algo que sea difícil para mí?”