Solícito de corazón

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Solícito de corazón

 

2 Corintios 8:16-23

“Pero gracias a Dios que puso en el corazón de Tito la misma solicitud por vosotros. Pues a la verdad recibió la exhortación; pero estando también muy solícito, por su propia voluntad partió para ir a vosotros. Y enviamos juntamente con él al hermano cuya alabanza en el evangelio se oye por todas las iglesias; y no sólo esto, sino que también fue designado por las iglesias como compañero de nuestra peregrinación para llevar este donativo… […] Enviamos también con ellos a nuestro hermano, cuya diligencia hemos comprobado repetidas veces en muchas cosas, y ahora mucho más diligente por la mucha confianza que tiene en vosotros. En cuanto a Tito, es mi compañero y colaborador para con vosotros; y en cuanto a nuestros hermanos, son mensajeros de las iglesias, y gloria de Cristo.”

 

Si hay algo que se requiere en la obra del Señor es personas solícitas, personas dispuestas a servir al prójimo para bien de la iglesia. Tito es una muestra de tal solicitud.

Aunque poco se describe de este joven aprendiz, lo que nos arroja las Escrituras no deja ver que era una persona que estaba llena de una gran “solicitud”. Tito fue compañero de Pablo y Bernabé en el viaje que realizaron a Jerusalén para defender el ministerio a los gentiles (Ga 2:1). En la Segunda Carta a los Corintios, Pablo habla de Tito como alguien que fue muy bien conocido por esa iglesia, y quien por su diligencia por ellos era muy apreciado no solamente por los corintos, sino también por Pablo y por las otras iglesias (2 Co 2:12-13; 8:16).

Aparentemente Tito fue el mensajero que llevó la Primera Carta, por lo que, al encontrarse con Pablo, el Apóstol pudo escuchar del mismo Tito la manera como la iglesia respondió ante la exhortación de aquella Carta. Vemos que el mismo Tito estaba preocupado de antemano por el comportamiento de los hermanos en Corinto y por la manera como ellos pudieran responder, mostrando así un sincero y profundo interés (2 Co 7:6-8, 13-15).

Cuando Pablo decide mandar con alguien a recoger el dinero que se destinaría para ayudar a los hermanos en Jerusalén, Tito “estando también muy solícito, por su propia voluntad partió” hacia ellos, guiado por Dios, para llevar la Segunda Carta y para exhortar a los hermanos a dar para la ministración de los santos (2 Co 8:6, 16-18).

En la Obra del Señor se requiere de personas que estén dispuestas a dar de su vida para el bien de los hermanos y de la extensión de la obra. Personas diligentes que tomen con determinación y prontitud las tareas designadas, sabiendo que todo lo que hace traerá gran beneficio. El amor por los hermanos expresado en una entrega de corazón es una manifestación de tal solicitud.

Pidamos a Dios para que levante de entre nosotros personas con solicitud, personas dispuestas a dar todo por amor a los hermanos y a la obra de Dios. Oremos para que nosotros seamos esas personas solícitas a dar todo. Recordemos que la mies es mucha, mas los “solícitos” pocos.

 

«Padre, levanta de entre nosotros a más personas solícitas para Tu obra»

 

Mateo 9:38

Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies.”

Las intervenciones “fuera de tiempo” de Dios

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Las intervenciones “fuera de tiempo” de Dios

 

Eclesiastés 3:1, 9-11

Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. […] ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana? Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él. Todo lo hizo hermoso en su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin.”

 

Mientras me levantaba en la mañana me ponía a pensar en el escrito que tenía que realizar y que no lo había hecho aún. Normalmente durante el día anterior a la publicación Dios pone en mi mente algún versículo o pasaje para meditar en él y reflexionar, pero esta vez nada estaba ahí. Pero mientras me levantaba cansado de una larga jornada de trabajo del día anterior me preguntaba el ¿por qué Dios no me había conducido hacia alguna enseñanza aún?

A pesar de mi inquietud, la paz gobernaba mi mente y mi corazón. De repente recibí un mensaje de texto de una amiga, el mismo que hablaba de una conversación ficticia entre un hombre y Dios. En esa ‘conversación’ el hombre le pide a Dios que le explique las razones porqué ese día todo había salido diferente, entre eso le pregunta sobre las cosas en su tiempo. No pudo llegar a tiempo al trabajo, no pudo encender su auto a tiempo, no pudo hacer varias cosas y Dios le explica las razones, usando las tardanzas y complicaciones el Señor le permitió al hombre obtener un día bajo la protección de Dios y con sus bendiciones. Y aunque fue ficticio, me hizo reflexionar, el Señor quería enseñarme sobre sus intervenciones “fuera de tiempo”.

Alguna vez usted se ha sentido como que las cosas no cuadran en su tiempo y que las cosas van fuera de horario. Esos momentos cuando creemos que Dios no está haciendo algo y se pregunta que habrá pasado por el retraso o por la falta de resultados dentro de nuestro tiempo. Pues Dios nunca se equivoca, nunca llega tarde, nunca deja de hacer algo. Dios es puntual, nunca comente errores y siempre es soberano en todo. Para mí, esta enseñanza me llevó a reflexionar en esto.

No fue tarde o que Dios no iba a obrar, el Señor quería enseñarme que Su tiempo es “hermoso” y que todo lo que Dios tiene para hacer tiene Su hora, no la mía. Aprendí que mientras esperaba pacientemente tenía que aprender a confiar en Él y no dejarme llevar por el afán de escribir. Dios sabía lo que necesitaba, y tenía que usar esta “intervención fuera de mi tiempo” para enseñarme que las cosas son bajo Su control absoluto, incluyendo el tiempo.

Hoy, antes de escribir esta reflexión también leí algo publicado por el Dr. David Jeremiah que decía: Algunas lecciones se pueden aprender solo en el fracaso, y ningún día es perdido si se aprende una lección”; pues yo quiero decirle que hay lecciones que solamente se aprenden en el “retraso”, y si aprendemos a encontrar la lección de ese retraso entenderemos que Dios siempre está a tiempo, siempre hace todo correcto, y siempre tiene todo bajo Su poderoso control.

 

«Querido Padre en el Cielo, gracias por Tu soberanía, por Tu fidelidad, por Tu hermoso tiempo»

 

1 Crónicas 29:12

“Las riquezas y la gloria proceden de ti, y tú dominas sobre todo…”

 

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Las Cuatro “A” del cristiano

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Las Cuatro “A” del cristiano

 

1 Tesalonicenses 5:14, 15

“También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos. Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno unos para con otros, y para con todos.”

 

Leyendo sobre la historia de un oficial de la marina americana que se encontraba en su primera batalla y fue alentado por un oficial mayor me vino a la mente la necesidad que existe de personas que nos puedan ayudar a continuar motivados en nuestra batalla cristiana. El joven marino estaba en su primera batalla, y cuando vino una lluvia de balas del enemigo, casi se desmayó. El oficial superior comprendió su terror y estrechando su mano, le dijo con cariño: “¡Valor mi muchacho, estarás bien dentro de unos momentos; yo tuve la misma experiencia en mi primera batalla!” El joven dijo con frecuencia que las palabras dichas por su superior fueron como si un ángel hubiera venido y puesto vida nueva en él. Desde ese momento fue más valiente que los demás.

Pablo, dando instrucciones a la Iglesia en Tesalónica, llama a los hermanos a que Amonesten, Alienten, Apoyen y Amen. Con este breve pasaje nos entrega un gran mensaje que nos puede ayudar a motivar a otros, mientras otros nos pueden motivar también a nosotros.

AMONESTAR (“amonestéis a los ociosos”): La palabra amonestar en su griego original tiene la idea de “exhortar” en las cosas malas denotando advertencia, y de “enseñar” impartiendo verdades positivas (Ef 6:4; Col 3:16). Los hermanos en Tesalónica se habían dedicado al desorden u ocio ya que creían que la venida de Cristo era eminente, por lo que consideraron que ya no tenía sentido trabajar y por esto se dedicaron a disfrutar de los “últimos días” del hombre. Pablo los exhorta a que trabajen y les enseña con la verdad del Retorno de Cristo (1 Ts 4:10-18). Cuando vaya “amonestar” a su hermano, recuerde que debe ser una exhortación con enseñanza.

ALENTAR (“alentéis a los de poco ánimo”): De alguna manera todos siempre nos podemos desanimar en nuestro caminar con Cristo llevándonos a la pasividad. Este desaliento puede llenarnos de cierto temor a actuar debido talvez a alguna oposición en contra de quienes somos en Cristo, lo que nos lleva a la inactividad. Una palabra de aliento en esos casos siempre será necesario.

AYUDAR (“que sostengáis a los débiles”): Ningún creyente que ha recibido a Cristo como su Salvador personal nace espiritualmente fuerte, al contrario, su nuevo nacimiento lo hace susceptible ante las pruebas y las tentaciones. Como el soldado raso, el nuevo creyente necesita de apoyo espiritual para seguir creciendo y batallando en la fe.

AMAR (“que seáis pacientes para con todos. Mirad que ninguno pague a otro mal por mal; antes seguid siempre lo bueno): La Primera Carta a los Corintios tiene la descripción completa de lo que es amar, y en ella Dios nos llama a ser pacientes, misericordiosos, justos, generosos, benignos (1 Co 13:4-8). Todo lo que se habló anteriormente se puede llevar a cabo siempre que uno sepa amar correctamente. Sin amor, nada sería hecho apropiadamente.

En una iglesia estas Cuatro “A” son valiosas y necesarias. Todos necesitaremos de alguien quien nos amoneste, aliente, ayude y ame; y siempre habrá alguien quien las requiera de nosotros también.

 

«Padre, gracias por los hermanos que estuvieron siempre ahí cuando los necesitaba, ayúdame a estar dispuesto a ser usado por Ti»

 

Romanos 14:19

“Así que, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.”

Padre, con Visión y Propósito

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Padre, con Visión y Propósito

 

Génesis 18:17-19

“Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer, habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra? Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él.”

 

¿Mirando en la vida de sus hijos, ya sean estos niños, jóvenes o adultos; qué es lo que ve en sus vidas futuras? ¿Qué clase de futuro se dibuja para ellos? Todos los padres anhelan lo mejor para sus hijos: Una buena profesión, un buen futuro económico, un precioso hogar. Para esto usted trabaja con ahínco, se esfuerza tratando de dar lo mejor que esté a su alcance para que ellos puedan lograr esas metas. Qué padre no desea esto para sus hijos, ¿verdad?

Pero permítame hacer una pregunta: ¿Qué hay para ellos en ese dibujo que usted espera crear en relación a la vida espiritual de sus hijos? ¿Cómo los ve usted a ellos en una relación personal e íntima con Dios? ¿Los puede ver como buenos padres, fieles y amantes esposos, comprometidos con Dios y con la iglesia, y además personas de buen testimonio en la sociedad y en el trabajo?

Mirando un poco atrás, en el relato de Abraham, encontramos que Dios tenía una certeza clara que el Patriarca haría un buen trabajo educando a sus hijos y a su descendencia con respecto a sus vidas espirituales: “Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová.” (Gn 18:19)

Abraham había mirado el cuadro completo de lo que Dios había preparado para él y sus hijos unos años atrás a este evento relatado de Génesis 18. Cuando Dios se acercó a su anciano amigo le dijo que mire al cielo y que cuente las estrellas si es que las podía contar, y le dijo: “Así será tu descendencia.” (Gn 15:5) En ese mismo momento Abraham llegó a mirar la visión de Dios para él y sus hijos y entendió que tenía un propósito que cumplir: Si sus hijos habrían de ser de bendición (VISIÓN), Abraham tenía que cumplir con el propósito de ser un buen padre y guía espiritual (PROPÓSITO). Dios sabía que esto sería el propósito de Abraham para su vida que lo llevaría a cumplir con la visión del Señor para su familia, y por esto Dios con seguridad dijo: “Yo sé que mandará…”

Todo padre debe saber y comprender que Dios tiene un plan para cada familia (VISIÓN), y cuando podamos mirar esa visión que trasciende el tiempo y llega a lo eterno podremos entender que todos los padres tenemos una tarea que cumplir: Guiar a nuestros hijos en lo espiritual (PROPÓSITO). ¿Cuál es la visión que usted tiene espiritualmente para sus hijos? ¿Qué está haciendo para que esto se llegue a dar? ¿Está cumpliendo con el propósito de Dios para su vida de ser buen padre y abuelo? Si no ve esa visión, nunca entenderá su real propósito.

La vida espiritual de nuestros hijos depende en gran manera de que cumplamos con nuestra parte en el plan de Dios. ¿Qué estoy haciendo para que se cumpla? Abraham miró con FE la VISIÓN, eso le ayudó a cumplir con su PROPÓSITO porque confiaba que Dios cumpliría con lo que había dicho. (Romanos 4:18-21)

 

«Dios, ayúdame a ver la visión en mi familia para cumplir con mí propósito en ella»

 

Jueces 13:12

“Entonces Manoa dijo: Cuando tus palabras se cumplan, ¿cómo debe ser la manera de vivir del niño, y qué debemos hacer con él?”

Curiosidad, Religiosidad, o Sinceridad de Interés

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Curiosidad, Religiosidad, o Sinceridad de Interés

 

Lucas 23:8-11

Herodes, viendo a Jesús, se alegró mucho, porque hacía tiempo que deseaba verle; porque había oído muchas cosas acerca de él, y esperaba verle hacer alguna señal. Y le hacía muchas preguntas, pero él nada le respondió. Y estaban los principales sacerdotes y los escribas acusándole con gran vehemencia. Entonces Herodes con sus soldados le menospreció y escarneció, vistiéndole de una ropa espléndida; y volvió a enviarle a Pilato.”

 

¿Alguna vez ha estado con el simple deseo de conocer o averiguar algo, pero no ha puesto mucho interés después? Eso es lo que podría decirse de una persona simplemente curiosa.

¿Alguna vez ha realizado actividades repetitivas con el simple deseo de cumplir con un requisito o un deber? Eso es lo que se podría decirse de una persona simplemente religiosa.

¿Alguna vez ha realizado una actividad o averiguado sobre un asunto porque lo considera importante y relevante y porque detrás de lo que hace está un corazón vibrante? Es lo que se podría decirse de una persona con un interés sincero.

Herodes Antipas o Herodes el Tetrarca fue una persona curiosa, religiosa, pero que realmente no tenía un sincero interés. Era gobernador de la Tetrarquía de Galilea y Perea y había quitado a la esposa de su hermano Arquelao y la tenía de amante. Juan el Bautista, contemporáneo de la época, lo acusó justamente de adulterio (Mr 6:18).

Por el comportamiento temeroso en contra de Juan el Bautista se podría decir que de alguna manera guardaba algún respecto al mensajero de Dios porque lo consideraban profeta y temía al pueblo (Mt 14:5). Aunque pensaba matarlo por influencia de su amante Herodías para callar a su acusador (Mr 6:19) le tenía cierto aprecio (Mt 14:9). Sabía que Juan era un “varón justo y santo” por lo que lo cuidaba de la muerte, y cuando lo oía hablar lo “escuchaba de buena gana” aunque “se quedaba muy perplejo” porque lo acusaba su conciencia (Mr 6:20).

Era un hombre religioso porque cuando era tiempo de la Pascua iba de Galilea a Jerusalén para observar la fiesta religiosa (Lc 23:7), fue allí donde llegó a conocer al Señor Jesucristo en persona cuando fue remitido hacia él por parte de Pilato (Lc 23:6-9). Herodes había deseado conocerlo desde mucho antes, cuando supo todo lo que hacía Jesús, pensaba que era Juan el Bautista quien había resucitado (Lc 9:7-9). Cuando se encuentra con Jesús cara a cara, pero al no poder ver ninguna señal de parte del Señor y al no encontrar respuesta a sus interrogantes lo “menospreció y escarneció” junto a sus soldados y los sacerdotes que lo llevaban, lo viste con “ropa espléndida”, y lo vuelve a enviar a Pilato (Lc 23:9-12).

Una persona que aparenta curiosidad y religiosidad no necesariamente llega a ser un creyente en Jesucristo. Una persona que solamente se deja llevar de comentarios o de su conciencia, pero no quiere cambiar su corazón ante Dios nunca llegará a mirar a Jesús como su Salvador. Muchos pueden aparentan ser creyentes, pero en la verdad no lo son. Podrán escuchar curiosamente la Palabra, pero Ella no halla cabida en sus vidas. Que alguien sepa de Dios no quiere decir que realmente ha llegado a transformar su corazón de piedra.

¿Está su corazón realmente transformado o es usted una persona con curiosidad y religiosidad nada más? Cristo está golpeando su puerta este momento, está frente a usted esperando que lo deje entrar, ¿le abrirá su vida al Señor o lo ‘enviará de vuelta’? Despreciar a Jesús es despreciar el amor de Dios y el perdón de pecados. Si usted no lo ha recibido a Jesucristo como su Salvador personal ahora es el mejor momento para hacerlo. Con un corazón sincero y arrepentido pida perdón por despreciarlo y rechazarlo y recíbalo con fe como su Señor. ¡El Señor quiere y puede salvar solo a quienes tienen sincero interés!

 

«Señor Jesucristo, Tu moriste despreciado y rechazado, Tu lo hiciste pensando en mí, te abro la puerta de mi vida para que cambies mi corazón»

 

Juan 5:24

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”

¿Con qué?

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¿Con qué?

 

Miqueas 6:6-8

“¿Con qué me presentaré ante Jehová, y adoraré al Dios Altísimo? ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año? ¿Se agradará Jehová de millares de carneros, o de diez mil arroyos de aceite? ¿Daré mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mis entrañas por el pecado de mi alma? Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.

 

El poder sentirnos dignos de Dios es uno de los más loables pensamientos que puede venir a nuestra mente. ¿Qué puedo hacer para agradarle? Para muchos la religión ofrece este medio. El cumplir con ritos religiosos, el ofrecer holocaustos o sacrificios temporales aparentemente ofrecen un camino a esta necesidad humana.

Lo cierto es que muchas religiones ofrecen tantos ritos posibles como necesidades se presentan, pero todos estos ritos, aunque aparezcan santos y buenos, solo pueden llenar nuestra alma por un momento, pero ese vacío vuelve. Son satisfacciones momentáneas, y más que nada humanas, pero eso no quiere decir que son agradables a Dios, solo satisfacen al hombre (Miqueas 6:6, 7).

Dios da respuesta a esta gigante inquietud humana. En Miqueas 6:8 nos dice que es nuestra obediencia, el amor al prójimo, y una vida humilde es lo que agrada a Dios. Deuteronomio 10:12-19 añade que el Señor espera un corazón sumiso, lejos de la rebeldía, y un amor a Él expresado en consagración de vida. En Mateo 22:37-39, Jesús lo resumió en un amor entregado a Dios y al prójimo.

El Señor no se agrada con ritos externos si es que el corazón del hombre no está entregado a Él. Podremos ir a la iglesia todas las veces que sean necesarias, talvez podamos dar la ofrenda y leer la Biblia en forma constante, pero si el corazón del hombre no está alineado correctamente con el de Dios nada de lo que hagamos tendrá sentido para el Señor.

Dios siempre ha deseado que el corazón del hombre esté humillado y anhelante de Él, un corazón que tenga el gran deseo de poder estar ante Su presencia constantemente buscando agradarle. Los ritos y ofrendas si son parte de la adoración a Dios, pero son sin valor si no tienen el corazón de quién los presenta.

Quienes «le adoran» a Dios «en espíritu y en verdad es necesario que adoren» (Juan 4:24), entonces lo que Dios espera que traigamos a Su presencia es nuestro sincero corazón. ¿Cómo está su corazón hacia Dios? Nuestra obediencia, el deseo de agradarle y de glorificar Su Nombre, acompañado de una vida sacrificada en ‘culto racional’ serán nuestra mejor forma de adoración.

Pero todo comenzará entregándole su vida a Cristo. El Señor Jesús claramente dijo que nadie viene” a la presencia del “Padre, sino por mí (Juan 14:6). La fe en la obra de Cristo en la cruz, y no nuestras propias obras, son las que nos ofrecen perdón de pecados y la entrada directa al trono de Dios (Efesios 2:8, 9; Hebreos 10:12-22). ¿Ya ha puesto su fe en Cristo?

 

«Padre, hoy te entrego mi ser, te doy mi corazón, con mi fe puesta en Cristo deseo venir delante de Ti»

 

Romanos 12:1

«Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.»

«Afinando» nuestro Amor

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“Afinando” nuestro Amor

 

1 Corintios 13:1

“Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe.”

 

Si alguna vez ha tratado de tocar un címbalo, sabrá que no es un instrumento fácil de maniobrarlo para producir el sonido adecuado. Los címbalos son dos láminas de metal cóncavas que se juntan para producir un sonido fuerte. Generalmente construidos de bronce, en la antigüedad se los utilizaban para llamar la atención y acompañarlos con trompetas en los ritos ceremoniales. El sonido que estos címbalos daban era a manera de ruido monótono, lo que a la larga podían producir malestar si no se los utilizaba apropiadamente y en ritmo.

Una persona que solamente actúa en favor de alguien, pero que actúa sin amor, es como un pedazo de metal que solamente produce ruido. No importa lo que usted haga, si lo que hace no está impulsado y recubierto de amor, entonces lo que hace vienen a ser una tarea simplemente realizada, cubierta con la fría escarcha que un corazón sin amor y motivado por la obligación o el egocentrismo de hacerlo.

El Apóstol Juan escribe en su Primera Carta que debemos amarnos “unos a otros… porque el amor es de Dios”, es decir, generado e impulsado por Dios, porque “Dios es amor” (1 Jn 4:7, 8). Entonces amar es un acto generado por Dios, canalizado a través de nosotros por el Espíritu Santo (Ro 5:5), y entregado a todos aquellos que están a nuestro alrededor cuando lo dejamos fluir.

La capacidad de amar nos ha sido dada, el deseo de amar es lo que se ha limitado por el hombre. Solo para mencionar la frase «amarse “unos a otros”» se encuentra unas 18 veces en el NT para exhortarnos a amar (Jn 13:34). Es el pecado lo que limita el desarrollo de este amor. Si nuestra vida estuviera controlada por el amor entregado (amor ágape) todo lo que hiciéramos fuera libre y generosamente dado.

Juan, continuando, nos dice que ya hemos aprendido a reconocer lo que es el amor ya que “Dios nos ha amado así” (1 Jn 4:11), y ese amor se mostró cuando “Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él” (1 Jn 4:9). Es decir, en forma desinteresada, con libertad, y con sinceridad, Dios nos ha mostrado el amor dándonos a Su Hijo.Al conocer el verdadero significado y el valor del amor de Dios hacia nosotros estamos motivados “amarnos unos a otros” (1 Jn 4:11). Al amar permitimos que fluya a través de nosotros el amor de Dios hacia los demás y nuestra relación con Él se hace más fuerte, y entre más amamos, más desarrollamos esta capacidad de amar hasta el punto que “su amor” se llega a perfeccionar “en nosotros (1 Jn 4:12).

Así como el uso de un instrumento musical debe ser practicado más y más para que suene como debe ser, el amor puede ser ‘afinado’ o perfeccionado en nosotros a medida que amamos más y más a los demás. Un amor perfecto es uno cómo el de Dios.

 

«Padre, gracias por amarme, que Tu amor sea “perfeccionado” en mí»

 

Juan 15:12

“Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado.”

¿Qué dice la gente de mí?

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¿Qué dice la gente de mí?

 

1 Tesalonicenses 1:6-10

Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo, de tal manera que habéis sido ejemplo a todos los de Macedonia y de Acaya que han creído. Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada; porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.”

 

Si hay algo que viaja poderosamente y llega a todo lado es una reputación. Sea buena o mala, las personas siempre hablaran de cada uno de nosotros.

Para quienes buscan a Dios el buen testimonio de alguien puede ser motivador y siempre dará la gloria al Señor. Pero cuando la gente busca una evasiva para no seguir al Señor el encontrar una persona de mal testimonio siempre será la ‘excusa perfecta’ para evitar involucrarse seriamente en una relación con nuestro Salvador.

Los miembros de la Iglesia en Tesalónica se habían convertido en un referente de testimonio en toda la Península Balcánica, dónde se hallaba Macedonia y Acaya (v. 7). Estos hermanos habían “sido ejemplo” de creyentes transformados de tal manera que en todo lugar su “fe en Dios” se daba a conocer (v. 8).

Aquí cabe una buena pregunta: ¿Qué dice la gente de mí? ¿Están hablando de buena manera, y soy de testimonio a quienes me rodean de tal forma que buscan a Dios y creen que mi fe es real y sincera?

No podemos olvidar el poder que tiene el testimonio. Para que la gente pueda conocer a un Dios transformador tienen que ver vidas transformadas. Un testimonio veraz es más atrayente que un imán y más poderoso que mil palabras. El testimonio es el enganche perfecto para que la gente quiera escuchar de Cristo. Muchos andan por ahí buscando un cambio en sus vidas, pero el cambio que no se ve no convence.

Los hermanos en Tesalónica dieron a conocer cuan gustosos escucharon el evangelio y la gente supo cuánto sufrieron por recibir la verdad. Fue notoria su conversión de los “ídolos a Dios”, tal así que ahora servían “al Dios vivo y verdadero”, y su fe era tan convincente que el resto sabían que ellos estaban esperando ir al cielo cuando Jesucristo vuelva (v. 6, 8-10). ¿Qué dice la gente de nosotros?

Comprometámonos seriamente a ser imitadores de Cristo para que la gente glorifique al Padre a través de nuestras obras, con ese testimonio real más personas se sentirán atraídas a conocer la verdad de Cristo y de Su evangelio. Usted talvez sea la única ‘luz’ que muchos puedan conocer, que esa luz sea resplandeciente y apunte a nuestro Dios.

 

«Señor, ayúdame a ser testimonio de Tu poder»

 

1 Pedro 2:12

manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras.”