Trabajando sin desmayar

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Trabajando sin desmayar.

 

2 Crónicas 15:7, 8

Pero esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, pues hay recompensa para vuestra obra. Cuando oyó Asa las palabras y la profecía del profeta Azarías hijo de Obed, cobró ánimo…”

 

En la obra del Señor los desalientos y el cansancio en las batallas pueden venir muy frecuentemente. Esto pudo ser lo que se le había presentado al rey Asa y al pueblo en Jerusalén para que hayan recibido una motivación de parte de Dios por medio de Azarías (v. 1, 2 y 7).

El rey Asa había buscado a Dios de todo corazón tratando de traer avivamiento espiritual para su reino, el reino de Judá. Destruyó los ídolos que había y actuó con firmeza en contra del pecado de la homosexualidad, incluso había reprendido a su madre por la idolatría de ella (1 Reyes 15:9-15), y “mandó a Judá que buscase a Jehová el Dios de sus padres, y pusiese por obra la ley y sus mandamientos.” (2 Crónicas 14:4)

A causa de todo esto Dios trajo paz al pueblo, lo que les permitió enfocarse en la reedificación de las ciudades que habían sido abatidas por las guerras levantando nuevamente los muros y sus puertas (2 Crónicas 14:6, 7). Había restablecido un gran ejército para defender a Judá de sus enemigos, y cuando el rey de Etiopía vino en guerra con un ejército superior en número, buscaron a Dios y Él les dio la victoria (2 Crónicas 14:8-15).

Todo marchaba bien, pero al volver de esta batalla Dios envía a su mensajero Azarías para decirle a este aguerrido rey: “esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, pues hay recompensa para vuestra obra.” (v. 7). Algo tuvo que desalentar a Asa para que Dios tenga que motivarlo nuevamente para que continúe su obra, lo que así lo hizo (v. 8).

En el arduo, pero precioso trabajo del Señor, los desalientos y el cansancio siempre estarán presentes. Después de una buena batalla espiritual, parecería que el trabajo que demanda ese gran esfuerzo nos cansa y bajamos por un rato las manos para descansar.

Para aquellos que trabajan en la obra como pastores o misioneros, el trabajo en la iglesia parece que nunca termina, y definitivamente nunca terminará. Hoy podemos estar predicando a una persona, mañana es discipulado, y después de un tiempo está madurando y creciendo, pero después llega otra persona más que necesita el mismo proceso.

En la iglesia los ministerios se levantan y funcionan con el propósito de edificar al Cuerpo de Cristo, en las familias de la iglesia ocurren conflictos que necesitan ser resueltos, un pecado fuerte dentro de la iglesia tiene que ser tratado bíblicamente, y en la casa propia del siervo de Dios los hijos pueden traer inconveniencias en el hogar. Y así podremos mencionar muchas más cosas. Con todo esto parecería que en la obra del Señor nunca hay tranquilidad, pues no lo habrá.

Es ahí donde Dios tiene que venir a motivarnos, es ahí donde la Palabra de Dios tiene que darnos nuevamente las fuerzas para continuar sin descansar en la obra que nos ha encargado. En el Reino de Dios el trabajo será constante, no nos dará descanso, pues cada día traerá una nueva batalla. Una gran victoria no debe ser motivo para bajar los brazos, pues hay más por hacer. Sigamos luchando, Dios estará siempre a nuestro lado. El Señor, al igual que con Asa, estará junto a nosotros para que retomemos valor y esfuerzo para continuar.

Si ayer usted obtuvo una gran victoria, haga lo que Pablo hizo “olvidando ciertamente lo que queda atrás” proseguía a la meta (Filipenses 3:12-14). Una victoria es grandiosa, pero la guerra continua, el pecado sigue afectando en algún lugar de nuestra vida, de nuestra familia, de nuestra iglesia. Hoy talvez el Señor le está diciendo “esforzaos vosotros, y no desfallezcan vuestras manos, pues hay recompensa para vuestra obra”; así que siga adelante, no desmaye, pues hay recompensa siempre con nuestro Dios.

«Señor, ayúdame, dame fuerza y obra en mí con poder para poderte servirte con valor y fidelidad hasta el final»

 

1 Corintios 15:58

“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”

 

Gran Amigo

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Gran Amigo.

 

Proverbios 18:24

“El hombre que tiene amigos ha de mostrarse amigo; Y amigo hay más unido que un hermano.”

 

«De los hornos de la guerra brotan muchas historias reales de amistad hasta el sacrificio. Uno de esos relatos cuenta de dos amigos en la Primera Guerra Mundial, que eran inseparables. Se enlistaron juntos, fueron juntos al entrenamiento, juntos se embarcaron al extranjero, y lucharon lado a lado en las trincheras. Durante un ataque, uno de ellos quedó mortalmente herido en un campo lleno de obstáculos de alambre de púas, y no pudo arrastrarse para volver a su trinchera. Toda el área estaba bajo un intenso fuego enemigo, y era suicida tratar de llegar a él. Sin embargo su amigo decidió intentarlo. Pero antes de que pudiera salir de su trinchera, el sargento lo detuvo y le ordenó que no fuera. “Es demasiado tarde. No le harás ningún bien, y todo lo que conseguirás es que te maten.” Pocos minutos más tarde, el oficial se dedicó a otra cosa, y al instante el hombre se había ido a buscar a su amigo. Algunos minutos más tarde regresó a tropezones, mortalmente herido, con su amigo, ya muerto, en sus brazos. El sargento a la vez se enfureció y quedó profundamente conmovido. “Qué desperdicio,” dijo. “Él está muerto y tú estás muriéndote. Simplemente no valía la pena.” Casi con su último aliento, el moribundo respondió: “Ah, sí, lo fue, sargento. Cuando llegué a él, lo único que alcanzó a decir fue: ‘¡Sabía que vendrías, Jaime!’” Una de las verdaderas características de un amigo es que está allí cuando hay toda razón para no estarlo, cuando estar allí cuesta hasta el sacrificio.» (Más de 1001 Ilustraciones y Citas de Swindoll)

Tener una gran amistad es como poseer una de las joyas preciosas más difíciles de encontrar dentro de las relaciones personales. Cada persona que está a nuestro alrededor puede aparentar ser nuestro amigo y no serlo. La amistad es una relación de afecto que se establece entre dos personas y que muchas veces sobrepasa la fuerza de una relación familiar. Es una relación que llevará siempre a buscar el bien del otro. Un buen amigo siempre estará entregando de sí para beneficiar a quienes están a su lado, a quienes sinceramente aprecia.

La primera palabra “amigo” en este versículo difiere de la segunda palabra en su hebreo original. La primera palabra traducida como amigo es en realidad traducida como “mostrarse amigo” y viene de la sola palabra hebrea “raá” (רָעַע H7489) que significa arruinar o despedazar, ser bueno para nada, malo, malvado, hacedor de mal, y mostrarse amigo. La segunda palabra hebrea traducida como “amigo” en la segunda parte del versículo viene de la palabra hebrea “˒ahab” (אָהַב, H157) que significa amar, querer, tener afecto, deleitar, y amigo. Estas dos palabras difieren en origen y cambia en su significado.

Varias versiones de la Biblia nos dan una mejor traducción de este pasaje y nos ayuda a entender mejor lo que nos dice: “Hay quienes parecen amigos pero se destruyen unos a otros; el amigo verdadero se mantiene más leal que un hermano.” (Proverbios 18:24 NTV)

A nuestro alrededor habrá muchos que aparentan ser amigos, pero no lo son, estos supuestos amigos están ahí para obtener algo de alguien, no para dar algo. Debemos pedir a Dios que nos ayude a conseguir verdaderos amigos, pero también nosotros debemos ser esos amigos sinceros. Aquellos que por amor darán todo por beneficiar al otro. Un verdadero amigo debe sinceramente mostrarse como tal, porque un verdadero amigo es “más unido que un hermano”, como en el caso de Jaime, quien entregó su vida por estar con su moribundo amigo.

Jesucristo hoy quiere ser su amigo si le permite, Él entregó Su vida por quienes le éramos enemigos a causa de nuestros pecados, y sabiendo de que el hombre iba a la muerte eterna vino a morir para darnos vida, vida eterna, entregando Su propia vida como rescate (Marcos 10:45). El Señor dijo que no hay amor más grande que el que un amigo tiene al poner su propia vida por sus amigos (Juan 15:13). Ponga su fe en Jesucristo como su Salvador personal y hallará en Él no solamente al mejor Amigo, sino perdón de sus pecados y vida eterna.

 

«Jesucristo, gracias por morir por mis pecados para salvarme y ofrecerme Tu eterna amistad»

 

Juan 15:13

“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.”

Firmes y juntos con el Poder de la Oración (Armadura de Dios X)

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Firmes y juntos con el Poder de la Oración (Armadura de Dios X)

 

Efesios 6:10-11, 13, 18-20

“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. […] Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. […] orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar.”

 

Pablo nos hace un importante llamado a la victoria juntos. En su Carta a los Efesios nos recuerda que tenemos una batalla diaria y constante contra nuestro enemigo eterno. Nos recuerda cuáles son las “armas” que debemos usar, y nos anima a usar todas y cada una de ellas para enfrentar a “los gobernadores de las tinieblas de este siglo” (v. 10-12); pero en este mensaje previo a la batalla diaria, y como otro soldado dispuesto, nos alienta a enfrentar con valor abrazando el poder de Dios y confiando en Él (v. 10); antes de que salgamos a la batalla nos dice: «Hermanos, están casi listos, pero antes de nada oren “con toda oración y súplica” por ustedes y ‘por todos los santos”» (v. 18).

Era como la cereza que le faltaba al pastel, sin esta arma espiritual valiosa no estamos listos para enfrentar “firmes… las asechanzas del diablo” (v. 11).

Buscar a Dios en oración es buscar el poder en la única fuente; cómo tomar el cable de poder y conectarlo al tomacorriente de la pared; sin la dependencia de Dios en oración nada de la “armadura” funcionaría. Debemos siempre recordar nuestra debilidad como seres humanos y de cuan frágiles podemos ser ante el pecado, el mundo, y Satanás. Nadie puede enfrentar una batalla espiritual sin el recurso que Dios nos otorga. Jesucristo lo dijo enfáticamente: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.” (Mateo 26:41)

Podemos estar dispuestos, podemos estar piadosamente preparados, pero necesitamos de Dios para fortalecernos en nuestras debilidades. William Hendriksen refiriéndose a esto nos dice: «Contra tan grande enemigo nada puede hacer el soldado en su propia fuerza. Por esto, mientras toma y se coloca cada pieza de la armadura y hace uso de ella, debe orar pidiendo la bendición de Dios»

Pablo nos dice cuáles deberían ser los objetos a orar: a) por la vida espiritual de cada uno de nosotros mismos, b) por la vida espiritual de “todos los santos”, c) y para que el mensaje de salvación sea proclamado claramente y con valor (v. 18-20). Es el mensaje de las Buenas Nuevas lo que siempre tendrá gran oposición, es por ello que nuestro enemigo siempre nos querrá detener. Pablo, encarcelado por la causa de Cristo, y mientras proclamaba el evangelio (v. 20), nos recuerda que debemos velar en oración por nosotros y por todos para que firmes proclamemos el mensaje del evangelio mientras perseveramos en una vida llena de verdad y justicia. Que juntos, calzados con el evangelio y con la seguridad del mensaje de salvación en nuestra mente, avancemos con fe, y empuñando la Palabra de Dios proclamemos con humildad y valentía el mensaje de redención.

Un mensaje poderoso acompañado de un testimonio intachable siempre será atractivo para quienes lo necesiten escuchar y suficientemente temeroso para que las huestes de maldad se pongan a temblar.

 

«Señor, guárdanos del mal y úsanos con poder mientras proclamamos con valor Tu verdad»

 

Colosenses 4:2-3

Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias; orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso.”

Firmes con el Poder de la Palabra (Armadura de Dios IX)

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Firmes con el Poder de la Palabra (Armadura de Dios IX)

 

Efesios 6:13, 17

«Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. […] Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.

 

Todos, seamos grandes o pequeños nos hemos emocionado al ver alguna película donde el héroe, sea hombre o mujer, poseía una espada que la utilizaba con gran destreza y eficacia. En las historias medievales se escuchaban relatos de grandes soldados que liberaban batallas épicas junto a su fiel compañera, la espada. Muchos talvez llegaron a jugar inclusive con algún objeto simulando que poseían una espada ‘justiciara’. La espada es un arma que trae muchas ideas en nuestras mentes.

Dentro de las partes mencionadas por Pablo en su descripción de la “Armadura de Dios” utiliza a una sola que representa un objeto de ataque, mientras que las otras son de defensa, ésta es la “espada”.

Pero el uso de esta gran arma, al igual que en los casos de quienes realmente portaron esta hoja de metal adjunta a su manezuela, requerían practicar con ella constantemente para adquirir la destreza que requería para su buen uso. Horas de práctica acompañadas con guías de otros diestros guerreros eran necesarias. Cuando iban a la batalla no podían llegar solamente con un escudo o con un casco para atacar, necesitaban de su arma de ataque. Un héroe no se convertía en tal sin un arma.

Así mismo los creyentes debemos aprender a manejar apropiadamente nuestra arma de ataque que es “la espada del Espíritu… la palabra de Dios.”

Cuando Jesucristo se enfrentó a Satanás en el desierto utilizó la Palabra de Dios para contrarrestar el ataque del maligno, tres veces le dijo: “Escrito está…” (Mateo 4:4, 7 y 10), para decirle de otra manera a Satanás: «Entiendo lo que me dices, pero Dios dice esto». Si solamente Eva le hubiera replicado a Satanás de esta manera el pecado no hubiera entrado en el mundo.

Por otro lado, es necesario saber bien lo que la Palabra de Dios dice para poder defender la doctrina verdadera de los “falsos maestros” que mienten al hombre con sus farsas demoniacas (1 Timoteo 1:3, 4; 2 Pedro 2:1-3; 1 Juan 4:1-3). También debemos conocer la Palabra de Dios para poder presentar defensa de nuestra fe en Cristo Jesús (1 Pedro 3:15).

Una persona que se introduce a conocer profundamente la Palabra de Dios para estudiarla se convierte en sabia (Salmos 119:97-100; Proverbios 2:1-6). Si la utiliza para compararla con las enseñanzas que escucha llega a ser “más noble”, es decir de mejor ‘linaje de mente’ (Hechos 17:10-12). Si medita en Ella llega a entender la voluntad de Dios para su vida, y por lo tanto será prosperado (Josué 1:7, 8; Salmos 119:33-35).

El Poder de la Palabra de Dios es tal que “discierne los pensamientos y las intenciones” del hombre, de tal forma que le revela lo que piensa y lo debe hacer (Hebreos 4:12). El Espíritu Santo, Autor de la misma (2 Pedro 1:21), la utilizará para guiarnos a la verdad sobre el pecado, la justicia y el juicio de Dios (Juan 16:8-11 y 13; 2 Timoteo 3:16).

Ante tanto Poder de la Palabra de Dios cómo no querer conocerla bien para diestramente utilizarla contra Satanás y sus mentiras, contra el engaño de falsas doctrinas, y en contra del pecado del hombre. Conózcala bien y podrá bendecir su vida mientras ayuda a otros a conocer la verdad.

 

«Padre, gracias por darnos Tu Palabra, fuente poderosa de la única verdad»

 

Hebreos 4:12

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.”

Firmes con el Poder de la Salvación (Armadura de Dios VIII)

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Firmes con el Poder de la Salvación (Armadura de Dios VIII)

 

Efesios 6:13, 17

«Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. […] Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.”

 

El “yelmo” o casco es una parte vital en la defensa del soldado; éste resguarda la cabeza y el rostro. En muchos casos el yelmo romano que portaba el soldado de pelotón no poseía el ornamento en la parte superior, pues era distintivo de los oficiales. Actualmente todo soldado que sale a la batalla posee un casco, mismo que protege una de las partes más delicadas del cuerpo cuidando el cerebro, controlador del resto del cuerpo.

En los creyentes la necesidad de un “yelmo” espiritual es igualmente vital. En la mente es donde se juegan muchas las batallas espirituales, ahí donde los pensamientos llegan a invadir la mente del soldado de Cristo, y dónde, si no se protege adecuadamente de malos pensamientos o de falsas enseñanzas, el creyente puede dejarse llevar de ideas contrarias a la Biblia que lo llevarán a limitarse.

La salvación es una de las enseñanzas básicas para todo creyente, y es el inicio para una vida espiritual, para su nuevo nacimiento, para la vida eterna (Juan 3:3-5, 16; 2 Corintios 5:17). Una persona perdida y condenada a causa del pecado halla salvación por medio del mensaje de la Cruz. Cuando esa persona llega a entender que Jesucristo vino a la tierra para pagar por su pecado, y al morir brindarle la oportunidad de hallar perdón, entonces puede acercarse con fe para pedir salvación. Jesucristo mismo dijo que no hay otro “camino” para llegar al cielo, solamente al depositar la fe, la absoluta confianza, en Él como Salvador (Juan 14:6; Juan 3:16-19, 36; Juan 5:24; 1 Juan 5:10-13).

El problema es que hay muchos que enseñan erradamente que la salvación se pierde; dicen que una persona salva puede llegar a perder lo que Dios le ha otorgado por fe. Otros dicen que es el hombre quien obtiene salvación por su propio mérito. Lamentablemente estos falsos maestros utilizan ciertos pasajes mal interpretados de contexto para enseñar incorrectamente y no consideran las otras enseñanzas que van con la salvación y que son pilares fundamentales de esta doctrina bíblica.

Entre algunas de las verdades tenemos que la salvación no es una condición que la obtiene el hombre, pues no es “por obra”, es una “gracia” inmerecida otorgada al hombre por “fe” en Jesús (Gálatas 2:16; Efesios 2:8, 9). La salvación es una declaración judicial hecha por Dios, una transferencia de justicia con Jesucristo, la justicia es atribuida al hombre y la culpa llevada por Cristo (Romanos 3:21-28). En el momento de la salvación el hombre es registrado en el “libro de la vida” (Apocalipsis 21:27); recibe al Espíritu Santo quien es el sello de garantía de la promesa de Dios (Efesios 1:13, 14). La persona que ha creído y ha recibido a Cristo es hecho “hijo de Dios” (Juan 1:11-13); y el mismo Jesucristo dijo que nadie puede arrebatar a un creyente de la mano de Dios (Juan 10:27-30).

El creyente que no ha protegido su mente con estas verdades espirituales vitales puede llegar a dudar de su salvación y comenzar a titubear. En la mente de una persona no segura pueden asentarse pensamientos engañosos, mentiras del padre de la mentira que le llevará a dudar de su salvación, y por lo tanto de su relación con Dios, lo que lo puede atormentar quitándole el gozo. Si bien una persona salva sí llega a pecar, lo que puede perder es el compañerismo con Dios, pero no llega a perder su relación de hijo y su condición de salvo. El pecado nos puede atormentar, pero no es nada que una confesión no vuelva a otorgar consiguiendo perdón (1 Juan 1:9). El pecado le quita la comunión, no la relación (1 Juan 2:1).

Estos falsos pensamientos le pueden afectar seriamente su vida espiritual haciéndole presa de temor, tristeza, aflicción, dudas, inseguridad. Satanás lo sabe bien, y aprovechará cualquier oportunidad para atacarlo. Es por ello que Pablo quería asegurar que el creyente esté tranquilo en su mente y firmes espiritualmente tomando “el yelmo de la salvación”.

 

«Señor Jesús, gracias por Tu obra salvadora que me otorga por fe redención segura y eterna»

 

1 Juan 5:11, 12

“Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida…”

Firmes con el Poder de la Fe (Armadura de Dios VII)

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Firmes con el Poder de la Fe (Armadura de Dios VII)

 

Efesios 6:13, 16

«Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. […] Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno.»

 

El fuego es una masa de material combustible que es capaz de emitir una luz visible y que desprende gran energía produciendo en su reacción una oxidación violenta. El fuego manejado apropiadamente puede ser grandemente utilizado, pero cuando no está bajo nuestro control es un elemento altamente destructivo. Recientemente se ha producido un incendio muy destructivo que no ha podido ser controlado en el país de Chile, mismo que ha sido uno de los más grandes incendios de la historia de ese país. En forma figurativa” ¿Cuánto daño no podrá hacer una flecha encendida con fuego en la vida del creyente?

Los soldados romanos para salir a luchar utilizaban un gran escudo en tamaño que protegía su cuerpo. Este escudo estaba recubierto en la parte frontal de un aceite capaz de apagar las flechas incendiarias que eran lanzadas por el enemigo. Cuando la batalla lo requería, los soldados se disponían uno al lado del otro, y colocando el escudo frente a ellos se colocaban detrás para evitar que una flecha encendida los pueda herir. ¿Se puede imaginar la herida que una flecha encendida de fuego podía dejar en el cuerpo del soldado que llegaba a ser herido?

Nuestra Fe es el “escudo” que nos defiende de esos ataques voraces del enemigo. Satanás siempre estará dispuesto a atacarnos con cualquier cosa que sea necesaria para herir al creyente falto de fe. El maligno es un tenaz y despiadado enemigo que está asechándonos como “león rugiente… buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8). A través de pruebas y tentaciones maquina constantes ataques con el fin de herir al creyente y detenerlo e su caminar con Cristo. Este contumaz enemigo no escatimará esfuerzos para atacarnos, tanto así que ni siquiera se detuvo en querer provocar al mismo Señor Jesucristo mientras estaba en el desierto (Mateo 4:1-11).

La Fe a la que Pablo se refiere está relacionada con la confianza que debemos desarrollar en Dios.

Dios, con Su poder y amor, siempre estará a nuestro lado para protegernos cómo “escudo” cuando el momento lo amerite (Salmos 18:30); como Pastor estará guiándonos, cuidándonos y alimentándonos aunque andemos por el “valle de la muerte” (Salmos 23); Su autoridad sobre todo no le permitirá a satanás atacarnos más allá de lo que podamos resistir (Job 1:12; 1 Corintios 10:13); en Su sabiduría permitirá las dificultades para ayudarnos a crecer; y nos capacitará con Su “gracia” para fortalecernos en nuestras debilidades (2 Corintios 12:7-10).

Entre mayor sea nuestra confianza, nuestra Fe en Dios, mayor será nuestra defensa ante los “dardos de fuego del maligno”. Mientras más conozcamos de Dios y aprendamos a verlo a Él a nuestro lado a pesar de cualquier circunstancia, nuestra Fe se irá incrementando, y ésta nos dará el Poder para permanecer Firmes ante cualquier asechanza del diablo. No hay nada que no pase por el filtro de la soberanía de Dios, sólo necesitamos confiar en Él.

 

«Dios, gracias por estar siempre a mi lado, aunque no te vea; ayúdame a recordar que detrás de mi fe en Ti puedo defenderme de cualquier ataque»

 

1 Juan 5:4

“Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe.”

Firmes con el Poder del Evangelio (Armadura de Dios VI)

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Firmes con el Poder del Evangelio (Armadura de Dios VI)

 

Efesios 6:13 y 15

“Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. […] calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz.”

 

Los soldados romanos utilizaban un calzado especial, éste particular calzado era una sandalia en forma de bota que se la amarraba hasta más arriba del tobillo y que en su suela poseía clavos que ayudaba a fijar los pies en el suelo durante la batalla. Cuando los soldados enfrentaban el combate cuerpo a cuerpo ponían los escudos frente a ellos, e inclinándose hacia adelante se afianzaban al piso para no ceder posición ante el enemigo y así estar firmes y defender su posición. Sin éste calzado especial la posibilidad de mantener firmeza en el terreno hubiera sido imposible en el polvoroso campo.

En nuestra batalla contra el diablo debemos mantenernos firmes en el terreno predicando el evangelio. Satanás tratará a cada momento de evitar el avance del Evangelio, y es ahí que los creyentes, valientes, debemos mantenernos firmes.

El Evangelio, como lo explica Pablo, es la predicación del mensaje de que “Cristo murió por nuestros pecados… y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras” (1 Corintios 15:3, 4). Evangelio significa Buenas Nuevas, y este mensaje es la anunciación de la más increíble noticia: que Cristo murió, fue sepultado, pero resucitó para dar esperanza al hombre pecador que deposita su fe en Jesús.

Es Buenas Nuevas porque la muerte de Cristo le otorga al hombre la posibilidad de hallar perdón por sus pecados; y es Buenas Nuevas porque la resurrección de Cristo le otorga al hombre la confianza de vida eterna después de la muerte (Efesios 1:7 y 1 Corintios 15:20-22).

El mensaje además de ser maravilloso por el contenido, tiene poder. El mismo apóstol recuerda a los lectores en Roma que él no se avergonzaba del evangelio “porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1:16). El poder de este gran mensaje de Dios viene además con la autoridad de Dios y con la promesa de Dios de salvar a quienes creen en Su Hijo Jesús (Mateo 28:18-20; Tito 1:1-3).

De todas las cosas que puede detestar el maligno, una de las que más puede sobresalir es la predicación del Evangelio. Él sabe que su tiempo se acaba, pero sobre todo sabe que entre más personas escuchen las Buenas Nuevas, más personas se salvarán de la condenación, y por lo tanto más creyentes pasarán la eternidad con Dios en el cielo. Una nueva persona salva trae fiesta en el cielo y un grito más de derrota para las huestes de maldad. Ahora más que nunca la predicación es necesaria, cuando los momentos se ponen más difíciles es cuando debemos «calzarnos» con el evangelio para estar firmes en contra de la oposición que tiene el mensaje de la Cruz.

Firmes con el Poder del Evangelio salgamos a predicar, a pesar de la oposición, porque “¿cómo, pues, invocarán… y cómo creerán… sin haber quien les predique?” (Romanos 10:14-15). Hay que seguir predicando el «evangelio» que brinda «paz» al hombre que “por la fe” es justificado  (Romanos 5:1).

 

«Jesucristo, Tu Nombre y Tu obra son dignos de ser proclamados»

 

Isaías 52:7

“¡Cuán hermosos son sobre los montes los pies del que trae alegres nuevas, del que anuncia la paz, del que trae nuevas del bien, del que publica salvación, del que dice a Sion: ¡Tu Dios reina!

Firmes con el Poder de la Justicia (Armadura de Dios V)

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Firmes con el Poder de la Justicia (Armadura de Dios V)

 

Efesios 6:14

“Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia.”

 

La palabra “justicia” viene de la palabra griega ‘dikaiosune’ (δικαιοσύνη, G1343) que hace referencia al carácter o a la cualidad de ser recto o justo. Ser justo es tener la cualidad de actuar correctamente, sin desviación o inclinación hacia lo malo o inapropiado. Es actuar equilibradamente y sin parcialidad o influencia negativa.

Dios es justo en todos sus actos (Daniel 9:14), tanto en Su proceder al relacionarse con el hombre, como en los juicios que emite. Cuando Dios le pidió a Adán y Eva que no comieran del fruto del bien y del mal, no estaba actuando injustamente, sino que le daba la oportunidad al hombre a ejercer de buena manera el libre albedrío que le había dado para que lo disfrutare de ello. Satanás engañó a la mujer diciéndole que Dios estaba actuando injustamente, ya que no los estaba tratando con rectitud y cariño, sino que actuaba con malicia y envidia, por lo que les quería limitar en su capacidad de ser “como Dios” (Génesis 3:5). El ataque de satanás fue perverso, con engaño le convenció a la mujer para que pensara de que Dios era injusto en su trato.

Santiago, nos recuerda que Dios no es injusto, y que su inmutabilidad lo lleva actuar rectamente siempre, y si uno peca, no es porque Dios nos tienta para hacernos pecar, sino que pecamos porque dentro de nosotros mora el pecado (Santiago 1:13-17).

Hoy hay muchos que consideran que Dios es injusto al permitir cosas malas. Reclaman a voz alta la supuesta injusticia de Dios al permitir el hambre en los niños y su muerte, consideran que una enfermedad presente nos es un acto recto de Dios, sino uno falto de amor y bondad, etc. Debemos recordar que vivimos en un mundo maldito por el pecado, y que el hambre, la enfermedad, la muerte, y muchas otras cosas malas no son cosas que Dios desea, pero están presentes como maldición por el pecado del mismo hombre.

Entonces, si Dios es justo, nosotros debemos vestirnos “con la coraza de justicia”. Por un lado, significa recordar que Dios al ser justo siempre obrará con rectitud en todo y eso nos asegura que estamos ante el Señor que hace todo de forma correcta, esto me da plena seguridad de depositar mi confianza en Él.

Por otro lado, significa que yo debo actuar justamente en mi manera de vivir. Que mi rectitud y justicia debe ser un reflejo de la justicia de Dios, sin maldad, para que pueda estar sin falsa acusación. Job, siendo justo, fue acusado por el maligno de una falsa integridad, a lo que Dios le demostró que no (Job 1).

Ser justo me da poder para caminar con integridad, y confiar en la justicia de Dios me da poder para descansar en Él.

 

«Padre, te alabo por tu justicia, quiero caminar en integridad»

 

Apocalipsis 16:7

“También oí a otro, que desde el altar decía: Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, tus juicios son verdaderos y justos.”