Fe que rompe esquemas

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Fe que rompe esquemas.

 

Mateo 9:27-29

“Pasando Jesús de allí, le siguieron dos ciegos, dando voces y diciendo: ¡Ten misericordia de nosotros, Hijo de David! Y llegado a la casa, vinieron a él los ciegos; y Jesús les dijo: ¿Creéis que puedo hacer esto? Ellos dijeron: Sí, Señor. Entonces les tocó los ojos, diciendo: Conforme a vuestra fe os sea hecho.”

 

La Fe es uno de los requisitos valiosos para tener una vida victoriosa y transformadora. La Fe nos lleva a lugares no imaginados y a desarrollar tareas no esperadas por el hombre (Hebreos 11:6). Nuestra confianza en Dios hará que nuestra vida salga de lo normal y se mueva a lo extraordinario (Hebreos 11:7-40). Una vida estándar no se puede comparar con lo que una vida de Fe nos puede dar, podrá tener éxito ante los ojos del hombre, pero solamente podrá tener éxito delante de Dios cuando su vida sea impulsada por la Fe.

En el pasaje de Mateo 9 podemos aprender de una serie de personas que nos expresan una gran vida de Fe. Ellos muestran con sus vidas que su Fe era tal que sobresalía de los demás, y por ello quedaron registrados en éste capítulo.

Ayudaron a otros a encontrar al Señor. Los cuatro amigos del paralítico expresaron su Fe al tomar a su amigo imposibilitado y le ayudaron, no sólo a encontrar sanidad para su cuerpo, sino que halló con ello salvación (vv. 1-8).

Siguieron al Señor. Mateo, teniendo un lucroso trabajo decidió dejar todo atrás y ponerse a cuentas con Jesús con el deseo de seguir fielmente al Señor, y llegó a escribir este fantástico Evangelio (vv. 9-10).

Buscaron perdón y salvación. Mientras muchos criticaron a Jesús porque andaba con pecadores, el Señor los exaltó porque lo buscaron y Él en persona dijo que había venido por ellos (vv. 11-13).

Aprendieron la verdad. Jesucristo dijo que una persona puede aprender más pero tenían que dejar todo lo mal aprendido en el pasado y dejar que la verdad de la Biblia llene sus vidas (vv. 14-17).

Hallaron sanidad. La hija de Jairo, la mujer con flujo, los dos ciegos, el paralítico, y un endemoniado que no podía hablar, todos ellos fueron sanados por su Fe (vv. 1-30).

Expulsaron demonios. Cuando buscaban a Jesucristo, sabían que solamente el Señor, y bajo Su Nombre, los demonios se postraban (vv. 32-34).

Proclamaban las maravillas de Dios. Ellos iban caminando por todo lado hablando de Dios y de todo lo que el Señor había hecho en sus vidas (vv. 31-32).

Oraban por la necesidad de más obreros. Jesucristo, al caminar por los pueblos vio la necesidad que había por más obreros que vayan a servir en la viña. Leemos en los versículos siguientes que aquellos que oraron también respondieron al llamado (9:35 – 10:15).

Hay una vida excitante esperando por aquellos que desean salir con Fe a conquistar el mundo por Cristo. ¿Está listo para la aventura? ¿Está dispuesto a mirar las grandiosas obras de Dios?

 

¡Todo se dará de acuerdo a su Fe!

 

Hebreos 11:32-34

“¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros.”

¿Y qué es lo que Él mira?

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¿Y qué es lo que Él mira?

 

Marcos 2:3-5

“Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.”

 

Cuando salimos de compras todos estamos mirando, ya sea en las vitrinas para ver qué es lo que hay en ellas y tratar de encontrar lo que buscamos; otros miran en el supermercado para encontrar el mejor tomate o la más suculenta manzana. Cuando vamos por la calle miramos a la gente pasar y por la ropa podemos tratar de juzgar a las personas, otros miran el rostro de una persona y pueden ver si ellos están alegres o tristes. Pero cuando se trata de fe, ¿cómo podemos mirar la fe de ellos?

Jesucristo estaba enseñando a las multitudes, y todos se agolpaban a su alrededor para ver a Éste que estaba trastornando las calles y los poblados alrededor del Mar de Galilea. Unos venían a Él a escuchar sus mensajes tratando de escuchar algo nuevo, diferente; otros, como los fariseos, venían a Él para tratar de encontrar un motivo para acusarle y difamarlo ante el pueblo. Muchos de los que venían del pueblo eran incrédulos; otros dudaban, pero deseaban conocer más del Maestro. Otros llegaban porque les daba de comer y hacía milagros, los entretenía y alimentaba; pero había algunos que llegaban buscándolo porque sabían que Jesús era su única y segura esperanza para encontrar lo que necesitaban, éste era el caso de estos cuatro amigos y del paralítico.

Había algo en este grupo que atrajo mucho la atención de Jesucristo, Quien sin preguntar ni vacilar vio lo que ellos trataban de hacer e hizo que el Señor obre en favor del hombre que estaba en el lecho. Jesucristo vio “la fe de ellos”. ¿Cuándo Dios me mira podría Él decir que yo tengo fe?

Nuestra fe debe ser tan obvia para que todos pudieran verlo, pero lo cierto es que por más que digamos que tenemos fe, parecería que no todos tenemos suficiente fe, sino Jesucristo no hubiera llamado la atención sobre su poca fe a quienes le seguían (Mateo 6:30; Marcos 6:6; Lucas 12:28; Juan 7:1-9).

La fe de estos cuatro hombres era firme, determinada, desafiante, atrevida. No escatimaron esfuerzo para llevar a su amigo ante la presencia del Maestro. Su ímpetu era tal que abrieron el techo de la casa para lograr poner al paralítico a los pies de Jesús.

La manera como actuamos dice mucho de nuestra fe. Nuestra primera respuesta, nuestra sincera acción, nuestra seguridad al actuar puedo expresar nuestra fe. ¿Cuándo necesita algo, lo busca primero en Dios? ¿Cuándo vienen los problemas, descansamos en el bote junto al Señor? ¿Cuándo pedimos un milagro, oramos con la certeza que Dios puede obrar de acuerdo a Su voluntad? ¿Cuándo hablamos de ir al cielo, dudamos en poder llegar o creemos que llegaremos porque creemos ser buenas personas, o realmente estamos seguros porque sabemos y confiamos en la obra redentora de Cristo?

¿En este momento Dios podría decir que usted vive una verdadera vida de fe? Sus actos, sus pensamientos, sus sentimientos, y todo su ser será transformado por el tamaño de su fe en el Señor. No importa lo que pensemos o digamos, Dios sabe cuán grande es nuestra fe en Él. Jesucristo dijo que solo necesita de nosotros una fe como de un grano de mostaza para hacer maravillas, y muchas veces ni así de grande es nuestra confianza en el Señor. Este podría ser el mejor momento para pedirle al Señor que nos ayude a crecer en nuestra fe en Él.

 

Marcos 9:24

“E inmediatamente el padre del muchacho clamó y dijo: Creo; ayuda mi incredulidad.”

Llamado a la obediencia.

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Llamado a la obediencia.

 

Levítico 26:3, 4

Si anduviereis en mis decretos y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, yo daré vuestra lluvia en su tiempo, y la tierra rendirá sus productos, y el árbol del campo dará su fruto.”

 

El pueblo de Israel estaba recibiendo las instrucciones de su Libertador. Dios los había sacado de la tierra de Egipto y ahora los estaba preparando para llevarlos a la Tierra Prometida. En ese tiempo el pueblo se encontraba acampando aún en el Monte Sinaí, pero el Señor quería dejar claro la manera como ellos tenían que conducirse durante su vida.

El Libro de Levítico adquiere este nombre cuando la traducción al griego del Antiguo Testamento, la Septuaginta (LXX), fue traducida al latín en la versión de la Vulgata Latina. “Leutikon” es la palabra griega que fue utilizada, misma que quiere decir asunto “de los levitas” (Levítico 25:32, 33). Pero cuando el Libro fue escrito en hebreo adquirió su nombre de la primera palabra con la que inicia el libro (qara˒ קָרָא, H7121) que quiere decir “Y Él llamó”. “Llamó Jehová a Moisés, y habló con él desde el tabernáculo de reunión, diciendo.” (Levítico 1:1).

En este libro vemos muchos de los ritos que fueron dados al pueblo, y sobre todo a los levitas, y que serían los que ayudarían al pueblo a conducirse con Dios, especialmente en la adoración y en la restitución de sus pecados.

Básicamente qara˒ significa clamar a viva voz con el fin de llamar la atención. Dios utilizó todo este libro para clamar a viva voz y llamó la atención al pueblo de Israel desde el tabernáculo de reunión para que escuchen detenidamente lo que Él tenía que decirles.

En el capítulo 26, Dios llama la atención a la obediencia de su pueblo. En sus primeros 13 versículos les habla sobre las bendiciones que provendrían de la obediencia (vv. 1-13), mientras que en los restantes 33 versículos del capítulo les habla sobre las consecuencias de la desobediencia (vv. 14-46).

Dios nos sigue llamando a la obediencia. El deseo del Señor es el de otorgar bienestar a sus hijos. Dios es misericordioso, pero también es justo, y siempre obrará con rectitud y santidad. Israel tuvo la oportunidad de caminar en obediencia y ser bendecido todo el tiempo, pero decidió no escuchar al Señor. ¿Cuál es nuestra respuesta al llamado a la obediencia de parte de Dios?

Nuestro Señor, en su amor y sabiduría nos ha otorgado la voluntad para que la ejercitemos. Es nuestra decisión caminar en obediencia, pues Él no nos obligará a caminar en ella. Pero si Su amor es grande, Su santidad y justicia son iguales, y Él no dejará como inocente a quien por voluntad propia no decide obedecer.

Los mandamientos de Dios son preventivos y buenos, nos alejan del mal y nos llevan a una vida buena. Pero si hemos pecado, tenemos a un Dios perdonador dispuesto a darnos una nueva oportunidad y “limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

 

«Padre, gracias por Tus mandamientos, pues ellos son mi bendición; ayúdame a tener un corazón sometido a Tu buena voluntad»

 

1 Juan 1:9

Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”

Con liberalidad | VIDA CRISTIANA

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Con liberalidad.

 

2 Corintios 9:7-11

Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; […] Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios.”

 

El diezmo es la cantidad que cada creyente debe dar a Dios como una muestra de adoración al Señor. Constituye el 10% de todos ingresos que diaria, semanal, quincenal o mensualmente recibimos de todas nuestras ganancias, sean éstas como resultado de nuestro trabajo, negocio, o por regalos o donaciones que hemos recibido (Génesis 14:18-20). Todo el dinero que recibimos nos ha sido dado por Dios para que nosotros lo administremos prudentemente, y de él debemos apartar el diezmo.

El propósito del establecimiento del diezmo por parte de Dios es ayudar a la persona a no depender del dinero, sino de Dios, y al entregarlo al Señor le está diciendo en adoración: “Esto que me has dado es Tuyo, Tú Señor eres primero en mi vida, y en Ti confío para mis necesidades y te doy gracias por proveerlas”. Dios no necesita nuestro dinero, pues Él es el dueño de todo lo que existe (Hageo 2:8), lo que Dios realmente quiere es nuestro corazón puro hacia Él, y al ayudarnos a no amar al dinero nos ayuda a priorizar y enfocar nuestra adoración correctamente.

En cambio, la ofrenda es una cantidad voluntaria dada a Dios que nace del corazón generoso (Éxodo 25:2; 35:29) y que es aparte al diezmo. Mientras que el diezmo es requerido a todo creyente, la ofrenda nace de un corazón que entiende que Dios le ha otorgado más de lo que realmente necesita, o que entrega un monto sobre el diezmo como un sacrificio a Dios. Pablo nos dice que Dios nos da en abundancia para que nosotros abundemos “para toda buena obra” (v. 8). El pasaje habla de la ofrenda, no del diezmo, puesto que el diezmo ya debe haber sido separado para ser entregado a Dios.

El problema de muchos de nosotros que no damos nuestros diezmos y no crecemos en nuestras ofrendas radica en dos factores principales de nuestra vida cristiana: “Falta de Amor” y “Falta de Fe” a Dios. Pablo dice que Dios es poderoso para hacer que abunde en vosotros toda gracia” (v. 8), es decir que si realmente confiamos en Dios y lo amamos a Él como debe ser, no tendríamos problemas en darle a Dios, puesto que el Señor puede cubrir nuestras necesidades y hacer que abunden. No damos a Dios porque nuestro corazón no está entregado a Él y nuestra fe no es suficiente para creer que el Señor puede suplir nuestras necesidades. El que ama y confía en Dios le dará con un corazón alegre (v. 7).

La liberalidad es la disposición o actitud de la persona que da algo bueno con abundancia y sin esperar nada a cambio. Ofrendar es dar a Dios con disposición de adoración y en abundancia, y no esperando recibir del Señor nada, es darlo con gratitud y corazón alegre.

Si nuestro amor y nuestra fe son las que deben ser, sabríamos de antemano que Dios nos da y nos seguirá dando más y más a medida que damos con liberalidad, puesto que “el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera… para que… enriquecidos en todo” sigamos dando con liberalidad (vv. 10, 11). Es como una interminable cadena de bendiciones que recibimos para seguir dando, dando, y dando. ¿Ya estamos dando con liberalidad?

 

«Dios, gracias por Tu provisión en mi vida, quiero ser fiel en mi diezmo y ofrendar con alegría y liberalidad»

 

Malaquías 3:10

Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.”

Regla de Oro | VIDA CRISTIANA

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Regla de Oro.

 

Mateo 7:7-12

Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. ¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan? Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.”

 

“No hagas a otros lo que no quieres que te hagan a ti” era el pensamiento que desde pequeño escuchaba en mi mente y que no sabía de dónde lo había escuchado. La idea de que cualquier cosa que uno hiciera le sería devuelto de la misma manera era algo que de alguna manera delinea la conducta de algunos.

Jesucristo, utilizando este pensamiento que enseña la reciprocidad de los actos que debemos tener hacia nuestro prójimo nos manifiesta una de las normas que debe existir en el cristiano: “Y como queréis que hagan los hombres con vosotros, así también haced vosotros con ellos.” (Lucas 6:31).

Pero la enseñanza no apunta únicamente a que debemos actuar con la expectativa de recibir algo similar, sino que debemos hacerlo como si lo estuviéramos haciéndolo a nosotros mismo, es decir: “Tal como tú quisieras ser tratado, condúcete con los demás”, es otra manera de decir la segunda parte del mandamiento que Jesucristo resaltó como el más importante: “Jesús le dijo… amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37-39).

En ambos pasajes del Evangelio según Mateo, Jesucristo concluye sus enseñanzas indicando que todo lo enseñado por la ley y por los profetas radica en este mandamiento de amar al prójimo (Mateo 7:12; Mateo 22:40).

En Lucas nos dice que debemos amar a nuestros enemigos y que debemos hacer el bien a los que nos aborrecen (Lucas 6:27); debemos bendecir y orar por quienes nos calumnian y nos maldicen (Lucas 6:28); no responder agresivamente ante las ofensas de otros (Lucas 6:29a); y debemos dar generosamente a los otros sin esperar que ellos lo devuelvan (Lucas 6:29b-35). Hablando sobre la oración Jesucristo enseñó que si un padre da lo mejor al hijo, deberíamos hacer lo mismo con nuestro prójimo dando lo mejor de nosotros: “Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos” (Mateo 7:9-12).

En Mateo el pasaje inicia hablando de que toda persona pide, busca y llama (Mateo 7:7). En algún momento todos nosotros nos hemos encontrado en la necesidad de pedir una ayuda a otra persona y es en ese instante cuando esperamos una respuesta favorable, ¿no es verdad? De la misma manera alguien ha venido a nuestra vida pidiendo, buscando y llamando por una necesidad, ¿cómo hemos respondido ante ese pedido? Si amáramos al prójimo como nos amamos a nosotros mismos la respuesta sería obvia y generosa, porque de la manera que quisiera ser tratado, yo trataría a mi prójimo.

La próxima vez que alguien se acerque a su vida, exprese su generosidad si le es posible, como si lo estuviera haciendo a usted mismo, entonces estaría amando a su prójimo.

 

Mateo 22:39-40

“Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.”

Cavernas | VIDA CRISTIANA

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Cavernas.

 

Mateo 6:22, 23

“La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?

 

Si usted ha visitado alguna cueva se habrá dado cuenta que la luz que llega en su interior va disminuyendo a medida que la cueva se extiende bajo la tierra, pero al ser cueva su profundidad es menor a la de una caverna y no llega la oscuridad a ser muy intensa. Pero a diferencia de una cueva, la caverna es una cavidad considerable de gran volumen, mayor en superficie de la cueva.

Si ha visitado alguna caverna turística y se ha internado en su profundidad con la ayuda de un guía, la excursión siempre será interesante. Las diferentes formaciones que se forman por la roca calcárea presente son muy interesantes. Pero mayor impresión es la oscuridad en ellas. En cierta parte del trayecto el guía hace detener a los visitantes, les piden que pongan atención, y en un instante apaga toda luz presente en esa sección de la caverna, la oscuridad es absoluta. Al estar en cierta profundidad, no existe ni un solo rastro de luz, de tal manera que no puede ver absolutamente nada, y por más que usted quiera adaptar sus ojos con los minutos que pasan, la oscuridad absoluta que existe es impresionante, tanto que no ve ni su mano frente a sus ojos.

Jesucristo, hablando de la vida espiritual, nos dice que nuestros ojos son la lámpara de nuestra alma: “La lámpara del cuerpo es el ojo” (Mateo 6:22); y que si nuestros ojos espirituales están enfermos o escasamente permiten el paso de luz nuestra alma estará oscureciéndose, pero si nuestros ojos están buenos, nuestra alma será iluminada.

Mucha de la información que se registra en nuestra mente ingresa por los ojos. Es la vista uno de los sentidos con mayor capacidad para registrar la información a nuestra mente. Más que el oído y el tacto. Una imagen queda grabada más fácilmente que una sencilla lectura. Inclusive para mi mente, me es más difícil recordar un nombre de una persona que acabo de conocer, pero su rostro quedará grabado en mi mente, y cuando vuelvo a la persona la puedo recuerdo con mayor facilidad, aunque no recuerde como se llame.

Pero se imagina la cantidad de información visual que ingresan por nuestros ojos y que puede enfermar nuestra alma. Por la televisión, las vallas publicitarias, la computadora, las imágenes en los teléfonos, e inclusive una imagen de una persona al caminar puede traernos muchas información destructiva que ingresa a nuestra mente y queda grabada en forma profunda.

Si usted permite que “su lámpara”, o sea sus ojos, sean el medio por el cual ingresen información pecaminosa, lo que está permitiendo es que se vaya oscureciendo más y más su alma, por lo tanto, su vida espiritual se apaga con el tiempo; pero si usted permite que solo imágenes buenas ingresen en su vida, como la lectura edificante de la Biblia, programas educativos con imágenes apropiadas, y más; lo que está haciendo es que estará iluminando su vida de cosas buenas.

Años atrás mi vida estaba llena de oscuridad a causa de lo que había permitido ingresar, y vaya que era oscura mi vida, pero reflexionando en la comparación que Jesucristo hizo, me hago la misma pregunta: ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?” (Mateo 6:23). ¿Cuán oscura estará el alma de aquellos que no han sido iluminados con la verdad del evangelio? Así como el guía en las cavernas, mantengamos encendidas la luz en nuestras vidas para ayudar a caminar hacia afuera a aquellos que necesitan salir hacia la luz de la vida.

 

«Padre, gracias por traer luz a mi vida por medio de Jesús, ayúdame a guiar a otros también hacia esa maravillosa luz»

 

Mateo 5:14

“Vosotros sois la luz del mundo…”

Fidelidad recompensada | Un rayo de SABIDURÍA

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Fidelidad recompensada.

 

Proverbios 27:18

Quien cuida la higuera comerá su fruto, Y el que mira por los intereses de su señor, tendrá honra.”

 

Un señor comenzó a trabajar como empleado en una granja ganadera de producción de leche junto a su esposa. Con el tiempo llegó a ser supervisor de tal granja y a incrementar la producción de la misma al doble. Un día, cansado de su trabajo decidió dejarlo e iniciar algo nuevo; para cuando llegó el día de su renuncia su jefe le pidió que se quedara trabajando, pero ya no como supervisor, sino como administrador y dueño del 25% de la empresa. Actualmente ha quintuplicado la producción inicial de la granja y es dueño de la cuarta parte de ella.

La honestidad y el cuidado de los bienes ajenos son características que van desapareciendo más y más en las sociedades. La corrupción, la deshonestidad, y la búsqueda de nuestros propios intereses egoístas nos han alejado del buen comportamiento con los demás.

Un conductor de camiones reclamaba un día porque la empresa para la cual trabaja había colocado cámaras de video de control satelital para supervisar el debido uso de los camiones y una conducción apropiada mientras están en las rutas. Asegurando enfáticamente que esto iba en contra de su propia privacidad este conductor reclamaba que ya le habían “quitado su intimidad” al hacer esto. Se había olvidado que trabajaba para alguien durante ese tiempo de conducción y que no es más su propio tiempo personal, sino de la empresa. Con su actitud el conductor daba a entender que el tiempo que trabajaba para la empresa era de su propia consideración, y que lo que hacía o no con él era parte de lo que deseaba hacer, y que la empresa no debía intervenir en ello.

¿Cómo vemos nosotros el tiempo que trabajamos para otros? ¿Somos responsables de las tareas que nos han asignado y las desarrollamos de la mejor forma como si fuera para nosotros mismos?

La responsabilidad, la diligencia, y la honestidad en el trabajo son características casi extintas.

Si analizamos apropiadamente el pasaje, veremos que siempre será bueno actuar con diligencia y honestidad. Su trabajo tarde o temprano será agradecido y recompensando. Los beneficios que podrían darse por su trabajo honesto siempre traerá dividendos para usted y los demás. Sobre todo, Dios será el primero en ver con agrado su fidelidad y cuidado de lo que le ha sido encomendado.

Trabajemos con empeño en la tarea que nos haya sido dada, seamos honestos y busquemos dar lo mejor para poder lograr lo mejor. La diligencia es muestra de amor y agradecimiento a Dios y para quienes trabajamos.

 

La diligencia alcanza alguna recompensa, aun para el siervo humilde.”Jamieson, R.

 

Lucas 16:10

“El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.”

Razones suficientes | VIDA CRISTIANA

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Razones suficientes.

 

Salmos 145:1-4

Te exaltaré, mi Dios, mi Rey, Y bendeciré tu nombre eternamente y para siempre.
Cada día te bendeciré, Y alabaré tu nombre eternamente y para siempre.
Grande es Jehová, y digno de suprema alabanza; Y su grandeza es inescrutable.
Generación a generación celebrará tus obras, Y anunciará tus poderosos hechos.”

Si alguna vez se ha preguntado cuantas razones podemos tener para alabar a Dios, pues David nos da varias poderosas razones en este precioso salmo para dar alabanza constante a nuestro amado Dios.

Podemos alabar a Dios por Su grandeza (v. 3). Dios nos solamente es grande en tamaño, sino en cada uno de sus atributos. No hay más dioses, y siendo el Único es también supremo en carácter y atributos, dignidad y majestuosidad.

Podemos alabar a Dios por Sus poderosos hechos (v. 4, 6). Todo lo que hace Dios es con un poder que va más allá de nuestro entendimiento. Desde la creación, hasta la salvación, todo ha sido hecho con Su inmenso poder.

Podemos alabar a Dios por Su gloria y majestuosidad (v. 5). Su gloria no puede ser revelada por completa al hombre, porque no lo resistiría; pero a pesar de que Su gloria ha sido velada para el hombre, el reflejo que se ha logrado ser percibido manifiesta la grandeza de lo majestuosa que es tal hermosa gloria. Cuando Jesucristo se transfiguró ante Pedro, Juan y Jacob, se pudo ver un pequeño reflejo de Su gloria, y en Su Reino Milenial veremos más de ella, Su gloria.

Podemos alabar a Dios por Su bondad y misericordia (v. 7a, 8, 9a, y 17b). El inmenso amor de Dios ha sido un instrumento por medio del cual ha bendecido al hombre diariamente. Desde la vida misma, la voluntad que nos ha dado, hasta su protección y provisión diaria son manifestaciones de ese inmenso amor. El sacrificio de Cristo en la cruz es la manifestación excelsa del amor de Dios al hombre.

Podemos alabar a Dios por Su justicia y rectitud (v. 7b, 17a). Todo lo que Dios hace es justo, no hay ni siquiera sombra de injusticia en Él. Su santidad y rectitud están registradas en cada una de Sus obras, por ello podemos confiar en que todo lo que hace es bueno y justo.

Podemos alabar a Dios por Su cuidado (v. 14-16, 18 y 19). Debido a su bondad, Dios siempre está cuidando de nosotros, está siempre a nuestro lado y escucha nuestras peticiones y obra a favor de ellas cuando sea necesario. Dios como buen Pastor, vela por sus ovejas; y como Padre, protege a sus hijos.

Podemos alabar a Dios por Su glorioso reino (v. 11-13, 20 y 21). Dios ha sido Rey y será Rey desde la eternidad y por toda la eternidad. Alabar a Dios como Rey es reconocer Su señorío y soberanía; pero también es alabarlo porque siendo Rey, se hizo Siervo que vino a salvar la vida de Sus amigos. Todos los que le hemos reconocido como Salvador a Jesús tendremos la inmensa bendición de poderlo alabarlo en el futuro Reino Milenial y por todo el resto de la eternidad.

Razones suficientes siempre habrá para alabar, exaltar y bendecir el poderoso Nombre de Dios. Nuestro Dios y Rey es “digno de suprema alabanza” de “generación a generación”.

 

Salmos 145:21

La alabanza de Jehová proclamará mi boca; Y todos bendigan su santo nombre eternamente y para siempre.”