Por nosotros | VIDA CRISTIANA

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Por nosotros.

 

2 Corintios 5:21

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.”

 

Se le llama sustituto a la persona que hace las veces de otra en un empleo u otra actividad ocupando su lugar o función. Generalmente este sustituto, al intervenir en el puesto asignado temporalmente, desarrolla su función en menor grado que el esperado por la persona original, puesto que no desarrolla esa acción de forma regular, es por ello que la tarea que cumple puede llegar a ser inferior.

Hubo alguien que cumplió la función de sustituto, pero Éste sustituto, al contrario de lo común, llenó las expectativas más allá de lo esperado y con un resultado completamente diferente. El Sustituto es Cristo y el suplantado el hombre pecador.

El hombre estaba en pecado y en camino a la condenación, la sentencia estaba ya establecida por Dios y solamente se esperaba el cumplimiento de ésta. Pero Dios, en Su infinita misericordia, deseando manifestar su inmenso amor hacia el hombre envía en sustitución a Cristo a morir por nuestros pecados, para que podamos ser justificados a través de la sangre del Único que podía librarnos de la condenación (Romanos 5:8-9).

No solamente que libró al hombre de su condenación, sino que el papel que cumplió en la Cruz fue superior al nuestro, puesto que, siendo Perfecto, tomó el lugar del hombre pecador. Para poder cumplir este plan de redención y justificación del hombre, necesitaba cumplir una tarea que lo degradaría judicialmente, ya que sin ser culpable aceptó la culpa ajena y la tomó como Suya: Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado”.

Yendo más allá, se hizo maldición. En la ley de Moisés estaba contemplado que el culpable de pecado digno de muerte podía ser colgado en un madero como señal de castigo, y se lo hacía públicamente para demostración hacia los demás de las consecuencias del pecado. Todo aquel que era colgado, era considerado maldito (Deuteronomio 21:22, 23). Cristo, al morir en la Cruz fue hecho maldito por nosotros para redimirnos de la maldición de la ley (Gálatas 3:13).

La sustitución fue aún mayor, ya que quien había pecado era el hombre creado, y para salvarlo el mismo Creador (Colosenses 1:16) se hizo hombre para morir por nosotros. Para hacerlo se humilló a Sí mismo, no estimó su Deidad como impedimento para cumplir el plan de redención, y despojándose de su Suprema posición, tomó la forma de siervo, para en obediencia llegar a la muerte de Cruz (Filipenses 2:5-8).

Jesucristo fue un sustituto en todas las formas superior al suplantado. Cuando se encontraba frente a Pilato, el Señor, en vez de evitarlo, en forma decidida aceptó tomar la posición de Barrabás silenciosamente. Pudiendo presentar defensa y librarse, calla sin presentar argumento para morir por nosotros. Mientras enfrentó el interrogatorio de Pilato le responde con una afirmación que resume el propósito de su venida: “Yo para esto he nacido, y para esto he venido al mundo”. Jesús había nacido para salvar al hombre y “para dar testimonio de la verdad” (Juan 18:37).

Navidad es celebrar el nacimiento de Aquel que se hizo pecado y maldición para morir en forma sustitutoria por el hombre pecador y otorgarle salvación.

 

«Gracias Jesucristo por nacer para tomar mi lugar»

 

Lucas 2:10-11

“Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor.”

Dios Todopoderoso Salva | VIDA CRISTIANA

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Dios Todopoderoso Salva.

 

Isaías 7:10-14

“Habló también Jehová a Acaz, diciendo: Pide para ti señal de Jehová tu Dios, demandándola ya sea de abajo en lo profundo, o de arriba en lo alto. Y respondió Acaz: No pediré, y no tentaré a Jehová. Dijo entonces Isaías: Oíd ahora, casa de David. ¿Os es poco el ser molestos a los hombres, sino que también lo seáis a mi Dios? Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.

 

Acaz, el nieto del gran rey Uzías reinaba en las dos tribus del sur (Judá) cuando Siria en alianza con las diez tribus del norte (Israel) habían atacado sin lograr nada en sus primeras incursiones (Isaías 7:1). Las tropas sirias se habían apostado en Israel y representaban una constante amenaza para Acaz.

Dios, por medio del profeta Isaías envía un mensaje de esperanza a la casa de David para alentar al rey: “Guarda, y repósate; no temas, ni se turbe tu corazón a causa de estos dos cabos de tizón que humean […] Ha acordado maligno consejo contra ti el sirio, con Efraín y con el hijo de Remalías, diciendo: Vamos contra Judá y aterroricémosla, y repartámosla entre nosotros […] Por tanto, Jehová el Señor dice así: No subsistirá, ni será.” (Isaías 7:4-7)

Este mensaje de esperanza había llegado al rey Acaz para recordarle que no debía temer contra este gran enemigo que los amenazaba y contra la posible derrota que ellos podían tener, ya que el corazón del rey y del pueblo se habían estremecido (Isaías 7:2). Para animar al rey y al pueblo, Dios le pide a Isaías que le de a Acaz este mensaje y que deseaba darle una señal, la que pidiera el rey, para demostrarle que podían confiar en la palabra dada por Dios, a lo que el rey dudoso y timorato dice que no lo haría (Isaías 7:10-12). Dios, molesto al ver esta negativa respuesta del rey, pero en gracia y misericordia, le da entonces una señal, que representaría una profecía maravillosa del nacimiento de Jesucristo: “He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.” (Isaías 7:14)

El nombre Emanuel es una palabra combinada que viene de dos raíces hebreas que significan: Con nosotros (Im) está el Dios Todopoderoso (El). Dios les estaba dando una señal de esperanza a Judá para recordarles que con ellos estaba el Todopoderoso dispuesto a salvarlos.

Ya en el cumplimiento mesiánico de esta profecía, el ángel se le presenta al dudoso José para decirle que su novia María (“la virgen” en Isaías 7:14) había concebido milagrosamente por medio del Espíritu Santo y que no debía tener temor en recibirla como su esposa. Lo maravilloso de este evento con José es que el ángel le da dos nombres del Mesías que hacen referencia a la salvación del hombre: “Jesús”, Dios salva; y “Emanuel”, Dios o el Todopoderoso con nosotros (Mateo 1:21, 23).

Jesucristo venía esta vez, no a salvar a Judá de su enemigo ni rescatarlos de la derrota bélica, Jesucristo venía a librarnos de nuestro más grande enemigo: el pecado; y de nuestra más grande derrota: el infierno. Jesucristo venía como cumplimiento de la promesa dada al rey Acaz, pero venía para ofrecer a todos los que por fe ponen su esperanza en Cristo para librarlos del pecado y salvarlos de la condenación eterna (Juan 3:17, 18).

Al igual que con Acaz, Dios le pide al hombre que le pida salvación, ahora lo que el hombre necesita es aceptar este regalo inmerecido pidiendo con fe y esperanza que “Jesús” “Emanuel” lo salve del pecado y del infierno. ¿Ha puesto ya su fe en Jesucristo cómo su Salvador?

 

«Dios, gracias por enviar a Tu Hijo a nacer y morir, y así brindarme salvación eterna»

 

Mateo 1:21, 23

“Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados. […] He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.

Aguzado por mi amigo | Un rayo de SABIDURÍA

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Aguzado por mi amigo.

 

Proverbios 27:17

“Hierro con hierro se aguza; Y así el hombre aguza el rostro de su amigo.”

 

Trabajando en una empresa donde se emplea una gran cantidad de cuchillos y tijeras diariamente para poder desarrollar el trabajo con facilidad he aprendido mucho el valor que se tiene para la persona que trabaja en el cuarto de cuchillos, en donde este diestro obrero, con la ayuda de varios equipos, trabaja todo el tiempo tratando de darle un apropiado filo o borde al cuchillo para que haga su trabajo apropiadamente sobre la carne que corta, facilitando de esta manera el trabajo de quienes lo utilizan para la faena.

De la misma manera, para que una persona pueda ser edificada apropiadamente en el carácter cristiano que Dios desea que lleguemos a forjar en nuestras vidas se requiere de personas que puedan ayudar con sabia palabra y consejos.

El comentarista John V. McGee, hablando de éste versículo dice: «Es una cosa maravillosa el tener un amigo con quien uno pueda afilar nuestra mente. Alguien con quien usted pueda discutir cosas le pueda traer real beneficio. Yo solía tener tal amigo, y nosotros podíamos sentarnos y hablar por horas sobre asuntos espirituales. Yo siempre venía refrescado y fortalecido, y siempre aprendía algo. Es maravilloso tener a un amigo como tal»

Un amigo que nos pueda hablar con verdad y gracia lo que está mal de nosotros es tan necesario como lo es una lima de metal es útil para afilar el cuchillo.

Pero debemos recordar que toda fricción de metales produce limaduras y calor. No es posible frotar dos metales sin que esta produzca calor y salgan pequeños fragmentos de metal como residuo que serán desechados. Es parte de esta relación valiosa recordar que habrá momentos en los cuales uno tendrá que decir a la otra persona verdades que produzcan molestia en quien lo escucha, pero esta fricción es necesaria para producir el efecto deseado. Debemos aprender a escuchar con humildad y amor las palabras de quien vienen, si sabemos que estas palabras son dadas con amor y con el propósito de edificarnos (Proverbios 27:5, 6).

Por este motivo es necesario el buscar entre quienes conocemos personas piadosas, sabias, que nos aprecien tanto, que sean capaces de decirnos con amor lo que requerimos escuchar. Pero de la misma manera, debemos orar para que Dios nos ayude a ser esas personas que edifiquen la vida de quienes están a nuestro alrededor.

Jesucristo nos dejó una maravillosa lección cuando iba a escoger a sus doce discípulos, la noche antes de hacerlo pasó toda la noche orando a Dios el Padre (Lucas 6:12, 13). Para hallar aquellas personas que van a ser nuestro “hierro” que aguce, pidamos a Dios para que nos ayude a encontrarlos.

 

«Dios, gracias por esos amigos que edifican, ayúdame a ser uno de ellos»

 

Proverbios 27:5-6

Mejor es reprensión manifiesta Que amor oculto.
Fieles son las heridas del que ama; Pero importunos los besos del que aborrece.”

Prometido, cumplido y confirmado | VIDA CRISTIANA

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Prometido, cumplido y confirmado.

 

Lucas 1:30-33

“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.”

 

A medida que uno lee las profecías del nacimiento de Jesucristo, los cumplimientos de ese hecho y los propósitos de este increíble e incomparable hecho de gran significado para el hombre, nos maravillamos de lo fantástico que es. Bien dicen los estudiosos de la Biblia que, si le damos un solo título o tema general a la Palabra de Dios, este sería: «El Plan de Dios para salvación del hombre por medio de Jesucristo»

Cuando el ángel se le acerca a María para explicarle de este nacimiento tan especial, le explica que el niño tendrá que ser llamado Jesús (Lucas 1:31), pues su nombre significa Salvación o Dios salva (Mateo 1:21). Pero no solamente que vemos aquí el propósito de su nacimiento, en Lucas también vemos un detalle que resalta el cumplimiento de las promesas en cuanto a Su realeza: “… el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.” (Lucas 1:32-33)

En Isaías 11:1, el profeta anunció que el Salvador vendría del “tronco de Isaí”, el padre de David (1 Samuel 16:1, 11-13). Es aquí donde vemos el cumplimiento de la profecía prometida. David, por hallar gracia ante Dios, recibe la promesa que de sus entrañas nacería Uno que reinaría por siempre (2 Samuel 7:12-22).

Algo curioso del nacimiento de Jesucristo es que, aunque cumplió la promesa de nacer en Belén, la ciudad donde nació David (Miqueas 5:2; Lucas 2:4-7); Jesucristo creció en Nazaret de Galilea, lugar donde sus padres vivían (Lucas 2:4), y lugar de donde, aunque inesperadamente cumplida, también había sido prometida su aparición. Isaías profetizó que Jesús sería considerado como “vástago”, y esto haciendo referencia al lugar de su crecimiento. En Miqueas se anuncia donde habría de nacer: Belén, en Isaías donde habría de crecer: Nazaret, lugar donde también se dio su milagrosa concepción (Lucas 1:26, 27), por lo que se cumplió lo prometido de que sería “llamado nazareno” (Mateo 2:23).

Lo fascinante de esta promesa cumplida, es que el mismo Señor Jesucristo envía un mensaje a Su Iglesia por medio de Juan para dar “testimonio”, o confirmar, que Él ha cumplido estas profecías y que desea que esperemos Su venida pronto, como la Esposa espera por su Esposo (Apocalipsis 22:16, 17).

Navidad es celebrar la promesa cumplida y confirmada del nacimiento de nuestro Salvador. Es al mismo tiempo anhelar Su pronta venida. La Iglesia, los creyentes, debemos celebrarlo anunciándolo a viva voz.

 

«Jesucristo, celebramos la promesa cumplida de tu primer advenimiento»

 

Apocalipsis 22:16-17

Yo Jesús he enviado mi ángel para daros testimonio de estas cosas en las iglesias. Yo soy la raíz y el linaje de David, la estrella resplandeciente de la mañana. Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.”

No lo devalúe | VIDA CRISTIANA

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No lo devalúe.

 

Zacarías 7:11-12

“Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon sus oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.”

 

La devaluación es la disminución o la pérdida del valor de un bien. Generalmente esta pérdida de valor le otorga al objeto devaluado poca apreciación por quien la posee o la busca.

El diamante es uno de los bienes más preciados dentro de la mineralogía. Esta piedra singular puede llegar a ser extremadamente valorada por quienes la buscan. Es uno de los materiales con la más alta dureza y conductividad térmica conocida por el hombre y tiene características ópticas destacables. La mayoría de éstas piedras se forman por condiciones de presión y temperaturas extremas que actúan sobre el carbono transformándolo.

Pero existe otro objeto que puede ser transformado, pero éste, al contrario del carbono, no adquiere mayor valor, sino que pierde su valor, y es el corazón.

Cuando una persona intencionalmente decide alejar su oído y dar la espalda a Dios y a Su voluntad, lo que provoca es permitir que al “presión” que ejerce el pecado y la “influencia” de la rebeldía transforme su “corazón” sensible a Dios a uno insensible. Tal puede ser este efecto de “devaluación” que literalmente bloquea voluntariamente la obra del Espíritu Santo a través de Su Palabra (Zacarías 7:12a).

Dios ha dado al hombre, en Su inmensa bondad, la voluntad. Este don de Dios le permite al hombre tomar decisiones. El propósito de este regalo maravilloso es para que pueda tener ejercicio sobre lo que desee hacer. Dios espera que cada uno de nosotros decidamos escucharlo y obedecerlo, decidamos por el bien; pero es el hombre, en ejercicio de su voluntad, quien decide no hacerlo. Éste es el proceso de pérdida de valor del corazón, pudiendo el corazón ser uno dispuesto, sensible y sumiso al Señor, el cual es de gran valor para el hombre mismo, lo expone para convertirlo en uno duro, inflexible e insensible a Dios y a Su voluntad.

Dios, siendo justo, llega airarse, al ver la dureza del corazón del hombre. Tal puede llegar a ser la actitud de Dios que los dejaría en su pecado y les privaría de las bendiciones que el hombre pudiera tener. Ya no escucharía sus oraciones y traería el justo pago a su dureza (Zacarías 7:12b-14). Es la voluntad del hombre la que lo puede llevar a este intencional endurecimiento y por consiguiente empobrecimiento espiritual.

La grandeza de la bondad de Dios es que siempre está dispuesto a escuchar al hombre, que arrepentido, se vuelva a Él y anhele que su corazón sea transformado nuevamente en uno de acuerdo a Su voluntad (Hechos 13:22). Este cambio hará que podamos nuevamente ser sensibles a Su Espíritu y a Su Palabra (Proverbios 1:23). ¿Está dispuesto a revalorizar su corazón ante Dios? Es a través de Cristo que Dios cambia nuestro corazón (2 Corintios 3:3).

 

«Señor, lo que tengas que hacer hazlo por favor para que no endurezca mi corazón contra Ti»

 

Zacarías 1:3

“… Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Volveos a mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos.”

Con detalle | VIDA CRISTIANA

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Con detalle.

 

Éxodo 3:16-22

“Ve, y reúne a los ancianos de Israel, y diles: Jehová, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, me apareció diciendo: En verdad os he visitado, y he visto lo que se os hace en Egipto; y he dicho: Yo os sacaré de la aflicción de Egipto a la tierra del cananeo, del heteo, del amorreo, del ferezeo, del heveo y del jebuseo, a una tierra que fluye leche y miel. Y oirán tu voz; e irás tú, y los ancianos de Israel, al rey de Egipto, y le diréis: Jehová el Dios de los hebreos nos ha encontrado; por tanto, nosotros iremos ahora camino de tres días por el desierto, para que ofrezcamos sacrificios a Jehová nuestro Dios. Mas yo sé que el rey de Egipto no os dejará ir sino por mano fuerte. Pero yo extenderé mi mano, y heriré a Egipto con todas mis maravillas que haré en él, y entonces os dejará ir. Y yo daré a este pueblo gracia en los ojos de los egipcios, para que cuando salgáis, no vayáis con las manos vacías; sino que pedirá cada mujer a su vecina y a su huéspeda alhajas de plata, alhajas de oro, y vestidos, los cuales pondréis sobre vuestros hijos y vuestras hijas; y despojaréis a Egipto.”

 

Si a usted le gusta tanto las recetas de cocina como a mí, de seguro que disfruta mucho el poder tener a la mano una receta de un plato favorito o de algo que usted recién probó y disfrutó mucho. Para ello va a necesitar un recetario claro y detallado. Va a requerir de todos los ingredientes, las medidas de ellos, y los momentos exactos de qué hacer con ellos. Esos pequeños detalles son los que pueden hacer la diferencia en el plato a cocinar, y si fallamos un paso, el resultado no será igual. El éxito siempre estará en esos detalles.

El día que Dios iba a librar a Israel de la esclavitud de Egipto llamó específicamente a un hombre, quién cumpliría perfectamente la tarea, lo busca en el momento que Él sabía que era oportuno. Había visto exactamente lo que pasaba en Su pueblo y tenia calculado con gran detalle cómo sería su liberación y que pasos se darían. Utilizaría todo esto para hacer pagar a Faraón su tiranía, liberaría a Israel definitivamente de esa esclavitud, destruiría el ejército enemigo y proveería de riquezas como indemnización por parte de los egipcios hacia los israelitas. Todo esto ya lo tenía listo con detalles de tal manera que salió tan perfecto, como si tuviera su receta frente a Él.

Dios conoce plenamente su vida y ya tiene todo plenamente calculado y preparado. Es ahora nuestra tarea descifrar que viene y cuál es el siguiente paso en este apasionante y desafiante caminar con Dios que nos puede llevar a experimentar la detallada y bendecida vida que Dios tiene planificado para nosotros. Mantengamos nuestra fe en Aquel que tiene la perfecta y detallada “receta” para nuestra vida y caminemos en obediencia y confianza en Su plan.

La manera en la que obra nuestro Sabio y Poderoso Dios es asombrosa, digna de alabanza, honra y gloria. Todo lo que hace tiene tanto detalle que es imposible no sorprendernos.

 

«Dios, gracias por tener tanto cuidado tan detallado para mí vida, ayúdame a confiar en Ti y a seguir con fe Tu perfecta voluntad»

 

Salmos 139:14, 17

“Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras;
Estoy maravillado,
Y mi alma lo sabe muy bien.
¡Cuán preciosos me son, oh Dios, tus pensamientos!
¡Cuán grande es la suma de ellos!”

Más destructiva que la necedad | Un rayo de SABIDURÍA

 

proverbios-27-4-anexoMás destructiva que la necedad.

 

Proverbios 27:3-4

“Pesada es la piedra, y la arena pesa;
Mas la ira del necio es más pesada que ambas.
Cruel es la ira, e impetuoso el furor;
Mas ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia?

 

En un libro de Charles Swindoll de ilustraciones y citas leía esto: «Shakespeare llamó a la envidia “la enfermedad verde.” Bacon admitió “que no tiene días feriados.” Horacio declaró que “los tiranos nunca han inventado un mayor tormento.” Barrie dijo que “es el más corrosivo de los vicios.” Sheridan se refería a ella en su obra ‘El Crítico’ cuando escribió: “no hay pasión tan fuertemente arraigada en el corazón humano como esta.” Philip Bailey, el elocuente poeta inglés de años idos, vívidamente la describe como “un abrigo [que] sale siseando y candente del infierno.”»

Y continúa: «Y hablando del infierno, nadie ha hecho mejor trabajo para describir la envidia que Dante. En su obra ‘El Purgatorio’… la envidia se sienta como mendigos ciegos contra una pared. Sus párpados están cerrados y cosidos. El simbolismo es apto; mostrando al lector que es uno de los pecados más ciegos; en parte porque es irrazonable, y en parte porque el envidioso está cosido en sí mismo e hinchado con pensamientos venenosos en un mundo oscuro, restringido de casi insoportable angustia autoimpuesta.»

La Biblia nos dice que la ira de una persona necia es grande y pesada, pero que, al compararla con la ira proveniente de la envidia, esta última es más grave (Proverbios 27:3-4). Pocas veces nos detenemos a analizar lo destructivo y perverso de la envidia o el celo. Puede destruir silenciosamente el alma de la persona que lo siente, mientras que puede causar gran daño a segundas y terceras personas cuando dejamos que ésta tome control de nuestros actos y damos rienda suelta a su ira impetuosa y despiadada.

La ira siempre será una reacción secundaria. La envidia conserva la ira presente en la persona, llena el corazón de odio y maldad, mantiene la mente ocupada con este sentimiento maligno y puede conducir a la persona a actuar premeditadamente (Hechos 7:9).

Para evitar que la envidia nos siga haciendo daño lo que debemos hacer es:

  1. Reconocer el pecado y tratarlo como tal, pidiendo perdón a Dios arrepintiéndonos, porque puede conducirnos a más pecados (Santiago 4:2).
  2. Debemos trabajar en el amor a nuestro prójimo ya que el amor no permite la envidia (1 Corintios 13:4).
  3. Ser humildes y no orgulloso, porque la humildad nos ayudará a mirar a los demás como superiores a nosotros y dignos beneficiarios de lo que ellos reciban (Filipenses 2:2-4).
  4. Batallar en contra de los pensamientos de envidia orando inmediatamente para que Dios nos ayude a someterlos a la obediencia (2 Corintios 10:4-5).
  5. Si en algún momento la ira por la envidia nos quiera controlar, alejarnos inmediatamente para no permitir que haga daño.
  6. Desarrollemos una vida espiritual fuerte, para que podamos ser controlados por el Espíritu Santo y no por la carne (Gálatas 5:16-26).

 

¡Una vida libre de envidia es una vida de gran comunión con los demás y con Dios!

 

«Dios, ayúdame amar en humildad a mi prójimo»

 

Gálatas 5:25-26

“Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.”

Nos trajo luz | VIDA CRISTIANA

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Nos trajo luz.

 

Isaías 9:1, 2 y 6

Mas no habrá siempre oscuridad para la que está ahora en angustia, tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón y a la tierra de Neftalí; pues al fin llenará de gloria el camino del mar, de aquel lado del Jordán, en Galilea de los gentiles. El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos. […] Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz.”

 

Una noche de una fuerte tormenta en la finca de un amigo quedará en mi memoria por siempre. En aquel lugar no había servicio eléctrico, menos agua potable, los servicios básicos que se tenían en las ciudades no existían en aquella sencilla finca en los años 90. Durante esa noche calurosa me levanté en medio de tal oscuridad y sed a buscar algo para beber. La oscuridad de la tormenta afectaba por completo la casa también.

Sin linterna en mano y sin poder ver ni siquiera mi mano, decidí acercarme a la cocina para buscar algo de beber. Utilizando solamente mis manos y guiándome por las paredes caminé hacia la cocina, lo que me tomó varios minutos, pues no quería despertar a nadie en aquella casa de madera. Cuando llegué a la cocina pude hallar una taza para tomar agua, pero no sabía dónde hallar el agua, así que decidí caminar otro tanto más a oscuras hasta llegar a la parte frontal de la casa para extender mi mano hacia afuera y recoger un poco de agua que caía del techo a causa de la lluvia. Tal fue mi sed y tal mi necesidad que me atreví hacer todo este viaje para satisfacer mi sed.

En el tiempo del profeta Isaías también había sed y oscuridad, pero esta era espiritual. El pueblo se había alejado del Dios de sus padres, cada uno había dejado a la fuente de luz y de agua viva. Atrás habían quedado los días de prosperidad espiritual del pueblo, y ahora solo reinaba el deterioro en la vida espiritual de Israel. Dios estaba por traer luz a su pueblo, pero esta luz llegaría directamente con la presencia de Su Hijo Jesús (Isaías 9:2, 6).

Cuando Jesucristo llegó a la tierra, un grupo de ángeles iluminaron el alma de un grupo de sencillos pastores para anunciar Su nacimiento (Lucas 2:8-14). Unos magos de oriente se acercaron hasta la casa del niño Jesús guiados por la luz de una estrella en el firmamento que los guiaba hasta donde estaba el Salvador (Mateo 2:1-11). Cuando Jesucristo inició su ministerio predicando sobre el Reino de Dios, Él mismo cumplió exactamente la profecía referente a la presencia de Hijo prometido en Isaías (Mateo 4:12-17).

El Señor vino a traer luz y vida a donde solo había oscuridad y muerte (Juan 1:4, 5 y 9). Jesucristo sigue trayendo luz al alma perdida que por fe lo recibe como su Salvador, pues el mismo dijo que es la “luz del mundo” (Juan 8:12). Sin el nacimiento de Jesucristo, todos estuviéramos en oscuridad espiritual. Celebrar Navidad es celebrar que “aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre” sí vino al mundo (Juan 1:9).

 

«Señor Jesús, gracias por traer luz a este mundo perdido en la oscuridad, ayúdanos a llevar el mensaje que ilumina el alma de aquellos que esperan ver Tu luz»

 

Juan 8:12

“Otra vez Jesús les habló, diciendo: Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.”