Firmes con el Poder de la Verdad (Armadura de Dios IV)

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Firmes con el Poder de la Verdad (Armadura de Dios IV)

 

Efesios 6:14

“Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia.”

 

Objetivamente la Verdad es la realidad que se encuentra en la base de la apariencia, es decir lo que se dice ser comparado con lo que en realidad es. Lo expresado confrontado con lo existente. Toda verdad tiene una sola realidad, no se puede tener un hecho con dos o más verdades y tratar de mantener la idea de que todos ellos sean ciertos, uno solo es verdad, lo demás es falso, mentiroso, cercano a la verdad, pero nunca la misma verdad.

La Biblia nos dice que Dios es Verdad (Deuteronomio 32:4; Salmos 31:5; Jeremías 10:10; Isaías 65:16), que Su naturaleza, Su atributo es ser veraz o verdadero. De ahí que todo lo que dice Dios es Verdad como lo afirmó Jesucristo (Juan 17:17).

Al contrario de la Verdad está la mentira, lo falso, lo irreal, el engaño. Jesucristo nos recuerda que el diablo es “padre de mentira” y que él “no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso” (Juan 8:44). Entonces, cada vez que el maligno ataca a los creyentes siempre llegará con una mentira para querer engañarlo, pero al ser engaño, enmascarará la falsedad de tal manera que aparentará ser una verdad.

Eva fue engañada sutilmente con la falsa idea de que Dios era malo, y que Su deseo al prohibirles comer del fruto del bien y del mal era evitar que el hombre llegara a ser como Dios mismo. Fue tan astuta la serpiente que utilizó una máscara para decirle a la mujer que él, satanás, si le deseaba ayudar a conseguir algo que Dios no deseaba darle. En ese engaño, había maldad, pecado, muerte, destrucción, mentira, falsedad (Génesis 3:1-7).

Satanás siempre nos querrá engañar con sus artimañas para alejarnos de Dios. La Palabra de Dios, siendo Verdad, está libre de engaño, todo lo escrito en Ella son verdades eternas, tan ciertas como lo fueron antes, como lo serán mañana, y lo serán por siempre (Salmos 119:89).

Dios se comunica al hombre por medio de Su Palabra (1 Samuel 3:21); Él se da a conocer iluminando la mente y el corazón del hombre a través del Espíritu Santo, autor de las Escrituras. John Vernon McGee nos dice: «Es así como usted y yo llegamos a conocerle, y el conocerle es vida eterna»

La Verdad tiene el poder de ayudarnos a estar firmes ante las asechanzas de satanás, ya que todo lo que él diga será una mentira engañosa y perversa. Conocer la Verdad es llegar a conocer la Palabra de Dios, fuente de la Verdad, cada vez que escuche algo aparentemente cierto o correcto compárelo con la Verdad, si lo escuchado no es lo que Dios nos dice en Ella, entonces delo por cierto que es una mentira y deséchela. Filtre toda información por la Palabra de Dios. ¡La Verdad tiene poder contra la mentira!

El cinto romano era el medio que el soldado utilizaba para ajustar su vestimenta al cuerpo para que le permita tener una movilidad apropiada en la batalla. Al atar la verdad a nuestra vida estaremos apropiadamente listos para toda batalla.

 

«Padre, gracias por Tu Palabra, fuente de verdad eterna»

 

2 Samuel 7:28

“Ahora pues, Jehová Dios, tú eres Dios, y tus palabras son verdad…”

Hay que adquirirla para usarla (Armadura de Dios III)

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Hay que adquirirla para usarla (Armadura de Dios III)

 

Efesios 6:11

Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.”

 

En el cuento “El traje nuevo del emperador”, escrito por Hans Christian Andersen en 1837, se lee la historia de un emperador que se preocupaba mucho por su vestimenta, y que deseando deslumbrar a todos con la extravagancia de su ropa había decidido mandar a confeccionar un traje que impresionaría a quienes lo vieran. Contrata a dos expertos confeccionistas que le dicen al emperador que no solamente el traje sería uno nunca antes visto, sino que la tela iba a ser la más suave y delicada de lo que cualquiera pudiera imaginar. Tal fue la supuesta “propuesta”, que estos dos atrevidos y pícaros artesanos añadieron a la oferta la particularidad de que el traje sería invisible para cualquier simple o incapaz de algún cargo ya otorgado. Obviamente la idea agradó al entusiasmado, pero engañado emperador.

El día del estreno el emperador convoca a un desfile en el cual él mismo en persona estrenaría el traje para que sea visto por el pueblo. Los pícaros artesanos engañan al emperador, y aparentando “vestirlo” le colocan el traje, éste, para evitar demostrar su “simpleza” expresa que estaba hermoso, y los demás a su alrededor, para evitar un comentario negativo de su vecino, expresan lo mismo. Esta farsa continuaba por las calles hasta que un niño expresa inocentemente: – “El emperador está desnudo” – fue ahí donde todo terminó, el emperador se dio cuenta que no había adquirido nada, y por lo tanto no vestía nada.

En la vida cristiana muchos creyentes poseen un concepto equivocado en cuanto a la Armadura de Dios, muchos piensan que es un “poder sobrenatural” que lo reciben después de haber orado, y que es suficiente mencionarlo en una oración para envestirse de él. Lo cierto es que el pasaje nos habla no de un poder sobrenatural recibido milagrosamente, sino que habla de un conocimiento particular de Dios y sus verdades relacionadas con las partes mencionadas en la descripción de la Armadura (verdad, justicia, evangelio, fe, salvación y la Palabra de Dios), pero también habla del carácter que el creyente debe manifestar relacionado con estas verdades.

Pablo utiliza la palabra “vestíos” (“enduo”: ἐνδύω, G1746) para expresar que una persona debe colocarse o ponerse algo sobre uno mismo, es decir “ser vestidos con”. En otro pasaje Pablo nos dice que el creyente debe vestirse “de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia” (Colosenses 3:12); añade que debemos vestirnos “del nuevo hombre” y del carácter “del Señor Jesucristo” para vivir santamente, y que no debemos proveer para la carne (Efesios 4:24; Romanos 13:14). Así como usa el verbo vestir, utiliza las palabras ceñir, calzar, y tomar con la mano para expresar una acción que el oyente debe realizar (Efesios 6:14-17). Entonces el apóstol no habla de algo milagroso, sino de conocimiento y de carácter que sí tienen poder en nosotros.

Es claro que Pablo deseaba que el creyente en Éfeso sepa y viva con verdad y justicia, que se calce con el mensaje del evangelio, que utilice la fe como escudo, que la Palabra de Dios la utilice como espada, y que se asegure de su salvación para que no afecte su mente, así como el yelmo protege la cabeza. Y es al final que dice que debemos orar por el mismo apóstol y por los demás (Efesios 6:14-20).

Como el emperador, muchos salimos a la calle convencidos que una oración nos “envestirá” de la armadura, cuándo es el desarrollo de un carácter y el conocimiento de las verdades de Dios las que nos ayudarán poderosamente para estar firmes ante las artimañas de satanás. Si no las ha adquirido, entonces aún no se puede “vestir” de la verdadera “armadura de Dios”, crezcamos y conozcamos más “en” y “de” Dios.

 

«Dios, ayúdame a conocer más de Ti mientras crezco en mi carácter»

 

Efesios 4:22-24

“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombrerenovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.”

El poder viene sólo de Dios (Armadura de Dios II)

 

2-corintios-12-10-anexoEl poder viene sólo de Dios (Armadura de Dios II)

 

Efesios 6:10, 11

“Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo.”

 

En varios países de Asia algunos de los moradores han entrenado por años a los elefantes para desarrollar diferentes tareas necesarias para el hombre, tareas que sin la ayuda de la fuerza inmensa del elefante no se pudieran desarrollar. Como creyentes necesitamos de otra fuerza, la de Dios para enfrentarnos ante satanás, las pruebas y las tentaciones; y sin ese poder del Señor no sería posible.

Nuestra naturaleza pecaminosa nos hace débiles, como seres humanos todos nosotros somos literalmente muy sensibles a las tentaciones y llegamos a ser atraídos y seducidos por nuestra concupiscencia (Romanos 7:14-21; Santiago 1:14, 15). Aún en las pruebas el hombre puede llegar a ser tentado a tomar un escape para salir de su difícil momento (Santiago 1:12). Como seres humanos somos malignamente influenciados a hacer lo malo en momentos de debilidad, sea que esta influencia venga del diablo, del mundo o de nosotros mismos.

Para esto Dios viene en nuestra ayuda, Su poder se hace evidente en la debilidad del hombre, y no es que Dios no quiera ayudar a todos, pero es sólo para aquellos que entienden que son débiles en donde el poder de Dios se convierte en una tremenda fortaleza.

Varios años atrás intentaba seguir a Dios con todo mi ser, con toda mi fuerza, pero cada vez que lo intentaba humanamente volvía a caer en la misma trampa de la que quería salir huyendo. Dios nos dice que aún “los muchachos”, aquellos que con gran energía por su edad podrían vencerlo todo “se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen”. Nuestra debilidad es obvia, “pero los que esperan a Jehová”, aquellos que depende por completo en el Señor, “tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” (Isaías 40:30, 31).

Cuando Pedro caminaba sobre el agua se dejó turbar por la tormenta, y en momento de gran debilidad clamó: “¡Señor, sálvame!” (Mateo 14:30). Este intrépido discípulo tuvo su momento de debilidad, pero cuando sabía que se hundía supo en dónde encontrar ayuda.

“Fortaleceos en el Señor” es tomar aliento anímico ante la verdad que estamos con el Dios Todopoderoso y que siempre está de nuestro lado para ayudarnos. Y fortalecerse “en el poder de su fuerza” es depender del poder que nos da por medio del Espíritu Santo para enfrentar nuestras debilidades.

Sería inútil e insensato pensar que no necesitamos del poder que solamente viene de Dios para caminar junto a Él y poder vencer las “asechanzas del diablo”, las tentaciones y las pruebas. Tampoco se trata de una decisión de un momento, sino de una dependencia diaria, constante y consciente, porque cuando nos sabemos débiles entonces con el poder de Dios somos fuertes (2 Corintios 12:9, 10).

 

«Señor, gracias a Tu inmenso poder soy fuerte a pesar de mi debilidad»

 

2 Corintios 12:9, 10

“… Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

Derrotados no, pero en combate (Armadura de Dios I)

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Derrotados no, pero en combate (Armadura de Dios I)

 

Efesios 6:12, 13

“Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes.”

 

Desde los primeros pasos de la historia de la humanidad el hombre se ha encontrado en conflictos. Desde el asesinato de Abel por parte de Caín, el hombre ha estado en conflicto entre sí. Cuando se llega a escuchar que la paz ha llegado a una región del planeta, en otro lado se levanta otro conflicto trayendo muerte y destrucción. Terriblemente el mismo hombre se destruye a causa de la ambición de poder y el odio.

Pero antes de esa misma lucha, el hombre se ha visto envuelto en otro conflicto, uno que no envuelve al hombre solamente, sino que va más allá del ser humano, una batalla donde el hombre ha sido el blanco a ser atacado. Satanás, en su odio y perversión a tratado de todas formas de causar daño a lo más preciado de Dios, el mismo hombre. Después de la caída del diablo y de sus ángeles perversos, éste ha tratado de causar dolor a Dios a través del daño que puede causar al hombre. Sus artimañas van desde el engaño, el robo de paz, el dolor, y la muerte misma. Utilizando al pecado ha llevado a cada ser humano a ser tentado para alejarlo de la comunión con Dios.

Esta batalla no es nueva, se ha venido dando desde el principio, y permanecerá hasta que el mismo Satanás sea enviado al infierno al final del Reino Milenial de Jesucristo (Apocalipsis 20:7-10). Mientras tanto estaremos en esta batalla.

Pablo, recordando a los hermanos en Éfeso, les dice que nuestra batalla no es “contra sangre y carne” sino contra las fuerzas de Satanás; pero no les dice que estaban derrotados o sin esperanza, al contrario, les recuerda que nosotros tenemos la capacidad de defendernos y atacar a las asechanzas del maligno utilizando “toda la armadura de Dios” para poder “resistir” y “estar firmes” (Efesios 6:12, 13). La victoria final del creyente se dará cuando estemos ante la presencia del Señor en el cielo, ahí donde el aguijón de la muerte y el poder del pecado no estarán presente para quienes hayamos recibido a Cristo (1 Corintios 15:54-57). Mientras tanto tenemos que batallar dependiendo del poder de Dios (Efesios 6:10, 11).

Recordemos que Dios es mayor que cualquiera, y Él está a nuestro lado para darnos la victoria (1 Juan 4:4). Jesucristo está como “Príncipe del ejército de Jehová” ayudándonos en la batalla (Josué 5:14). El mismo Jesucristo ya derrotó al maligno y sus demonios en la Cruz, los presentó públicamente como vencidos y los condenará al final del milenio (Colosenses 2:14, 15; Apocalipsis 20:10). Tenemos el poder del Espíritu Santo para no amedrentarnos, sino para luchar con poder y dominio propio (2 Timoteo 1:7). Y nos ha provisto de Su armadura para luchar (Efesios 6:10-20). Entonces, ¡Vayamos pues, a combatir!

«Gracias Señor por estar con nosotros en esta batalla, ayúdanos para luchar fieles hasta el fin»

 

1 Corintios 15:57, 58

“Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo. Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes…”

 

«¡A combatir! resuena la
guerrera voz del buen Jesús,
que hoy llamando está;
Sin desmayar seguidle
siempre con valor,
y la victoria plena os dará.»
(Himno: ¡A Combatir!)

¿Por qué conformarse con menos?

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¿Por qué conformarse con menos?

 

Números 32:1-2, 4-7

“Los hijos de Rubén y los hijos de Gad tenían una muy inmensa muchedumbre de ganado; y vieron la tierra de Jazer y de Galaad, y les pareció el país lugar de ganado. Vinieron, pues, los hijos de Gad y los hijos de Rubén, y hablaron a Moisés y al sacerdote Eleazar, y a los príncipes de la congregación, diciendo: […] la tierra que Jehová hirió delante de la congregación de Israel, es tierra de ganado, y tus siervos tienen ganado. Por tanto, dijeron, si hallamos gracia en tus ojos, dése esta tierra a tus siervos en heredad, y no nos hagas pasar el Jordán. Y respondió Moisés a los hijos de Gad y a los hijos de Rubén: ¿Irán vuestros hermanos a la guerra, y vosotros os quedaréis aquí? ¿Y por qué desanimáis a los hijos de Israel, para que no pasen a la tierra que les ha dado Jehová?

 

Por segunda ocasión el pueblo de Israel se encontraba a las puertas de la conquista de Canaán, la Tierra Prometida. En la primera vez, cuarenta años atrás, habían decidido enviar a un grupo de espías para que vayan a investigar la calidad de la tierra y la gente de vivía en ella. Al volver, este grupo de 12 hombres trajeron la noticia que la tierra era buena en gran manera, pero que los obstáculos que enfrentarían al conquistarla serían muy grandes, y desalentando al pueblo decidieron quedarse sin reclamarla, pensaron en volverse a Egipto (Números 13:25 – 14:10). En esa primera vez, Dios tuvo que enviar por medio de Moisés juicio ante este grupo de hombres faltos de fe y les juró que nadie la recibiría y que todos los varones mayores de 20 años morirían en el desierto, excepto Josué y Caleb (Números 14:20-32).

Cuarenta años después estaban los hijos de aquellos que murieron en el desierto frente a la Tierra Prometida. Ellos habían visto el castigo de Dios de primera mano al ver a sus progenitores morir. Todos esperarían que esto les hubiera enseñado una gran lección y aprenderían, pero no todos; los hijos de Rubén y Gad, y la media tribu de Manasés decidieron pedir a Moisés que les permita quedarse en ese lado del Jordán, a la cual ellos llamaron “tierra de ganado”, para evitar entrar a conquistar Canaán (Números 32:4, 33).

El que este grupo de israelitas decidieran quedarse al lado este del Jordán pudo traer desaliento en el pueblo que estaba con ellos, pero con astucia Moisés obligó a los varones a que vayan también a la guerra y evitar así desánimo. Pero cuando volvieron a sus tierras, su vida no fue tan buena, fueron constantemente conquistados, y al final alejados de muchas bendiciones, pues la tierra que “fluye leche y miel” estuvo siempre al otro lado.

Como creyentes ahora muchos podemos decidir vivir en una vida mediocre, alejada de las verdaderas bendiciones de Dios. En vez de querer seguir a Dios y enfrentar nuestras batallas espirituales, nos quedamos en una vida sin muchos logros y lejos de lo mejor. Quienes están a nuestro alrededor, al ver una vida a medias no se alientan a seguir a Dios, pues no ven en nosotros una vida realmente fructífera. Talvez conocemos de algunos que viven realmente una vida excitante junto al Señor lleno de victorias y bendiciones, pero no nos motivamos seriamente a vivirla nosotros mismos. Nos quedamos aparentemente contentos con menos, pero en el fondo sabemos que no estamos teniendo lo mejor.

Es hora de levantarnos, es tiempo de dejar nuestra comodidad espiritual y alcanzar lo mejor que Dios tiene para nosotros. Una vida real y plena se encuentra frente a nosotros, sólo debemos decidir dejar nuestra vida “común” e ir en pos de lo mejor. Decida desde ahora ser obediente, comprométase a leer la Biblia y obedecerla, pídale a Dios crecer en fe y madurez, involúcrese activamente en su iglesia y permita que Dios le ayude a conseguir lo mejor que Él tiene preparado para usted, va a ver que no se va arrepentir, antes bien, va a querer más y más de una vida plena y abundante. ¿Por qué conformarse con menos?

 

«Señor, día a día quiero caminar contigo y conseguir lo mejor que tienes para mí»

 

Números 14:8

“Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará…” (Josué)

Para provecho

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Para provecho.

 

1 Corintios 12:4-7, 11-12

“Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo. Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. […] Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere. Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.”

 

Una mujer que trabaja para una prestigiosa empresa y que viaja constantemente alrededor del país comentaba que un día tuvo la oportunidad de ver a su hija de 15 años de edad que había decidido invitar a 20 personas para la cena de Acción de Gracias.

Ella quedó impresionada con la capacidad de su joven hija, quien preparó la cena entera por si sola y con ingredientes frescos, y como comentó ella misma: “A mi hija solo le faltó salir a cazar al pavo.” Todo lo que había preparado había sido justo a tiempo y con una gran sonrisa.

La cena tuvo mayor significado porque parte de sus comensales fueron personas con ciertas limitaciones alimenticias. Uno de ellos requería de comida especial a causa de su dieta, otro fue alguien quien disfrutaba por primera vez una cena preparada por esta jovencita (los abuelitos), un bebé que necesitaba comida blanda, otro comensal tenía problemas de alergia a ciertos ingredientes. La jovencita hizo todo de la mejor manera y trató de complacer a tan variado grupo de clientes. «La persona correcta, en el puesto correcto, en el tiempo correcto, con las herramientas correctas enfocada a los “clientes” correctamente» comentaba la orgullosa madre.

Los dones espirituales son capacidades sobrenaturales que el Espíritu Santo otorga a cada creyente el mismo día de la salvación (v. 11). Estas capacidades especiales son dadas al creyente “para provecho” del Cuerpo de Cristo, la Iglesia (v. 7). Es voluntad del Espíritu otorgar los dones a las personas para utilizarlos específicamente en funciones únicas para cada persona dentro de la iglesia (Romanos 12:4-6). Esta lista específica de dones es sabiamente impartida en cada creyente para que cumpla dichas tareas. (Para conocer acerca de los dones puede leer Romanos 12:6-8; 1 Corintios 12:8-10, 27-31; Efesios 4:11)

Todo creyente posee por lo menos un don, y es responsabilidad de cada uno determinar cuál don posee “para provecho” de su iglesia. Los dones no son talentos, puesto que los talentos son capacidades humanamente adquiridas, los dones son un regalo de Dios para la edificación de la Iglesia.

El ejemplo de la jovencita y la cena nos ayuda a mirar lo particular y necesario que puede ser tener los ingredientes correctos para las personas correctas para el propósito correcto. Cada creyente debe identificar sus dones para que los pueda utilizar correctamente, mientras que en la iglesia se debe buscar la persona la persona correcta, en el tiempo correcto, con los dones correctos, y enfocadas en el ministerio correcto para que la iglesia puede ser edificada y todos poder ser bendecidos con las manifestaciones sobrenaturales del Espíritu Santo. ¿Ya sabe usted cuál es su don espiritual? ¡Utilicémoslos para provecho!

 

«Padre, ayúdame a identificar mis dones para que los puede utilizar correctamente en mi iglesia para bendición de ella»

 

Romanos 12:4, 5

“Porque de la manera que en un cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, así nosotros, siendo muchos, somos un cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.»

A los que en Él esperan

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A los que en Él esperan.

 

Hebreos 9:27, 28

 “Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio, así también Cristo fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos; y aparecerá por segunda vez, sin relación con el pecado, para salvar a los que le esperan.”

 

Muchos hemos tenido que esperar por algo. Unos esperan horas por tomar un vuelo, otros esperan en las filas largas de los bancos, otros están esperando el nacimiento de un bebé; todos son períodos de espera diferente en tiempo y causa.

Para los creyentes en Jesucristo la Segunda Venida del Salvador se ha venido esperando por casi 2.000 años. Desde que Jesucristo vino por primera vez a la tierra, Él mismo confirmó que vendría por segunda vez para llevarnos a dónde Él va a estar: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” (Juan 14:2, 3). Esta promesa dada por Jesucristo a Sus discípulos da confianza a quienes “le esperan”.

Ambos advenimientos del Señor difieren. La primera vez que vino Jesucristo “fue ofrecido una sola vez para llevar los pecados de muchos” (v. 28). El derramamiento de sangre era necesario para que el pecado sea perdonado (v. 22). Pero el v. 28 nos dice que fue ofrecido para llevar el pecado “de muchos”, no de todos. Jesucristo sí llegó a morir por todos en la Cruz. Juan, en su evangelio nos dice que “de tal manera amó Dios al mundo” que ofreció a Su Hijo para el perdón el pecado de todos. El ofrecimiento de perdón y salvación es presentado a todos, pero no quiere decir que cubre a todos, sino como continúa diciendo que es otorgado solamente “para que todo aquel que en él cree”, y es a quien pone su fe en Cristo que se otorga el perdón para que no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Hebreos nos dice que Jesús vino para llevar el pecado de muchos, no de todos; y Juan nos aclara que esos muchos son aquellos que realmente han creído en Jesús como Dios, Señor y Salvador. (compare Romanos 10:9, 10)

Cristo tuvo que derramar Su sangre en la Cruz para el perdón del pecado, es por ello que su primera vez estuvo en relación con el pecado, a diferencia de su Segunda Venida que será sin relación con el pecado” (v. 28). Los que hemos creído en Cristo como Salvador personal, esos “muchos”, somos los que estamos esperando Su Segunda Venida con anhelo, y es para aquellos nada más que el Señor vendrá, es ahí la diferencia en cuanto al propósito y al objeto de Su primera y segunda venida.

Si usted ya ha recibido a Jesús como Salvador personal, entonces usted está esperándolo con ansias; pero si usted no lo ha recibido, todavía tiene oportunidad de hacerlo poniendo su fe en Él como su Salvador. Todos debemos morir algún día y enfrentar juicio (v. 27), pero los que hemos puesto nuestra fe en Jesús hemos sido ya perdonados y por lo tanto librados de la condenación, y por eso que no se compartirá la misma eternidad. ¿Y usted, ya está dentro de los “muchos”?

En el himno “Alabad al gran Rey”, escrito por Fanny J. Crosby en 1875, se describe en gran forma las verdades de Sus dos venidas. La primera con Su Muerte por el pecado en la Cruz, y la segunda con Su reinado Milenial y el cumplimiento de llevarnos a Su eterna gloria.

“Inmensa la obra de
Cristo en la cruz,
Enorme la culpa se ve por su luz.
Al mundo él vino, nos iluminó,
Y por nuestras culpas
el Justo murió.
Velad, fieles todos, velad
con fervor,
Que viene muy pronto
Jesús, el Señor.
Con notas alegres
vendrá a reinar;
A su eterna gloria os ha de llevar.”

¿Y si no?

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¿Y si no?

 

Daniel 3:14-18

“Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad, Sadrac, Mesac y Abed-nego, que vosotros no honráis a mi dios, ni adoráis la estatua de oro que he levantado? Ahora, pues, ¿estáis dispuestos para que al oír el son de la bocina, de la flauta, del tamboril, del arpa, del salterio, de la zampoña y de todo instrumento de música, os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos? Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.”

 

Estos tres valientes jóvenes se enfrentan ante la muerte con una confianza en Dios que sobrepasaba cualquier expectativa. Enfrentaron la posibilidad de morir confiando en Dios, sin dudar del amor y del poder de Dios a pesar de lo que pudiera pasar con sus vidas: “He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses.” (Daniel 3:17, 18)

 

¿Cómo respondería usted si Dios le llega a decir que no? Muchos oramos por sanidad de una enfermedad terminal, otros oran por la posibilidad de concebir un niño, varios oramos por una posibilidad de un mejor futuro, y así podríamos mencionar varios ejemplos de pedidos buenos, loables. ¿Pero cómo reaccionamos si Dios dice que no? Pablo oraba por sanidad de una aflicción que lo afectaba y Dios le dijo que no, que le bastara Su gracia (2 Corintios 12:8, 9).

 

Dónde la fortaleza y la calidad de nuestra Fe se observa mejor es durante los momentos más difíciles, cuando en medio de las circunstancias y a pesar de lo esperado obtenemos una respuesta negativa del Señor.

 

A Dios le agrada la Fe activa, eso no quiere decir que el Señor obrará siempre en función de esa Fe, sino en función de Su sabiduría y soberanía. No es que nuestra Fe no tiene valor ante Dios, pues Él sí espera que aprendamos a tener tal Fe (Hebreos 11:6); pero nuestra Fe será la correcta cuando la confianza en Su Poder se unen con la confianza en Su Sabiduría, en Su Amor, y en Su Soberanía. Dios no tiene límites en poder, pero en su Sabiduría y en los propósitos de Sus Planes puede decidir no obrar en nuestro favor cuando lo crea debido.

 

Sadrac, Mesac y Abed-nego no pronunciaron una frase con poca Fe, al contrario, fue una expresión de una verdadera Fe. Ellos sabían bien que Dios tenía poder para liberarlos, pero estaba en Su voluntad decidir hacerlo. Al leer esta historia sabemos su final, pero para estos tres intrépidos de la fe nada de esto era conocido. Dios honró su Fe y los libró porque fue Su voluntad (Daniel 3:22-30).

 

Job perdió a sus 10 hijos y todos sus bienes, después de escuchar de parte de todos los mensajeros las terribles noticias él se postró en adoración y expresó: “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito” (Job 1:20, 21). Pero no fue todo, después llegó a tener una enfermedad que le afectó toda su piel, y mientras todo esto pasaba su esposa lo alentó a negar al Señor y maldecirlo, a lo que Job respondió: “¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos?” (Job 2:9, 10). Esta Fe íntegra, verdadera, realista y apropiadamente desarrollada es la que necesitamos tener.

 

«Señor, sin importar los designios de Tu voluntad quiero confiar en Ti»

 

Hebreos 11:39, 40

“Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.”